#Opinión«La sordera»

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Hacía tiempo que no hablaba. No por falta de palabras si no por la necesidad de silencios.

Opté por escuchar otros sonidos de la vida.

Por ejemplo el latir de los corazones y para empezar el propio.

La voz de mi hija aún cuando no me reclama; es que si me hace falta siempre me busco un pretexto, la manera de oírla aún en la distancia…

El silencio me ayuda a valorar los detalles de la existencia…el ladrido de mi perro al amanecer cuando lo verde se inunda de pájaros después de estos furibundos días de tormenta.

Es que me propuse no dejar escapar las cosas sutiles; la belleza disimulada en la naturaleza; los rayos tibios del invierno en la mañana o los colores del atardecer así se traten de un gris metálico o del viento frío del mar en el rostro; de una bella sonrisa femenina; de los amigos… pocos como signo de virtud; de mis queridos camaradas; de mis entrañables compañeros… también pocos ya que integran la minoría de la historia y de mis seres queridos que también incluyen a los que habitan sólo en la memoria.

A veces y sólo a veces atiendo al rumor de la radio a la que le aplico un riguroso derecho de admisión que a decir verdad podrían ser declaradas en quiebra si por mí consumo dependiera.

Busco en la poesía la palabra de los hombres para que sus versos recorran las regiones del espíritu que se vean aciagas.

Atiendo a la letanía como se me presenta la voz de Neruda cuando me recuerda que «para nacer he nacido» o el portentoso fuego que surge de las entrañas del «rojo» gaditano Alberti andando entre pueblo, caballos y ángeles y me reconozco también con Machado con aquello de «que se canta lo que se pierde» interpretando en mi subjetividad que el cantar por sí mismo salva, pues que yo sepa nadie se muere por cantar, mas todo lo contrario.

Por estos días anduve buscado un compendio, una especie de código que versara sobre lo ético con un inventario de mandamientos universales; un decálogo de preceptos; una declaración de principios que pudiera ser una suerte de manifiesto humano sobre lo ético y que sea lo suficientemente plural para que nos comprenda a todos.

Empecinadamente lo busqué… juro que lo hice con mi mayor esmero y con mi máximo esfuerzo… pero no lo hallé.

No logré ubicar un texto que se identifique con ese vocablo de seis letras donde se reúnan los signos, reglas o normas que tengan que ver con la ética humana y consideré que hasta pudo no haberse escrito nunca y que a lo sumo, que no es poco, como la primera Biblia se trate quizá de uno de esos textos que aún no lo son. Que más bien son historias, meditaciones o leyendas que perviven, perseveran y subsisten en la mente humana y cuya fuerza coercitiva parece diluirse con el paso del tiempo cuando se mueren sus valientes protagonistas, que son una minoría vuelvo a repetir, de mujeres y hombres que se niegan a descolgar las banderas de los balcones de sus almas.

Quizá me haya propuesto buscar un texto que fue incluso desconocido en las más importantes bibliotecas que el hombre puso en pie como Alejandría, Pérgamo o Constantinopla o tal vez y es lo más probable, que todo esto se haya tratado de un sueño o de una ilusión donde uno entabla una especie de diálogo imposible con seres que habitan lo onírico, lo alucinado e irreal.

Hoy quise hablar escribiendo, no se si a modo de denuncia porque no existe juzgado competente que admita un trámite o una acción de habeas ethicam y de haberlo encontrado no hallo confianza en un judex justo y capacitado; también pensé en salir a proclamar como los bandos de Tierno Galván: ¡que se mueran los hipócritas! pues sin ellos la hipocresía no tiene razón de existencia. También pensé por si no fuera suficiente en denunciar a los cínicos y mentirosos que en reiteración real inundan de ruido los mercados, las plazas y las calles con discursos perjudiciales que al decir de Sandro Pertini «antes de la comida estropean el apetito y después de ella indigestan».

Creo que no se necesita ser muy suspicaz para saber a que razón se debe mi cuento ¿o sí?

Soy lo suficientemente respetuoso de la inteligencia ciudadana.

Es que pretendo seguir luchando por las ideas a la que dediqué toda mi vida sin pretensiones ni intereses íntimos o personales y a fuerza de ser sincero les expreso que lo hago con un enorme esfuerzo y carácter y que intento trasmitirles esperanzas a los que pueden haberlas perdido y a los que las tienen aún les pido, por favor que me ayuden a sostener la mía.

Estoy aburrido de mirar en la historia, pero no la lejana, la de acá nomás, la de ayer, la de este preciso instante y volver a gritar con todo mi ser ¡No nos moverán! ¡No pasaran! ¡No nos vencerán!

Y sin embargo nos movieron… pasaron… y también nos vencieron.

¡La re mismísima madre que los parió!

Fue ayer en Madrid, un poco más acá en Montevideo, y no hace tanto en Moscú… y lo peor, lo más inaudito, lo inconcebible de todo esto es que fue por nuestra absoluta responsabilidad! por nuestra más categórica incapacidad de no escuchar:

¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo! y nuestra tapia sordera hecha de años de soberbia no escucho nada…

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1 comentario
  1. José Antonio dice
    Encantador y sutil, demasiado sutil. No creo que les llegue a los que vociferan en las redes sociales, a los opositores que mienten e insultan, a la prensa escandalosa de la derecha o a los «manifestantes» irrespetuosos que hacen escraches frente a la casa del Presidente elegido democráticamente. De cualquier manera me gustó por su buena intención.

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