Trabajar en cultura de paz nos garantiza la convivencia para que cada etapa educativa sea valorada por sí mismaLa educación, la Paz y la Convivencia

0 380

Es necesario, posible y pertinente articular la propuesta de que los sistemas educativos trabajen y se proyecten desde una perspectiva de cultura de paz; y así consolidar una educación para la paz, la seguridad y el estado de derecho.

Es necesario, trabajar en el ámbito de la educación formal para promover la cultura de la paz, y no sólo en él, porque en las diferentes instituciones sociales (familia, grupos, medios) se forja la personalidad y se matizan formas de ser, estar y relacionarse en el mundo; más en la medida en que son las instituciones educativas las únicas creadas específicamente para poner a los educandos en contacto activo con los logros de la sociedad. Cuando la sociedad avanza de una cultura bélico-violentista –consumista hacia una cultura de paz, la escuela debe asumirse como uno de los agentes de la construcción del cambio.

Es posible repensar los objetivos, contenidos y métodos de la propuesta curricular desde la perspectiva de la paz, pero además es posible repensar la propia institución educativa, sus finalidades, su organización, la circulación del poder, los vínculos con la comunidad y su esencia misma. Debemos hacer posible una escuela diferente, una escuela que funcione sobre una plataforma de cultura de paz para contribuir a los cambios que la sociedad necesita.

Es pertinente, porque mejora las condiciones de trabajo para los niños y niñas, maestros y escuelas.

Trabajar en cultura de paz nos garantiza la convivencia para que cada etapa educativa sea valorada por sí misma.

Al revelar la politicidad, historicidad y eticidad de la educación permite que cada uno asuma su protagonismo en el desarrollo máximo del potencial de la persona y del grupo; garantiza que se enseñen y aprendan herramientas de convivencia que faciliten la vida en democracia.

Para ello resulta necesario que la relación dialéctica entre objetivos, contenidos y métodos, contemple la convergencia de estas tres dimensiones; y que el discurso y las prácticas no se contrapongan. Esa metodología de cultura de la paz en las aulas debiera cumplir con las siguientes condiciones:

Que se estimule la participación de los estudiantes y la comunidad; posibilitando el disenso respetuoso. Que se prioricen los entornos sociales y culturales, procurando el desarrollo del pensamiento crítico y autónomo.

Que constituyan un proceso de formación y desarrollo de actitudes con sus componentes cognitivos, afectivos y actitudinales.

Que sea realista, la cultura de paz debe verificarse a partir de la realidad concreta en la que están inmersos los participantes de los procesos y deben tenerse presente la vivencia cotidiana y la práctica diaria, que permitirán la formación de las concepciones y actitudes deseables.

Uruguay tiene una historia del proceso en construcción iniciado por educadores como Enriqueta Compte y Riqué, Pedro Figari, Sabas Olaizola, Jesualdo Sosa, Reina Reyes y Julio Castro entre otros. A nivel internacional son innumerables los ejemplos: Anatole France, Romain Rolland, Bertrand Russel, Luther King, Desmond Tutu, Mahatma Ghandi, Nelson Mandela, cada uno de ellos desde su lugar y contexto.

Para nosotros la Paz es una construcción «situada» por estar condicionada por circunstancias históricas y socio-témporo-espaciales.

El sentido de la paz y la convivencia no es el mismo en un país donde hay guerra que en un país donde hay riqueza y pobreza extrema o en un país donde hay enfrentamientos religiosos, por citar algunos. Las múltiples dimensiones de la paz se configuran de manera diferente en cada sociedad concreta, en cada lugar y momento histórico particular, pero como sabemos, la Paz excede la mera ausencia de guerra.

En momentos de una lucha electoral donde se coloca en el centro el tema de la educación, y la seguridad, la convivencia y la paz social debe ser vista desde una perspectiva crítica es una paz positiva centrada en una relación con la sociedad y con el ambiente basada en el respeto, la justicia, la solidaridad y la armonía. Vista de este modo no supone pasividad ni resignación sino una actitud activa, de lucha, lucha que se desarrolla en el entorno inmediato, que se sustenta en un análisis profundo de la realidad y que percibe la dimensión mundial del compromiso de cambiar la confrontación y la violencia por un espacio social acorde a nuestra sociedad.

Por tanto, ella, no es un logro individual sino un objetivo que se logra mediante un vínculo específico con la sociedad y la naturaleza.

La paz, debe ser una conquista y una construcción colectiva que evite y prevenga la violencia, ya que no se encuentra paz donde existe violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Por eso decimos que los enunciados de: «La educación, como catalizador del diálogo, también es un medio esencial para contrarrestar la retórica destructiva, combatir la xenofobia y prevenir el extremismo que puede conducir a la violencia».

La construcción de una cultura de paz y desarrollo sostenible es uno de los objetivos principales del mandato de la UNESCO y Objetivos del Milenio.

La formación y la investigación para el desarrollo sostenible están entre sus prioridades, así como la educación para los derechos humanos, las relaciones pacíficas, la buena gobernanza democrática, la prevención de conflictos y la consolidación de la paz.

La convivencia y la no violencia se coordina desde la ética, físico biológica, intelectual, socio afectiva, productiva, laboral, cultural. Supone una manera de comprender, ser y estar en el mundo, una manera alternativa al paradigma bélico-violentista que impera en el mundo y en la región.

Los parlamentos debemos contribuir a establecer los marcos e incentivos necesarios para que las inversiones en educación, derechos humanos, gobiernos democráticos y participativos, sean prioritarios y concretos.

Ningún país es capaz de alcanzar el desarrollo sostenible de una convivencia por la paz por sí solo y aislado, ni tampoco será capaz de promoverlos si antes no se construye un diálogo político -con alta política-, y con las organizaciones sociales para ser capaz de colocar estos temas en la agenda cotidiana de los sistemas políticos y movimientos sociales de nuestro país. Es hora de ponernos la camiseta de la convivencia por la paz todos los partidos políticos, solo así si podremos crecer como país.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.