#IdearioLas imágenes de Wilson

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Hay imágenes que se instalan en las retinas de la gente de manera imborrable y perduran en el tiempo, generación tras generación. Son intemporales, son semillas que se plantan y que con el pasar de los soles comienzan a generar raíces profundas de un tronco ancho y frondoso que ninguna tempestad es capaz de voltear.

Los hombres que son capaces de generar esas imágenes son hombres muy selectos, que hicieron grandes cosas y con el paso del tiempo inexorablemente son reconocidos por todos.

Wilson Ferreira Aldunate pertenece a esa especie.

En materia política ha sido parte sustancial de la historia del siglo XX. En mi concepto, junto a Don José Batlle y Ordóñez y el General Líber Seregni son las tres figuras que dejaron esas imágenes imborrables, esas improntas personales únicas, que trascendieron y trascenderán a sus propias divisas. Cuanto más lejos en el tiempo, más los rescata la historia como patrimonio de todos los uruguayos y menos se identifican con sus colores partidarios a los que siempre defendieron con honor y vehemencia.

Recordar esa imagen de Wilson levantando los brazos en alto en el Puerto de Montevideo cuando era arrestado por la dictadura militar a su regreso del exilio al país desde Buenos Aires, es sencillamente imborrable.

Esa imagen pícara pero a su vez desafiante. Esa imagen que en sus ojos alumbraba la luz de la esperanza. Esa imagen que reflejaba su sonrisa y nos hacía repicar en cada una de nuestras almas el “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”. ¿Quién puede borrar esas imágenes?

¿Quién acaso puede olvidar aquella última intervención parlamentaria -el día de la disolución de las Cámaras- marcando una postura de oposición frontal al régimen desde el primer día? Aquel puño golpeando la mesa…aquella vehemencia racional.

Las imágenes tienen esa gran virtud. Dicen cosas con solo verlas y nos hacen sentir cosas al observarlas.

Ellas nos muestran que Wilson Ferreira Aldunate fue siempre un empedernido defensor de la democracia y estuvo siempre en la vereda de enfrente de cualquier régimen dictatorial.

Fue militante por la causa de la República española como fueron todos los auténticos demócratas y fue opositor al golpe de Terra siendo apenas un adolescente; fue alistado como voluntario con los aliados para luchar contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial y ante el llamado “golpe blando” de Alfredo Baldomir tampoco estuvo entre esas huestes.

Siempre estuvo del lado correcto.

Fue feroz enemigo de la dictadura militar. Sus denuncias ante el Congreso de los EEUU, que culminaron en el corte de las partidas que se enviaban al país, su coordinación permanente con todas las fuerzas que hacían un frente ante el golpe militar desde todas las tiendas y sin mirar fronteras ideológicas le hizo ganar el odio de las castas militares, que lo tuvieron sentenciado y con el mote de sedicioso durante todo el período de oscuridad.

¿Cómo podemos dejar de imaginar ese fatídico 20 de mayo de 1976? ¿Cómo podemos dejar de estremecernos al pensar en ese Hotel Liberty situado en Florida y Corrientes -pleno centro de Buenos Aires- donde Wilson Ferreira Aldunate escapó de la muerte milagrosamente, llegando a cruzarse con sus potenciales captores?

Habitar la Argentina del General Rafael Videla era un acto de heroísmo en ese entonces. Era Videla aquel reo que decía “en Argentina tendrá que morir la gente que sea necesaria para que se retome la paz” u otros personajes como el General Saint-Jean gobernador de la Provincia de Buenos Aires que manifestaba “primero mataremos a los subversivos, después a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, después a los que permanezcan indiferentes”.

En ese país, en ese momento, en ese clima de terror Wilson Ferreira Aldunate, Zelmar Michelini, el Toba Gutiérrez, y tantos otros que ya estaban en el exilio, pretendían paulatinamente hacer retornar el Estado de Derecho. Por eso los mataron, por eso los rufianes no pudieron terminar su faena al no poder terminar con Wilson que pudo escapar de ese infierno.

