#OpiniónLa transformación de la conciencia

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En el desarrollo del calendario de reuniones con los Plenarios Departamentales y los regionales del interior del país, naturalmente, van surgiendo las diferentes reivindicaciones de los diferentes sindicatos y/o federaciones.

La defensa del trabajo, la necesidad de superar el incumplimiento grosero de algunas patronales de los derechos más elementales de los trabajadores (como CMC de Pan de azúcar por ejemplo), la defensa de la negociación colectiva, atacada por la dirección de la CIU y la CNCS; la seguridad social o directamente la defensa de la organización sindical, cuando las patronales -seguramente influenciadas por el entorno regional adverso a la justicia social- se comportan ensoberbecidas y triunfalistas atacando a la organización de nuestra clase. En definitiva las reivindicaciones de los trabajadores. Está claro que un aspecto central de la acción sindical es avanzar hacia las conquistas que permitan mejorar la vida de los trabajadores y las trabajadoras.

Pero este propósito legítimo, sin lugar a dudas, no es lo único que persigue el movimiento sindical Uruguayo. La construcción ardua y permanente -tan permanente que se desarrolla día a día- de la unidad del movimiento sindical, también ha permitido que los trabajadores aprehendan, la necesidad de no luchar solamente por los aspectos reivindicativos.

El movimiento sindical uruguayo se ha caracterizado por luchar por elementos de un programa, concebido para la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de las grandes mayorías nacionales. Desde su fundación la CNT hizo suyo el programa del Congreso del Pueblo y más recientemente la consigna de luchar por «Un Uruguay Productivo, con Justicia Social y profundización democrática » intenta no solamente sintetizar las tareas inmediatas con las históricas de nuestra clase, abrir un tránsito de superación de la dependencia y colocar las aspiraciones de las grandes mayorías.

Pero aún «there are more things» (hay más cosas). Hay un tercer propósito y yo creo que es en realidad el más importante. La organización, el mundo de la vida colectiva de los trabajadores y trabajadoras, y principalmente su lucha, requiere un esfuerzo sistemático, consciente y planificado para la formación de la clase trabajadora.

En efecto, una clase que produce toda la riqueza de una sociedad cuyo objetivo central es la acumulación de capital, desarrolla su acción en determinadas condiciones. Está sometida a la explotación, a la enajenación y a un tipo de lógica instrumental que construye al ser humano en una unilateralidad espantosa, en definitiva, «lo cosifica» como herramienta de valorización del capital.

Luchar en este marco, requiere un movimiento sindical –y mucho más si se considera clasista, democrático y de masas- que procure sistemáticamente la síntesis de las experiencias de lucha de los trabajadores. Debe tener como uno de sus objetivos centrales la transformación de la consciencia. Aquello que K. Marx llamaba el tránsito de «la clase en sí, a la clase para sí».

Este proceso no debe concebirse de modo maniqueo. Ni un movimiento sindical polea de transmisión mecánica de decisiones adoptadas en otras esferas, por ejemplo las partidarias, ni un movimiento sindical que haga culto del apoliticismo superficial.

La acción sindical es en realidad escuela de consciencia de clase. No solamente porque un conflicto reivindicativo sin una síntesis positiva en el plano de la unidad, la consciencia, el espíritu solidario y la organización de los trabajadores, presenta una realidad proclive a que el capital pueda sacarle de las manos a los trabajadores cada conquista. Sino porque en el fondo la lucha que vale la pena, es aquella que organiza los pasos hacia una sociedad más justa, más solidaria y más humana, que sabemos tiene un sin número de dificultades y/o condiciones para irse forjando, pero que no existirá (condición necesaria) sin trabajadores conscientes, unidos, organizados y en lucha.

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