#OpiniónLa Reforma de Córdoba: el debate entre meritocracia y endogamia como base de la calidad en educación superior

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La meritocracia en la selección de los cuadros académicos se constituyó en una de las banderas principales de la Reforma de Córdoba de 1918, que luchó contra las cátedras vitalicias y un sistema de selección donde se designaban las plazas por encima de la existencia de competencias superiores de los candidatos, sino donde primaba el amiguismo, el caudillismo, los gobernantes de turnoy la política, o un sinfín de intereses particulares. La Reforma de Córdoba, al proponer la selección profesoral -y de las autoridades- en función de los méritos, planteaba una fuerte crítica a la vieja universidad elitista de los doctores, reclamando un sistema abierto a la competencia, la libertad y por ende basado en la meritocracia para alcanzar la calidad. Para ese fin de la calidad es que se reclamaba y requería autonomía y cogestión.

El Manifiesto Liminar de los estudiantes reformistas de Córdoba, planteaba que “las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”. Incluso, el Manifiesto expresa que “cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza”.

La Reforma de Córdoba rechazaba una lógica de la selección docente “anacrónica (…) fundada sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere”. La juventud de Córdoba en 1918 como se expresa textualmente en su Manifiesto, “se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas.

No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de “hoy para ti, mañana para mí”, corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas.”

Esta visión crítica el corporativismo y promotora de la meritocracia, requería la conformación de una normativa expresada en reglamentos de concursos y de ascensos y su garantía a través de un sistema de autonomía y de cogestión, como ejes para superar esas prácticas anteriores y para construir una dinámica de calidad sin cortapisas. La Reforma de Córdoba de 1918, lentamente arrasó con las Universidades de los Doctores en toda América Latina al irse produciendo reformas en los estatutos y leyes universitarias que permitieron consagrar la autonomía universitaria, el cogobierno (que estableció la participación de los estudiantes en la gestión de las universidades como mecanismo para controlar y limitar los manejos políticos), la renovación periódica de las cátedras y el acceso a la enseñanza a través de concursos de méritos y de oposición.

La cogestión era vista como instrumento para poder garantizar un sistema de selección de los profesores transparentes, objetivos, pertinentes, independientes de intereses y grupos de poder y que se afincaran exclusivamente en los méritos. Gracias a ello el establecimiento de sistemas de nombramiento y de ascensos por concursos de oposición y méritos se constituyó en el componente fundamental de esta primera reforma universitaria en América Latina.

Volver a las banderas de la meritocracia y la calidad

Cónsono con esos principios, la Ley Orgánica de la Universidad de la República (N° 12.549 de 1958), estableció claramente (art. 49) que el ingreso a la Universidad, en todas las categorías de funcionarios, se hará ordinariamente mediante concurso, en sus distintas modalidades, y que (art. 52) las designaciones serán a término, al establecer que el personal docente será designado por períodos no mayores de cinco años.

Estos principios sin embargo se han ido lentamente deformando ante el embate de la lógica corporativista y endogámica que se ha ido desarrollando al calor de la dinámica política y que se ha sustentado en una dinámica apoyada en los mecanismos de autonomía y cogobierno, y ha introducido la resistencia a la competencia y la pertinencia de la enseñanza que ha ido deteriorando la calidad.

En la UDELAR, la aprobación del Estatuto del Personal Docente de 1968, que aún está vigente, y una verdadera urdimbre normativa que se ha ido creando como resultado de multiplicidad de regulaciones casuísticas y de acciones políticas desde los Consejos de Facultad, han ido construyendo lógicas endogámicas en la selección docente. Ello se ha facilitado por la ausencia de actores externos, de mayores garantías cautelares en la Ley de Universidades, así como de mecanismos de control internos o de aseguramiento de la calidad externos que garanticen siempre la competencia amplia en los sistemas de selección como mecanismo para alcanzar la calidad y la excelencia.

Pero además de ello, se destaca el establecimiento de interinatos, la selección de los jurados, el manejo de largos tiempos de decisión y la ausencia de instancias externas, todo lo cual ha facilitado el manejo político de los procesos de selección. Ello incluso ha determinado que la gestión institucional en muchos ámbitos se ha centrado en defender intereses, acuerdos y tribus académicas internas, limitando la calidad y la diversidad en el ámbito académico a través de la libre competencia.

