La metamorfosis universitaria con la pandemia

Es tradicional sostener que la universidad es conservadora y que tiende a no ajustarse a los cambios.

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También se ha sostenido que el ajuste de las universidades a los cambios es muy lento por el carácter conservador en general de la enseñanza que transmite conocimientos del pasado, por las resistencias de los grupos de interés y por las formas consejistas y consensuales de su gobernanza que la tornan difícil a iniciativas de cambio, así como por la escasa articulación y pertinencia a los cambios en los mercados de trabajo y las demandas sociales.

Aunque todo ello ha sido cierto en general, es necesario analizar la dimensión y velocidad de los cambios en interior de las universidades y efectivamente con la pandemia estamos asistiendo a un rápido «aggiornamiento» de las instituciones de educación superior a las nuevas realidades del entorno.

Tanto las tradicionales universidades de tipo de elefantes, públicas, pesadas y burocráticas como las instituciones privadas más agiles, débiles y familiares, todos en el corto tiempo están realizando amplias reingenierías, fundamentalmente en el entorno virtual, para poder seguir cumpliendo sus funciones.

Ello incluso traslada la reflexión a si los cambios actuales en curso se mantendrán a futuro cuando regrese algún tipo de nueva normalidad y una dinámica pospandemia no caracterizada por los temas sanitarios. En el presente análisis queremos observar algunas de estas transformaciones, más allá de la existencia de manifestaciones diferenciadas entre las instituciones y regiones.

Impacto en la gestión de las instituciones.

La dificultad de las formas de gestión tradicionales presenciales en las Universidades ha llevado a un cambio en los gobiernos corporativos con un mayor trabajo de gestión colectivo en red con fuertes componentes de teletrabajo, tanto entre el núcleo dirigente y los ámbitos administrativos como al interior de la administración.

Las instituciones han reforzado sus capacidades informáticas, han establecidos protocolos para la virtualización de sus procedimientos y aumentado el teletrabajo de su personal con nuevos sistemas de seguimiento e información. Se ha reducido ampliamente el personal administrativo y de investigación, mediante envío a seguro de paro o despido, ajustando las instituciones a la reducción de ingresos, matrículas y nueva gobernanza.

Impacto en la investigación.

Expansión y priorización de la investigación en salud y biomedicina, vinculadas a la pandemia, y con inserción en redes globales, y reducción en otras áreas. Aumento de la difusión de la investigación en publicaciones de acceso abierto y formatos «preprints» donde se publican manuscritos antes de la revisión de pares.

Impacto en la educación internacional.

Cierre de las universidades y residencias estudiantiles, junto a la prohibición de parte de los viajes, restringiendo la movilidad académica que para este año proyectaba alcanzar a 8 millones de estudiantes. Rápida migración a una oferta virtual con miles de estudiantes que regresaron a sus países de origen.

Múltiples acuerdos y negocios de movilidad no se han podido ejecutar y los estudiantes no han podido continuar sus estudios internacionales presenciales impactando en los ingresos de las universidades y sus docentes. Aumento del peso de la educación transfronteriza virtual en la educación internacional.

Impacto en incorporación de tecnologías digitales.

Las universidades, que se habían estado incorporando lentamente a la disrupción digital, aceleraron los procesos con la pandemia, tanto en la gestión como en la docencia, con mayores inversiones en equipamiento, conectividad y software. Introducción de múltiples aplicaciones de gestión, de enseñanza, de simulación y de comunicación, entre las cuales está Zoom, modificando el tipo de trabajo docente.

Impacto en la oferta y demanda de educación superior.

Cambio en la oferta al correrse a una oferta virtual, incluso en áreas de salud y de alta intensidad práctica, mediante programas virtuales prácticos de autoaprendizaje, interacción sincrónica o recursos de aprendizaje virtuales, especialmente en las universidades más consolidadas.

Docentes y comunidades académicas rápidamente se han reciclado al trabajo docente en red y al teletrabajo. Aumento en la demanda de estudios técnicos de corta duración, y de cursos gratuitos o de bajo costo a través de internet con enfoques centrados en competencias laborales, ante la existencia de problemas económicos en los sectores medios y la caída de la demanda de profesionales en el mercado de trabajo.

El cambio en los mercados de trabajo con el desempleo y la digitalización también derivará en el mediano plazo en cambios curriculares. Se aprecia también un mayor trabajo en red, incluyendo prestación de servicios de apoyo o comerciales de unas instituciones a otras en función de sus especializaciones.

Impacto en la universidad pública.

Rápida reingeniería hacia la oferta virtual por parte de las universidades públicas, con miras a ofertar los cursos de los componentes más teóricos y realizar las actividades administrativas mediante el teletrabajo.

Importante desvinculación de estudiantes con dificultades para mantener los procesos educativos en forma virtual por la carencia de equipamientos, limitada conectividad, carencia de recursos de aprendizaje o falta de competencias digitales de docentes y estudiantes.

Aumento de la demanda de acceso al sector público por perspectiva creciente de traslado de estudiantes desde el sector privado. Se inició una reducción de las transferencias gubernamentales ante la caída de la recaudación y el aumento del déficit fiscal en la región.

Especialmente en México, Ecuador, Venezuela y Honduras, y que continuará probablemente en casi toda la región. Se planifica el reinicio de las clases a través de formatos semipresenciales o híbridos entre clases presenciales con menos estudiantes y clases a distancia.

Impacto en la universidad privada.

Muy rápida transformación hacia una oferta con apoyo de TIC en un contexto con diversos niveles de calidad y desarrollo, junto a una merma importante de estudiantes, que se preparan para pasarse a la educación pública o directamente han abandonado los estudios por dificultades de pago o de ajustarse a la oferta a distancia.

Las instituciones han tenido una mayor autonomía de gestión, especialmente para ofertar a distancia. Los aranceles en muchas instituciones se han ajustado a la baja o se han flexibilizado los procesos de pago, para ajustarse a la caída de los ingresos familiares.

Las instituciones han respondido rápidamente con envíos de su personal al seguro de paro, despidos e incorporación de plataformas y sistemas de comunicación digital. Aún a pesar de ello, la caída de la demanda y de los aranceles, en un contexto de aumento de inversiones, impactará la sustentabilidad de muchas instituciones.

De todos estos elementos emanará una nueva realidad universitaria y corresponden también nuevas políticas públicas acordes al nuevo escenario y para sostener la matrícula, el empleo y las propias instituciones. La política educativa será más intensamente una política económica.

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