#OpiniónLa culpa

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Por más que la ofrezcan a precio de costo, 2 x 1, incluso si la regalasen, la culpa es algo que nadie quiere que le caiga encima, ni siquiera cerca. Si por acaso llega a pasar cerca, lo que se estila es darle una patadita como para alejarla rápidamente. O en el peor de los casos señalar otros zapatos para que se instale.

Es un ejercicio por demás común cargar con culpas. Al que está más lejos, más indefenso o con más posibilidad para que le caiga encima.

Brasil fue tema mundial en las últimas horas, consecuencia del tremendo triunfo de un candidato ultraderechista para la presidencia.

Un candidato que eligió como centro de su campaña un conjunto de mensajes racistas, homofóbicos, anti pobre, en definitiva mensajes contra todos aquellos grupos en la sociedad que en los últimos años habían podido ganar derechos y comenzar a ser visibles, lo cual no es poco en sociedades que tienden a invisibilizar a lo que no se considera parte de la normalidad.

Los votos son eso, votos. Y tiene el mismo valor el voto de un vecino de una favela de Rio, que el voto de algún connotado empresario, así funciona.

Sin embargo, luego de los necesarios análisis y evaluaciones ante determinados procesos, aparecen, afloran esos mecanismos de distribuir culpas.

Pude seguir análisis que terminaban culpando al pueblo de Brasil que votó por Bolsonaro, a las mujeres que votaron por Bolsonaro, a los afrodescendientes que votaron por Bolsonaro, como si la culpa, vinculada a la incomprensión de lo que implica Bolsonaro, asociada a una falta de capacidad crítica de quienes votaron por él fuera la consecuencia del resultado.

Este ejercicio es muy común en cierta izquierda de café que deposita en la gente que votó a Bolsonaro la culpa de lo sucedido. Algo es obvio, ganó con los votos de una cantidad y una diversidad importante de gente.

Sin embargo, entiendo que este ejercicio de culpar a la gente o al pueblo, con agravios de todo tipo, incluso con el de “se lo merecen” o “tienen el gobierno que se merecen”, desde una perspectiva de izquierda son conclusiones son nefastas. Básicamente, porque no logran ver otra cosa y sobre todo, no logran ver sus faltas y sus fallas.

No precisamos esperar a que llegue un Bolsonaro para despertar. Precisamos sensibilizarnos con la situación del otro que está en la lona, que aún no pudimos darle una mano para que saliera de la pobreza. Pero a la vez, ser capaces de transmitir que lo hecho es parte de una propuesta y de un proyecto político, sin miedo, asumir que sin esa direccionalidad no hubiese sido posible la montaña de transformaciones que se dieron.

Esto se realiza con un trabajo de base que permita el intercambio, la información y convencimiento.

No hay magia en esto; no es en acaloradas discusiones de FB que se modifican tendencias. Las redes virtuales tienden, a través de sus algoritmos, a hacernos intercambiar entre quienes piensan como nosotros, cuando lo fundamental es el intercambio con quien piensa distinto.

Una vez que esto no se hace, una vez que la batalla por las candidaturas tiene más peso que la del programa, una vez que olvidamos la importancia de sumar votos y lo que ello implica, una vez que dejamos de pensar la diversidad que implica tener un 50% de los votos y preferimos buscar a quien sacar reivindicando nuestro puritanismo, en fin, una vez que comenzás a alejarte del propio movimiento y la propia forma que tuviste para desarrollarte, es inevitable que caigas.

A veces en la historia sucede que ciertas generaciones no conocen la derrota, no conocen el aprendizaje de las derrotas, que implica levantarse y que implica la necesidad inexorable de juntarnos con otros para caminar.

Si bien no hay que alentar a la derrota porque sería peor para los que ya están peor en la sociedad, debemos alertar que nos sigue faltando asumir que la importancia en ganar debe estar siempre en la transformaciones sociales que permita una mejor calidad de vida para a quienes aún no llegamos.

No puede haber, por tanto, ejercicio serio de análisis de un proceso de lucha contra la derecha, en el que desde la izquierda se culpabilice al pueblo o a los sectores populares que votaron al candidato opositor.

Lo esencia sigue siendo no olvidarse que llegamos para que los más infelices sean los más privilegiados, para restaurar una deuda histórica que tenemos con miles de personas que esperan por oportunidades.

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1 comentario
  1. Mario Conde dice
    Ya lo dijo tiempo atrás, Guillermo Yaque Espeare con aquello de “La culpa, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores.”

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