Las implicancias de ello se tornan más complejas en este mundo polarizado de ideas y valores, y de multiplicidad de paradigmas epistemológicos en que se ha ido transformando la búsqueda de la verdad y el conocimiento de la Universidad, y donde estos enfoques endogámicos han sido los mecanismos de lucha y de construcción de trincheras de la política partidaria o ideológica, y componentes del deterioro de la calidad al reducir la competencia y con ello la diversidad.

Parte de estos problemas descansa en un modelo de gestión reducido a una cogestión interna de tipo cooperativa, que, al carecer de presencia de más actores externos y con ello de amplitud de mecanismos de control, facilitado las dinámicas corporativas en el funcionamiento interno y refuerza un sistema cerrado, que pierde pertinencia curricular, desarrolla mecanismos endogámicos de nombramientos y promueve mecanismos de cooptación de estudiantes y docentes que asignan mayores puntajes directamente a los que egresan internamente, realizan actividades gremiales o son parte de determinadas “tribus académicas”.

Al no estar abierto a la competencia meritocrática, se reafirman lógicas de amiguismos, tribus académicas, sumisión de los profesores iniciales a los profesores mayores, o directamente al ideologismo y la politiquería, todos los cuales se han constituido en los subterfugios de los mecanismos de selección, y con ello de mantenimiento y de reproducción de las elites gobernantes en las instituciones y problemas de calidad. Cambiar el ADN en educación superior hacia la calidad y la ética es mirar estos temas.

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4 Comentarios
  1. Bersuit Vergarabat dice
    LEEMOS: “La Reforma de Córdoba rechazaba una lógica de la selección docente “anacrónica (…) fundada sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. “Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas”, ETC.LO QUE PIE PARA ASEGURAR QUE ES LO QUE ESTA PASANDO EN URUGUAY.DA PARA MUCHISIMO EL TEMA.
  2. alfredo alsamendi dice
    La famosa reforma de 1918 decía “…las libertades que faltan los los dolores que quedan…”. Esta endogamia, esta perpetuación de las títulos universitarios en los mismos apellidos, de los privilegios, son añoradas por la casta que dirigió el país durante 174 años. Cualquier nene de papá, aparecía ventajosamente ubicado en las listas de las elecciones, merced a una generosa contribución ene fectivo del la famiali. Entraran o no al Parlamento, un jefatura, uan secretaría en un ente público había para el joven universitaria, que la recibirse ya tenía trabajo. Las derrotas electorales cortaron el chorro, y los mimso que aplaudían que un empresario o estanciero fuese parlamentario o Ministro hoy se horrorizan si un obrero accede auna banca o una cargo de responsabilidad.
    1. Juan Jose Verdesio dice
      No entiendo su comentario. Que determinados grupos políticos en el pasado hayan cometido pecados en nada justifica que el actual grupo político en el poder y su base universitaria cometa los mismos pecados. Eso si es ese el sentido de tu comentario. Y donde vistes un “obrero” professor o Rector o Decano? Aqui en Brasil fue peor. el “obrero” Lula (que poco trabajó como obrero) adoptó los mismos métodos de las “oligarquias latifundiárias e industriales” y robó hasta mas no poder junto con una camarilla de universitários y sindicalistas que lo apoyaron para intentar perpetuarse en el poder. Felizmente está en cana y lamentablemente provocó una onda conservadora que va a durar bastante. La víbora se mordió la cola y se envenenó
  3. Juan Jose Verdesio dice
    Excelente, Claudio Rama. Todos conocemos algún caso de amiguísimo o indicación política. En particular vi como un profesor excelente de Genética en Agronomia no le era renovado el contrato porque era consultor de estancieros. Eso en los años 6o cuando estudié. Y mi hermana Veterinaria gran especialista de diagnóstico por imagen desistió de un concurso porque a pesar de sus enormes méritos (no hay otra veterinaria en Uruguay con la experiencia de ella) porque ció que el concurso estaba direccionado para un compadre que no sabia nada del asunto.

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