Desde su prohibición a inicios del sigo XX, el cannabis ha pasado de ser una planta demoníaca a ser una alternativa prometedora para la mejora de la calidad de vida del ser humanoLa regulación del cannabis: un camino cada vez más transitado

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La especie vegetal Cannabis sativa, también denominada «cáñamo» o «marihuana», es una planta originaria de la cadena montañosa asiática del Himalaya que los seres humanos han cultivado desde la prehistoria. Aunque hace un siglo que esta planta tiene mala fama por sus efectos psicotrópicos, la verdad es que durante miles de años la humanidad la ha utilizado no sólo como medio de trascendencia espiritual, sino también como una importante fuente de alimento, medicamentos y fibras textiles. Los productos derivados de esta planta habiendo sido comercializados a lo largo de la historia para fabricar cuerdas, vestimenta, papel, combustibles, y materiales de construcción, es curioso como su uso como droga psicoactiva llegó a nublar todo su potencial. Es más, el cannabis fue introducido originariamente en América por los colonos españoles con el objetivo de utilizar la planta en la industria textil.

Aunque el principal promotor de su prohibición a comienzos del siglo XX fue Estados Unidos, la mayoría de las impresiones que se realizaban hasta el momento eran de papel de cáñamo: libros de texto, mapas, biblias, lienzos, y hasta la propia constitución norteamericana se producían a partir de esta materia prima. ¡Más del 80% de la ropa era producida a partir de esta especie vegetal! Pero a partir de los primeros años del siglo XX se desencadenó una cascada de prohibiciones concerniendo a esta planta que imponía severas penas a quienes se vieran involucrados con la misma. Es importante destacar que esta cruzada demonizante del cannabis en principio por sus «perversas propiedades psicotrópicas» escondía atrás los intereses de grandes empresarios entre los cuales resuenan los nombres de Pierre Du Pont y William Hearst. Las múltiples aplicaciones del cáñamo amenazaban a las más grandes industrias de los hidrocarburos, del algodón, del nylon, a las tabacaleras y a las papeleras.

 

Para esparcir por toda la población un miedo profundo hacia esta planta, el gobierno hizo uso de los medios de comunicación para exagerar hasta el absurdo los efectos psicodélicos que podían derivarse de su consumo. Las principales víctimas de sus hojas y flores serían (¿cómo no?) los indefensos jóvenes. La propia denominación «marihuana» (término proveniente del náhuatl) fue promovida en esta época de represión del consumo de cannabis como una forma de asociar la planta al mundo hispano parlante y así ayudar a jalar en los estadounidenses los gatillos primitivos de la discriminación xenofóbica. La estrategia funcionó de maravilla y la imagen perversa del cannabis se expandió como la pólvora tanto en occidente como en oriente, cortando en seco todos los beneficios de sus usos industriales no psicoactivos. Sin embargo, luego de más de un siglo la niebla de terror alrededor de esta planta comienza a disiparse, principalmente a raíz de los numerosos descubrimientos que la ciencia ha ido logrando respecto a sus propiedades medicinales. Hoy en día ya once estados de Estados Unidos, junto con Canadá y Uruguay, permiten el uso recreativo del cannabis, mientras que su uso medicinal está permitido en muchos más países como Australia, Irlanda, y Alemania.

Hoy el 11% de la población de España (unos 4 millones de personas) ha consumido cannabis en el último año según la última encuesta sobre el uso de drogas del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Según dijo a El País de Madrid Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, “es un tema que, como todo lo asociado a algo ilegal, está rodeado de mucho oscurantismo, mucha información en internet en la que se mezclan mitos con cosas ciertas y mucho boca a boca poco fundado”. Guzmán acaba de publicar  «Usos medicinales del cannabis», un libro firmado por varios expertos y que coordina junto a José Antonio Ramos Atance, también catedrático de la Complutense y uno de los principales especialistas españoles en el cannabis y sus efectos. “Con el libro queríamos dar a conocer a la población general y sobre todo a la susceptible de ser medicada con cannabis qué sabemos sobre el cannabis, qué posibilidades terapéuticas reales tienen o pueden tener, cuáles son sus riesgos y qué pautas se deben seguir para reducirlos”, explicó el catedrático.

En el libro publicado por los investigadores españoles se admite que la mayoría de los estudios que se han realizado a partir de la planta del cannabis buscando usos medicinales se han realizado en otros animales y no en el ser humano, por lo que consideran que aún faltan más resultados clínicos al respecto de sus propiedades. Aun así, Guzmán cree que la evidencia apunta a que los pacientes que hacen uso de cannabinoides (el compuesto de mayor uso medicinal es el CBD) como forma de tratamiento siempre mejoran su calidad de vida ya que se sienten mejor. «Todos los estudios que se han hecho con cannabinoides, de mayor o menor envergadura, donde mejor puntúan siempre es en calidad general de vida» apuntó Guzmán. «Los pacientes se sienten mejor. Después, en escalas objetivas de progresión de la enfermedad no hay grandes cambios. Pero el paciente se siente mejor en muchos casos y eso nos parece suficiente para valorar los beneficios aunque no haya pasado por unos ensayos clínicos ortodoxos.» Es difícil determinar qué efectos positivos vistos en el paciente se deben al entorno y cuáles al consumo de cannabinoides, pero es indudable que una suma de efectos ansiolíticos, analgésicos y de estímulo del apetito hacen de esta planta un cóctel de beneficios que permite prescindir de toda una bomba de medicamentos varios. «Si el cannabis puede sustituir la carga de opioides para el dolor, de benzodiacepinas para la ansiedad o la cortisona para la inflamación, además de una alternativa terapéutica aportamos una posibilidad de reducir la cantidad de medicación que se toma», opinó el especialista.

Aunque Manuel Guzmán está a favor de la regulación del comercio de cannabis tanto medicinal como recreativo, él considera que la regulación medicinal es más fácil  y necesaria, por lo que debería de ser una prioridad sobre la segunda. «Yo soy favorable a las dos regulaciones, pero el primero debería ser una prioridad. No nos deberíamos olvidar del recreativo, pero el marco legal es más complejo y tiene unas connotaciones de acceso a una mayor parte de la población y más probabilidades de que una pequeña parte de la población lo utilice con menos cabeza», afirmó Guzmán.  «En España está despenalizado el uso de cantidades individuales de sustancias en un entorno privado, pero eso es absolutamente hipócrita porque ¿de dónde has sacado la sustancia?», agregó. El catedrático también halló hipócrita la forma en que la sociedad legitima como «medicamentos» lo que está recetado por un médico y pasa por las redes de las farmacéuticas, y prohíbe como «drogas» todo lo que se consume independientemente del sistema de la medicina, incluso cuando en ambos casos se trate de la misma sustancia. «Las fronteras entre droga y fármaco muchas veces no quedan claras. La misma sustancia se puede utilizar como droga o como fármaco. Un valium o un lexatin, si lo tomas con receta, te estás medicando, pero si lo tomas sin receta, porque se los pides a alguien que los tiene, te estás drogando. El THC se puede utilizar como fármaco o como droga. En España el cannabis se considera una droga y el Sativex, que contiene THC, se considera medicación», argumentó Guzmán.

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