#OpiniónLa vuelta de la motosierra

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Lacalle Pou, que no se caracteriza por realizar propuestas o cuando las realiza resultan en propuestas muy genéricas que suelen estar vacías de contenido, ahora -por fin- parece que opinó y dijo «cosas».

Dijo que va a haber «una dieta del Estado y del gobierno», que «ella será bien grande», que se necesita un «shock de austeridad porque el ajuste gradual no sirve». Y por último dijo que para lograr tales objetivos no iba a «renovar vacantes en el Estado y/o reducir la flota de vehículos».

Bajemos a tierra dichas afirmaciones. Si el precandidato se propusiera reducir el déficit fiscal un 2% del PBI estaríamos hablando más o menos de bajar una cifra de 1.200 millones de dólares de un saque. Se trataría de un verdadero «shock», casi un tsunami. No sé si es verdad que el Frente Amplio fue a Tristán Narvaja y compró varias jaulas de cucos, si se instaló en Howgarts, si ha invocado a Lord Voldemort o a los dementores.

Pero que me corre un chuchito bien importante por la piel ante tales anuncios…me corre.

Pretender bajar 1.200 millones de dólares suspendiendo el café en las oficinas o eliminando algún chofer en el Estado parece un discurso armado para algún desprevenido.

Vayamos analizando con más seriedad el planteo realizado por el precandidato nacionalista.

El «gasto» de personal en el Estado es más o menos un 30% del presupuesto. Es una cifra muy importante y actuar sobre ella requiere de varias condicionantes.

El planteo realizado es reducir la cantidad de funcionarios públicos eliminando vacantes al barrer con el objetivo de disminuir el presupuesto. Un planteo de este estilo se encuentra alineado al discurso del colectivo «Un Solo Uruguay» que parte de la base que hay una clase parásita que atender (los funcionarios públicos) y otra clase ilustrada y trabajadora que es esquilmada (ellos, algunas clases del sector productivo). Un planteo dicotómico que no atiende ni entiende la realidad del país.

El planteo es hacer más productivo y más eficiente las actividades del Estado, profesionalizarlo, crear instituciones más fuertes que fijen las reglas de juego de la sociedad para que esta se desarrolle, introducir tecnología que mejore y perfeccione la gestión. Luego sobre esas bases analizar en qué lugares podemos reducir funcionarios, en cuáles se necesita reforzar y dónde es necesario cambiar el perfil o la capacitación de ellos. También analizar qué oficinas o dependencias están obsoletas a la luz de las nuevas realidades y cuáles deben redimensionarse o inclusive crearse para atender las demandas del nuevo mundo.

El análisis tiene que basarse en un criterio de austeridad pero en ningún caso esta política hacia los funcionarios públicos o hacia el Estado se hace mediante «un shock» y ni remotamente puede llegar a cifras mínimamente cercanas a 1.200 millones de dólares.

Despedir funcionarios públicos -por ejemplo- no es posible mediante una política de shock ya que las normas constitucionales prevén mecanismos de garantía del debido proceso y una justificación razonable de hechos que tienen tiempos y espacios que exceden los deseos del inexperto líder nacionalista.

Por el contrario, el planteo debe ser con un plan de corto, mediano y largo plazo que tenga los consensos más amplios posibles del espectro político y de la sociedad para ir haciendo el Estado cada vez más eficiente, esto es hacer más con menos costos observados en su totalidad.

Lo que plantea Lacalle Pou ya fue realizado en la época de los 90. El resultado fue un Estado débil, ineficaz y un Uruguay que creció en inequidad y sin perspectiva de desarrollo.

El «gasto social» o el «gasto socialista» como le gusta llamar a Bolsonaro significa una proporción significativa del total de los gastos del Estado. Más o menos estamos hablando del 69% del presupuesto nacional.

Salud, educación, seguridad social, seguridad pública, vivienda, planes sociales. Si hablamos de racionalizar este gasto, hacerlo más eficiente, estamos totalmente de acuerdo aunque en la práctica eso no significa necesariamente gastar menos sino con lo mismo que se gasta hacer más.

El gasto social no ha sido prioridad en los gobiernos anteriores de los partidos tradicionales, es un dato de la realidad. A su vez la sintonía con que la oposición uruguaya y particularmente el Partido Nacional tiene con gobiernos de signo contrario a la izquierda en la región donde en general se han recortado los gastos de esta naturaleza, hacen pensar en forma razonable qué se piensa en este camino.

Cuando recordamos al padre del actual candidato nacionalista con su famosa frase «vamos a entrar con una motosierra» en las elecciones del 2009, es natural que se levante alguna suspicacia y que miremos debajo de la cama antes de dormir por si aparece algún cuco.

Hay otras áreas del Estado como los gastos en defensa nacional que son un 2,5% del presupuesto o los gastos de administración de la Justicia que son un 1,5% del mismo, que suponemos serán aumentados sustantivamente si hay coherencia con el discurso que ha realizado la oposición en todos estos años. Estos aumentos quitan margen para la reducción del déficit y asienta más la idea del recorte social.

Los gastos de Inversión son el 6% del presupuesto. La famosa obra pública que revitaliza gran parte de la economía nacional se supone que en este esquema puede ser seriamente recortada.

Si realmente Lacalle Pou habla en serio proponiendo un «shock» en el gasto -si descartamos que pueda realizarse a través de la reducción de funcionarios públicos- evidentemente el recorte planteado de la magnitud de las cifras que se manejan tiene que venir por el lado del gasto social o la inversión pública.

Creo que los uruguayos nos merecemos un nivel de detalle y aclaración mayor de que es lo que van a hacer si les toca gobernar.

La ciudadanía merece propuestas claras para luego elegir.

Ya una vez le dijo que no a la motosierra. Pero el hombre es la única especie que tropieza dos veces con la misma piedra.

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2 Comentarios
  1. Eddy19 dice
    Muy buen análisis, pero hay algo que no cuentas; es verdad que reduciendo gastos en salarios públicos no se realizaría el recorte que propone, pero decir que es una propuesta de un solo uruguay, y que son los únicos «perjudicados» por los funcionarios públicos es querer inducir una opinión, todos los uruguayos somos perjudicados por los salarios públicos, quizá tu en tu altura y nivel no tenes idea, pero en el sector privado existen los mismos cargos que en los sectores públicos, y muchos trabajadores del sector privado reciben un salario muy inferior y beneficios muchos menores que los públicos; eso si, los impuestos se los cobran religiosamente, y si hablamos de oportunidades «muchos privados» que hacen el trabajo mejor que muchos públicos, a veces no pueden concursar por uno de esos cargos por no cumplir ciertos requisitos (aunque seamos todos uruguayos iguales ante la ley?); y también existen trampas al solitario, como el aumento que recibieron este año los públicos (casi un 8%) cuando debió considerarse un sector en problemas y brindarles un aumento inferior, siendo que los privados la gran mayoría recibieron menos de ese aumento, pero si deben sostener el aparato estatal…..esos detalles falta agregar en este análisis; ademas de preguntarse, si la tecnología ha avanzado tanto (muy diferente a la de los 90, además de mas accesible) porque debemos tener mayor número de funcionarios públicos, cuando un PC (con una persona operandolo) hace el trabajo de 3.
  2. Ramon Vilaro dice
    Eso de reducir empleados publicos es mentira,es para meter gente de ellos ya lo han hecho en las Intendencias no van a cambiar ahora

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