#OpiniónLa refractaria actitud del patriciado

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La decisión de los empresarios agropecuarios de retirarse del Consejo de Salarios del sector constituye un inequívoco testimonio de intransigencia patronal, que es apenas la punta del iceberg de la ofensiva oligárquica destinada a hacer fracasar la más importante ronda de negociación colectiva de la historia.

Por cierto, la refractaria actitud de estos patricios es consecuente con la postura de los capitalistas de desafiar abiertamente los lineamientos del gobierno, pese a que estos contemplan las dificultades de algunos sectores del aparato productivo en dificultades y el visible deterioro del mercado de trabajo.

Obviamente, nadie ignora la desaparición de más de 40.000 empleos en los últimos tres años, motivados, según los voceros empresariales, por la constante pérdida de competitividad.

En el contexto del terrorismo verbal que han instalado los empleadores en la opinión pública con el apoyo de los medios obsecuentes, existiría una insólita dicotomía entre salario y empleo.

Por supuesto, se trata de una burda falacia de quienes se ha enriquecido y apropiado de la mayor porción de la renta, producida por la clase trabajadora durante catorce años ininterrumpidos de crecimiento económico.

Aunque es notorio que la economía se ha desacelerado y que el Producto Interno Bruto aumenta en el presente a tasas bastante más moderadas que las del pasado, la concentración de la riqueza en nuestro país sigue siendo obscena.

Lo realmente indigerible es que la clase dominante que ostenta la propiedad de los medios de producción siga llorando miserias y no redistribuya, acorde con elementales principios de equidad.

En ese contexto, como ha sido recurrente, se siguen privatizando las ganancias y socializando las pérdidas, acorde con los pautas de un modelo de mercado que ha provocado las peores crisis de la historia a nivel regional y global.

Mientras los precandidatos de la derecha siguen anunciado demagógicamente exoneraciones impositivas a la actividad productiva en caso de ganar las elecciones de 2019, estos engolados señores conspiran soterradamente en el marco de los Consejos de Salarios, con el propósito de congelar las remuneraciones de los trabajadores y no aumentar sus costos de producción.

En tal sentido, la actitud de los empresarios agropecuarios es consecuente con la historia reciente. No en vano, desde la inauguración de los Consejos de Salarios en el agro hace ya diez años, se han negado reiteradamente a negociar y acordar con sus trabajadores, violando abiertamente la normativa vigente en la materia.

Partiendo de la cuestionable tesis que los sueldos de los trabajadores rurales constituyen un costo, estos patricios siguen exprimiendo sistemáticamente a los peones y capataces, que, para ellos, son mera fuerza de trabajo.

Para ilustrar al lector, basta mencionar las irrisorias retribuciones que perciben los abnegados trabajadores, en el sector tal vez más concentrador y menos redistribuidor de la producción nacional.

Si bien las remuneraciones varían ligeramente según el rubro, los sueldos mensuales oscilan, en todos los casos, entre poco más de 17.000 pesos mensuales y los 23.000 pesos, en el caso de un capataz de estancia o establecimiento rural, y poco más de 24.000 pesos en el de un administrador, con toda la responsabilidad que supone desempeñar esas funciones en la cadena productiva.

¿Podrían estos engolados señores feudales mantener su nivel de vida, su status social de privilegio, sus camionetas 4X4 de alta gama y sus vacaciones en El Caribe, Miami o en Europa con los estipendios de hambre que pagan a sus empleados?

Con esta irracional postura, los capitalistas que se sostienen en el bloque conservador, sólo alimentan la centenaria lucha de clases, que no es un mero concepto reservado a revolucionarios trasnochados, sino la residual consecuencia de la aun recurrente dicotomía entre capital y trabajo en pleno siglo XXI.

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