El último Nobel de Física se encuentra a la cabeza de un ambicioso proyecto que busca nuevos planetas fuera de nuestro Sistema SolarLa humanidad amplía el conocimiento de su lugar en el universo

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El primer planeta similar a la Tierra y fuera del Sistema Solar fue descubierto en 2012, se encuentra a 40 años luz de distancia y se le denominó «55 Cancri». Sería más correcto decir que fue descubierto el reflejo de su luz, ya que es ese rastro precisamente la muestra que nos llega de su existencia. Una distancia de 40 años luz significa que una sonda demoraría 180 mil años en alcanzar la superficie de 55 Cancri, planeta cuya órbita es tan cercana a la de su sol que demora tan solo 18 horas en darle una vuelta y el calor es tan intenso que su superficie es un verdadero océano de lava. Este planeta que parece sacado de una película de ciencia ficción tiene varias veces la masa de nuestra Tierra y hoy no es más que uno de los más de 4 mil exoplanetas que han sido descubiertos.  Por su enorme tamaño, a estos planetas similares al nuestro se les llama «supertierras», y al parecer son bastante más comunes de lo que se creía antiguamente.

El telescopio espacial CHEOPS, lanzado recientemente por la Agencia Espacial Europea gracias a un cohete Soyuz, es una tecnología indispensable para los avances en la búsqueda de exoplanetas en el futuro próximo. Su capacidad para medir las dimensiones de los planetas externos al Sistema Solar no tiene precedentes, y la comunidad científica se encuentra expectante por conocer el radio de 55 Cancri gracias a su avanzada tecnología. Estos datos permitirán saber si este exoplaneta es gaseoso o rocoso, según contó a El País de Madrid Didier Queloz, astrofísico director de la misión europea CHEOPS y también ganador del premio Nobel de Física el pasado 2019. El premio le fue otorgado tanto a Queloz como a Michel Mayor por descubrir en 1995 el primer exoplaneta que gira alrededor de una estrella similar al Sol. En este caso el planeta descubierto era gaseoso y con una superficie de altísimas temperaturas a causa de su cercanía con su estrella. El descubrimiento de nuevos planetas externos a nuestro Sistema Solar no sólo brindará información crucial para entender qué lugar ocupamos los seres humanos en el universo, sino que también podrá aportarnos datos clave para investigar la existencia de vida fuera de nuestro planeta. Según Didier Queloz, el descubrimiento de exoplanetas es una continuación de la revolución copernicana que sacó a la Tierra del centro del Sistema Solar. «El descubrimiento de los exoplanetas nos ayuda ahora a saber que el nuestro es uno entre muchos otros sistemas solares», afirmó Queloz. Para el astrofísico, la misión CHEOPS puede llegar a cambiar completamente la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestro planeta en el universo. Con la ayuda de otros dos telescopios espaciales, el James Webb y el Telescopio Extremadamente Grande en Chile, será posible medir el espectro lumínico de la luz de la estrella que es reflejada por la superficie de los exoplanetas estudiados, y eso permitirá conocer tanto la composición de su superficie como de su atmósfera.

Aunque una de las motivaciones más grandes para descubrir nuevos exoplanetas es la posibilidad de encontrar otras formas de vida que nos hagan compañía a los terrestres en el universo, Queloz no cree que el camino correcto sea buscar seres vivos similares a los que conocemos. «No está claro que la vida más allá del sistema solar sea como la que conocemos. Somos el producto de una química concreta y esa química llevó a formas de vida como las que conocemos, pero es posible que haya otros tipos de química que lleve a otras formas vivas», opinó el astrofísico. Aunque la astrofísica es un híbrido entre la astronomía y la física, el descubrimiento de vida extraterrestre necesita de una comunión entre todas las áreas de la ciencia, incluidas la biología y la química, y el investigador está convencido de que cuando se dé esa comunión no va a caber duda de que la vida en el universo se encuentra desperdigada por todas partes. Para Queloz, lo importante de descubrir vida inteligente en el universo, capaz de comunicarse a través de tecnología tanto o más avanzada que la nuestra, no es saber que pueden existir otras civilizaciones como la humana, sino saber si una civilización avanzada es capaz de sobrevivir a su propia tecnología. «¿Cuánto tiempo pasa desde que una civilización desarrolla armas nucleares hasta que empieza a usarlas sin provocar su destrucción total? Nosotros hemos pasado 50 años. ¿Podremos seguir 500 años?», se cuestionó el experto.

 Didier Queloz,uno de los tres ganadores del Premio Nobel 2019 (Photo by ISABEL INFANTES / AFP)

Didier Queloz considera que faltarían más de mil años antes de que el ser humano pudiese alcanzar alguno de todos los exoplanetas que se encuentran en estudio. Por más fascinantes que puedan ser planetas con océanos de lava, como 55 Cancri, o con velocidades tan altas de rotación que su forma se achata con el tiempo, la biología del ser humano no está preparada para realizar viajes hacia sus superficies. Lo más probable es que robots con inteligencia artificial avanzada programada por humanos sean los primeros privilegiados en explorar estas superficies, pero Queloz opina que aún estamos muy lejos de este escenario. En una entrevista que brindó  a El País de Madrid el mentor de Queloz, Michel Mayor, luego de haber sido galardonado con el Nobel de Física, el experto en exoplanetas consideró que Dios no era necesario para explicar el universo, y al ser cuestionado al respecto, Didier Queloz consideró que la astrofísica se trata de extender el conocimiento paso a paso por fuera de nosotros mismos, mientras que el concepto de Dios se encuentra mirando hacia nuestros adentros. «Pienso que eso no es ciencia. La ciencia se basa en hechos y en función de ellos se forman teorías racionales que pueden ser demostradas. Dios no tiene encaje en esto, es algo que existe solo dentro de ti. Tienes que creer en él. La ciencia no necesita que creas en ella. Dios es un concepto psicológico. Personalmente no necesito un Dios para explicar el universo.», zanjó el astrofísico.

 

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