¿Cómo no recordar las imágenes de Wilson como ministro de Ganadería y Agricultura? Reelecto como diputado en las elecciones de 1962 ante un segundo triunfo del Partido Nacional se entrega de lleno al efectivo funcionamiento de la CIDE (Comisión de Inversiones y de Desarrollo Económico) para realizar uno de los trabajos más impactantes de Reforma de las Estructuras Agropecuarias del país, con un cúmulo de información y de transformaciones que hoy en día siguen siendo insumos invalorables del país.

Solo recordar que el índice Coneat que mide el rendimiento de las tierras surgió en esa época. Se crean las Cuentas Nacionales, se crea el Banco Central y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Un aporte a la institucionalidad del país -hoy vigente- que el paso del tiempo solo nos hace revalorizar y de la que Ferreira Aldunate marcó su presencia. Hombres brillantes como Enrique Iglesias y Danilo Astori (en ese momento un joven estudiante) lo acompañaron incansablemente en esa tarea.

Hay otras imágenes que tampoco se borran de nuestra cultura nacional. El Wilson interpelante, la imagen del hombre implacable que con argumentaciones, documentación fehaciente y un discurso aplastante y caían los ministros como en un juego de bolos.

Así cayeron los ministros; el de Trabajo y Seguridad Social Guzmán Acosta y Lara, el del Interior Pedro Cersósimo o el ministro de Economía César Charlone y sus actuaciones con el Banco Mercantil cuando ya aparecían los Peirano Facio como grandes protagonistas.

Las imágenes a veces son relatos. Los relatos a veces son sabiduría popular. Son el intercambio en las cantinas de los boliches -de aquellos y los que aún sobreviven- en donde se dicen las cosas que el relato oficial nos silencia.

Esos relatos de fraude electoral del año 1971 y que Wilson debió ser presidente todavía siguen golpeando en las mesas de las familias de los uruguayos. Un relato inverosímil para unos, un relato con asidero para otros, no lo sabemos.

Pero lo que sí sabemos es que pudo haber nacido un Uruguay distinto. Lo que sí podemos imaginar que un Wilson Ferreira Aldunate Presidente en esos años tumultuosos tenía la posibilidad de cambiar la aguja del destino de esos años. O al menos pudo intentarlo.

Todos tenemos derecho a elegir el Wilson que destacar. Seguramente el que yo destaco o el Wilson que yo elijo no es el que elegirían otros. Es la ventaja que tiene pasar a ser de todos.

El Wilson del que elijo apoderarme también me demuestra que aún tengo enseñanzas que aprender. O mejor dicho, el paso del tiempo me indica que aún tengo cosas para rescatar.

La imagen de la gobernabilidad es una imagen de fragmentación, que nos genera sensaciones y sabores diferentes. Mirado con la lupa de hoy, en un país dividido en dos partes, donde hay importantes probabilidades que quien gane no tenga mayorías parlamentarias; cuando hay temas vitales pendientes en el país -educación, seguridad social, seguridad- y donde está probado que ninguna de las dos mitades -por sí sola- es capaz de realizar las transformaciones profundas y con una mirada de largo plazo que el país necesita; el diálogo y sobre todo la construcción de los grandes temas nacionales tienen también en Wilson Ferreira Aldunate un referente de fuste.

Esa gobernabilidad que no se erige contra nadie, ese diálogo que es entre todos, esa búsqueda incansable de evitar las polarizaciones que tanto mal le han hecho al país.

Solo el tiempo y las circunstancias nos hacen valorar mejor hoy -con el diario del lunes- estos aspectos.

Es lo que tiene el tiempo, va poniendo las cosas en su lugar y va revalorizando ciertas cuestiones que en el fragor de la lucha no somos capaces de avizorar en su justa dimensión.

Es lo que tiene la imaginación. Matriza cosas a veces impensadas, pero que aparecen como luces fulgurantes en los momentos más remotos.

Es lo que tienen los grandes hombres, aparecen en nuestros pensamientos en las horas más necesarias.

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