#OpiniónLa moneda está en el aire

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(I)

En tanto el mundo se globaliza y las comunicaciones lo transforman en aldea, los pueblos pobres emigran al mundo rico. Es un efecto bumerán. Africanos que fueran explotados y esclavizados por los blancos europeos se agolpan en las orillas del Mediterráneo buscando a legendaria Europa de sus fábulas. Centroamericanos aterrorizados por las “maras” y las matanzas de narcos y paramilitares, exprimidos durante siglos por los señores de las plantaciones o invadidos por los “marines”, forman oleadas apuntadas a las fronteras donde vive “el sueño americano”.

Buscan utopías: los migrantes la han soñado y contemplado en sus televisores. No quieren un mundo nuevo. No son revolucionarios. Pretenden compartir el mismo mundo que han hecho “las grandes democracias”. Quieren que les dejen sentarse a la mesa que sólo han visto de lejos. No son masas hambrientas. Quieren trabajar y vivir en la sociedad de consumo. Les espera la violencia y el odio de la xenofobia.

(II)

Los migrantes provocan un rebote. Semejan las crisis políticas y sociales europeas de entreguerras, aunque esta crisis viene de la crisis financiera de 2007 y de las medidas de ajuste de la Unión Europea. A la ultraderecha estilo Le Pen le ha sucedido un neonazismo alemán, un neofascismo italiano y virulentas oleadas antieuropeas que amenazan otros “brexit”. Entre nosotros, la oleada derechista sudamericana llegó al gobierno en Argentina, Colombia, Paraguay, Chile, Perú y Brasil. Ya pueden verse que los “nuevos” planes económicos van contra los salarios, los beneficios sociales y seguros médicos. Las clases privilegiadas ven llegada la hora de su retorno, luego del paréntesis progresista de la última década.

El pretexto es librar a sus países del despilfarro y la corrupción de las izquierdas. Volverá al libre mercado y las privatizaciones. El motor de las denuncias por corrupción es la demoledora empresa brasileña “Odebrecht” que, por una sentencia generada en el Departamento de Justicia de EEUU, ha volteado como muñecos a cuatro expresidentes peruanos y dos brasileños y más de veinte dirigentes políticos, sin que nadie discutiera su jurisdicción, con denuncias estilo “delación premiada”. Odebrecht no denunció a ninguna empresa o políticos estadounidenses.

¿Cómo encuentra esta situación a nuestro país?

(III)

Uruguay tiene tal vez la posición más sólida de América Latina. Un 8% de pobreza y un 7% de desempleo. Sus índices de desigualdad (Gini 0.40) son los más bajos y tiene el PBI per cápita más alto (U$ 17.000). Sus índices de mortalidad infantil son mínimos (6,6 por 1000) y la esperanza de vida más alta (73 años). Ha soportado la embestida de la crisis de 2016 manteniendo el crecimiento de su economía y conservando además el grado inversor. Pero quedan bolsones de miseria en Montevideo y el Interior, subsiste la mendicidad y no se ha logrado superar muy bajos rendimientos de la enseñanza en el segundo ciclo de Secundaria, además de un déficit fiscal cercano al 4%. Más espectacular ante la prensa y la opinión pública es que importantes figuras del gobierno fueron enjuiciados por “abuso de funciones” y en algún caso por “peculado”, llegando a la renuncia del propio vicepresidente de la República.

¿Esto lo hace un país corrupto?

Hablar de corrupción es más viejo que el mundo. Lo difícil siempre fue probarlo.

Solamente los datos de organismos como “Transparencia Internacional” proporcionan un suelo firme en que opinar.

Según el ranking (Percepción de Corrupción) 100 sería el máximo de Transparencia. Menor corrupción Nueva Zelanda con 89, Dinamarca con 88 y Finlandia con 85; EEUU tiene 75, Japón 73 y Uruguay tiene 70; Chile 67, España 57.

Menor transparencia Argentina 39, Brasil 37 y Paraguay 29.

¿La sociedad valora la democracia?

Según Latinobarómetro (2018) la crisis económica hace que la gente confíe menos. Aquellos que piensan que la situación económica es “buena” son 26% en Chile, 21% en Uruguay y 18% en Bolivia. Y que es “mala” opinan en cambio el 83% en Venezuela y 62% en Argentina y 62% en Brasil. A pesar de todo un 48% apoya la democracia, a un 28% le es indiferente y un 15% estaría dispuesto a un régimen autoritario.

Los mayores apoyos a la democracia están en Venezuela con un 75%, Costa Rica 65% y Uruguay 59%. Brasil y también Honduras tienen sólo un 34%.

¿La sociedad uruguaya soportará la crisis política que afecta al continente?

(IV)

La sociedad uruguaya tiene una democracia estable afianzada en 100 años de ejercicio pleno. Tiene partidos políticos organizados y sindicatos fuertes. La opinión pública está muy polarizada y se ingresa en año electoral. También tiene una población envejecida, escéptica, dividida y reacia a los cambios, pero muy abierta a los consensos y las mediaciones, desafiada hoy por una verdadera revolución como el movimiento feminista, el reconocimiento del matrimonio homosexual y la venta pública de Cannabis.

La moneda está en el aire.

Sería fácil decir ahora que tal vez se improvisaron dirigentes y se pecó de soberbia.

La Revolución Francesa tenía un nombre para el dirigente más admirado: “Incorruptible”.

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