La acumulación de grasas permite a los animales que hibernan soportar las variaciones de sus niveles de insulina al hibernarLa obesidad del que hiberna es crucial para su salud

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El ser humano tiene la costumbre de creer que es la «especie superior» y poco lo puede convencer de lo contrario. Sin embargo, el elefante, especie también de suma inteligencia y con una esperanza de vida similar a la del humano, presenta defensas contra el cáncer muy superiores a las del Homo sapiens; mientras que para nosotros esta enfermedad es casi un tabú endemoniado, para los elefantes no es más que otra afección del montón. Resulta que tienen cerca de 40 versiones adicionales del gen que codifica la proteína p53 responsable de la supresión de las células cancerosas.   

Los investigadores estadounidenses Christopher Gregg y Elliot Ferris se interesaron por el genoma de varias de las especies de mamíferos que, como los elefantes, ponen en duda la superioridad de la especie humana. El último de sus estudios fue publicado recientemente en la revista Cell Reports, estudio en el que se exponen las razones por las cuales los mamíferos que hibernan no desarrollan afecciones asociadas a la obesidad o a la resistencia a las variaciones de insulina. Su investigación analizó los metabolismos de cuatro especies de mamíferos durante su hibernación: la ardilla de tierra de trece franjas (Ictidomys tridecemlineatus), el tenrec erizo chico (Echinops telfairi), el pequeño murciélago café (Myotis lucifugus), y el lémur ratón gris (Microcebus murinus). Estos animales logran pasar varios meses con un descenso drástico de sus pulsaciones y su respiración y sin necesidad de alimentarse ni de hacer sus necesidades.  ¡La ardilla Ictidomys tridecemlineatus incluso logra disminuir su ritmo cardíaco de 200 latidos por minuto a unos cinco y de respirar más de cien veces por minuto a hacerlo una vez cada cinco minutos!

Antes de pasar a este estado de «stand by», las especies que hibernan deben acumular reservas en su organismo durante meses.  De esta forma logran una obesidad que es crucial para su bienestar durante los meses de invierno, algo impensable para el ser humano, que de seguir una dieta semejante desarrollaría, al menos, diabetes e hipertensión. Los investigadores compararon los genomas de las cuatro especies de interés con los genomas de humanos sanos y con genes asociados con lo que se conoce como «síndroma de Prader-WilliW, una enfermedad que provoca un enorme apetito y una tendencia a desarrollar obesidad. Así lograron los científicos silenciar algunas regiones de estos genes relacionadas con el desarrollo de la obesidad, y descubrieron en total 364 regiones en el genoma de estos animales relacionados con el desarrollo de la obesidad característica del estado de hibernación. La idea del estudio es poder aplicar estos conocimientos para desarrollar técnicas de edición epigenética para controlar los casos de obesidad en humanos, ya que los investigadores buscan entender cómo el genoma de nuestra especie presenta aún regiones que a lo largo de la evolución  han servido a otras especies para adaptarse al entorno pero que en la nuestra se asocian a problemas metabólicos. Mientras en los osos esa adaptación consiste en sobrevivir al frío y la falta de recursos del invierno, en los lémures la hibernación les permite resistir la estación seca de Madagascar.

Aunque estos estudios ya son enriquecedores de por sí por la luz que arrojan sobre la evolución de esta sorprendente adaptación, los investigadores no pierden oportunidad de imaginar posibles usos de estos nuevos conocimientos prácticos para nuestra propia especie. «Entendiendo las partes del genoma que influyen en la obesidad o el síndrome metabólico podemos evaluar el riesgo de una persona de desarrollar estas enfermedades a lo largo de su vida a partir de su secuencia genética. Así podríamos ayudar a la gente a adaptar su estilo de vida a sus condiciones y en el futuro también crear tratamientos farmacológicos para tratar a personas que han desarrollado obesidad”, dijo Christopher Gregg a Gizmodo. “Mi laboratorio está trabajando ya con Jason Gertz, de la Universidad de Utah, para desarrollar una tecnología de edición epigenómica dirigida utilizando CRISPR con la que controlar de forma personalizada la obesidad o la actividad metabólica de pacientes”, agregó.

 

 

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