Cómo ha ido variando el formato de la pelota, de los zapatos, de las camisetas y pantalonesLa evolución que ha tenido el utillaje futbolístico

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Desde los zapatos y el uniforme hasta la pelota, los jugadores actuales trabajan con herramientas considerablemente diferentes a las que sus predecesores tenían a su disposición. FIFA.com repasa todos estos cambios.

La pelota

En 1872, la Asociación Inglesa de Fútbol fijó el primer reglamento, en el que se especificaba que el balón debía ser esférico, recubierto de cuero, con una circunferencia de 68 centímetros y un peso de entre 396 y 453 gramos.

Existían variaciones regionales, un apartado en el que cabe destacar la primera final de la Copa Mundial en 1930. Como Argentina y Uruguay se habían llevado sus propios balones, antes del partido ambos contendientes se enzarzaron en una enardecida discusión sobre cuál usar.

¿El acuerdo? La pelota de Argentina se utilizaría durante la primera parte, y la de Uruguay en la segunda. Muy posiblemente aquel cambio en el descanso resultó decisivo para la que la Celeste transformara su desventaja de 2-1 en un triunfo histórico (4-2).

El balón se convirtió en un factor importante también durante la final de 1934, cuando Italia, que iba perdiendo por 1-0 ante Checoslovaquia a falta de ocho minutos para la conclusión, igualó el marcador con un disparo de Raimundo Orsi que adquirió gran efecto en pleno vuelo, cambió de trayectoria bruscamente y superó al incrédulo guardameta. Los Azzurri alzaron la Copa. Al día siguiente, Orsi intentó veinte veces repetir aquella rosca para los fotógrafos expectantes, ¡y falló en todas!

Con frecuencia, la pelota iba deformándose conforme avanzaba el partido, un hecho que podría haber influido decisivamente en la trayectoria del chute de Orsi.

Adidas empezó a suministrar balones a las competiciones de la FIFA en 1970, y el primero de ellos fue el emblemático Telstar. Aunque todavía de cuero, estas pelotas incorporaban el avance de estar recubiertas de un poliuretano especial que impedía la absorción de agua.

Sin embargo, habría que esperar hasta México 1986, y el adidas Azteca, para que la Copa Mundial de la FIFA viera su primer balón completamente sintético. En años posteriores se han producido muchos más hitos en la fabricación de las pelotas de fútbol: en 1998, la Tricolore abandonó por primera vez el sempiterno blanco y negro, y el Teamgeist de 2006 y el Jabulani de 2010 alcanzaron nuevas cotas de sofisticación tecnológica.

Los zapatos

Las primeras botas de fútbol de las que hay constancia pertenecieron nada más y nada menos que a Enrique VIII. El calzado se menciona en la relación del famoso «gran armario» de este rey inglés, fechada en 1526. Las reseñas describen que las botas reales estaban elaboradas en un cuero muy fuerte, cubrían el tobillo y eran más pesadas que el calzado normal de la época; un modelo que se mantuvo inalterado a lo largo de los siglos.

En el siglo XIX, los futbolistas seguían jugando con botas de trabajo muy pesadas, que incluían cordones muy largos y punteras de acero. El único avance importante consistió en clavarles tacos de metal a las suelas, que proporcionaban mejor agarre en superficies resbaladizas.

En 1925 nacieron los tacos intercambiables, que se quitaban y ponían según las condiciones del terreno, aunque tuvo que pasar otro par de décadas para que al objetivo principal de la mera protección del pie del jugador se le añadiera el de proporcionar al futbolista un calzado adecuado para el control, el pase y el regate.

La década de 1960 trajo consigo mejoras importantes con la introducción de las primeras botas por debajo del tobillo, mientras que los años 70 anunciaron una nueva era con la inclusión del patrocinio en las botas de las grandes estrellas, algunas de las cuales llegaron incluso a calzarse las primeras botas totalmente blancas. En 1990 se produjeron más avances tecnológicos. Los tacos rectangulares, de filo, se presentaron al mismo tiempo que adidas lanzaba sus pioneras Predator, diseñadas para proporcionar más tracción en las zonas con las que se chuta el balón.

Tras el énfasis de las Predator en la potencia y las fintas, los fabricantes se están concentrando últimamente en la ligereza. De hecho, mientras que los futbolistas del siglo XIX jugaban con un calzado que podía llegar a pesar más de un kilo en un terreno mojado, los actuales disfrutan de botas de poco más de 150 gramos, menos de un quinto de su antiguo peso.

El uniforme

Enrique VII poseía unos botines de fútbol ya en el siglo XVI, pero la idea de que los integrantes de un equipo vistieran camisetas del mismo color no arraigó hasta mediados del siglo XIX. Las primeras prendas uniformes se observaron en los partidos entre colegios privados ingleses de la época, aunque lo normal era distinguir los equipos por el color de sus gorras o de sus bandas.

Hacia 1867, sin embargo, un manual de fútbol aconsejaba que lo mejor era intentar «que un equipo lleve la camiseta de un color, pongamos por caso rojo, y el otro de un color diferente, por ejemplo azul». Para 1870, los colores se habían convertido en un ingrediente básico del juego, y muchos clubes, como el Blackburn Rovers, adoptaron diseños inmutables hasta la fecha.

También se produjo el abandono paulatino de los bombachos o calzones largos, a menudo sujetos con cinturones o tirantes, a favor de los pantalones cortos que se han convertido en la norma de los uniformes modernos. Siguieron otros avances, muy familiares en la actualidad, como la regla de 1909 que estipulaba que los guardametas debían vestir un color distinto al de los jugadores de campo, o el decreto de 1921 por el que se obligaba a los equipos que jugaran a domicilio a llevar una segunda equipación en el caso de que sus colores pudieran confundirse con los del rival.

Por aquella misma época se experimentó con la numeración y los dorsales, aunque no se convirtió en práctica habitual hasta después de la II Guerra Mundial. Con la internacionalización del fútbol llegaron también materiales y diseños mejores y más cómodos, y en las décadas de 1960 y de 1970 se produjeron los primeros intentos de comercialización de los uniformes.

Para los años 80, la venta de réplicas y los contratos para la inclusión de logotipos de patrocinadores eran ya una práctica aceptada. Además, los colores (especialmente en las segundas equipaciones) habían ganado en atrevimiento hasta rozar, en ocasiones, la extravagancia.

Los números en los dorsales constituyen el hito más reciente en los avances de los uniformes de los equipos pero, a juzgar por todo lo expuesto anteriormente, no marcará el final de la evolución del utillaje futbolístico.

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1 comentario
  1. alfredo alsamendi dice
    El equipamiento es cada vez mejor: zapatos anatómicos, casacas con partes caladas para evaporación del sudor, protección en las piernas, balones más livianitos…Buenas canchas, zapatos espectaculares, buena pelota; elqu pega mal notiene excusa: es malo. Sí discrepo en que los cuadros cambien todos los años de diseño y los mamarrachos que se ven en las casacas de alternativa, e incluso, el ridículo que los dos equipos se cambien de casaca (para evitrar confusiones), y con la camiseta de alternativa quedan más parecidos aún…

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