#IdearioLa contrademocracia: la batalla que no se puede perder

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Una oleada de ultraderecha con brotes nazi fascistas se precipita sobre el mundo de una manera fatídica e inevitable. La mayoría de los analistas europeos, politólogos y sociólogos, persisten en ver una evolución “cíclica” en que “la historia se repite” y, en especial, en el sentido de que el presente retroceso hacia etapas de predominio conservador y autoritario, que se multiplican en el mundo, sería el resurgimiento de una nueva “era fascista”, que parece hacerse realidad en Polonia y Hungría.

Todo esto ha sido respaldado por nuevas versiones de una repetición del fascismo de los años 30 en otros países europeos, en medio de un clima de vaciamiento de las democracias, y un agresivo estilo ultranacionalista y xenófobo, alimentado por proclamas reaccionarias y antiliberales que recuerdan mucho al período entre guerras. Y si bien América Latina no es una réplica de Europa, se observa que luego de una década de progresos económicos y sociales, aparecen signos claros de un retorno de las viejas oligarquías aliadas a la banca internacional y la prensa oligopólica, abanicadas por movimientos populares de rechazo a gobiernos y a políticos, tanto como desprecio a los mecanismos democráticos.

La historia no se repite. Hoy no es lo mismo que los duros años previos a la segunda guerra. No se puede sostenerque los ochenta años que han pasado desde entonces permitan repetir aquella coyuntura.

Pero tampoco puede admitirse esta visión de un mundo en apocalipsis, como si los hombres debieran soportar fatalmente su destino.

¿Es que han pasado ochenta años en vano?

Los últimos cien años han sido testigos de las guerras más “asesinas” que conociera la humanidad, como que aniquilaron a sesenta millones de seres humanos. Por si fuera poco, en la última conflagración se instalaron campos de exterminio que se encargaron de matar científicamente, volviendo cenizas, los despojos de otros seis millones de mujeres, niños y hombres.

Al final de la última guerra, la más brutal e impiadosa que se conozca, ciudadanos y guerreros, gobernantes y multitudes horrorizadas, proclamaron que no se repetiría jamás semejante aberración contra la especie. Y que todos los hombres del mundo serían libres e iguales, a salvo de aquellos odios homofóbicos y de la tiranía de la necesidad y la miseria.

América Latina fue tierra de dictaduras. Sus países nacieron entre ocupaciones extranjeras y la permanente explotación de sus pueblos por plutocracias ambiciosas y despóticas.

También aquí se replicaron dictaduras en los años 30, donde docenas de dictadores sanguinarios saquearon todo el continente y asesinaron a mansalva. Se repitieron otra vez en los 70, con su cadena de muertes, torturas, ejecuciones, desapariciones forzadas, persecuciones, destituciones y exilio.

Se salió hace treinta y tres añosy entonces recién recuperamos nuestras libertades y volviólademocracia. Nuestro derecho a ser libres.

Pero, olvidados ya del infierno, reaparecen hoy grandes masas que reclaman y se rebelan pidiendo gobiernos duros que tiren a matar.

¿Por qué los pueblos, contra sus propios intereses, repudian a sus gobernantes y a sus representantes, desertan de sus democraciasy otorgan preferencia a demagogos que le prometen soluciones inmediatas, violentas y drásticas, que en cualquier caso conducirán a programas económicos y sociales que reportarán mayores cargas y menores derechos para los propios trabajadores?

Analistas piensan que esta movilización contra la democracia y sus instituciones se asienta más en el “rechazo” a todo lo que representa el Estado que en el “apoyo” a nuevos líderes.

Es más “contra” que “en favor”. Son los sentimientos de “repulsión” y de “hartazgo”, “los que conducen su acción” (Rosanvallon).

Y por otro lado, el motor viene del lado de las frustraciones sociales, la falta de empleo o el temor a perderlo, el terror a caer en la miseria. Son “la expresión de un mundo social en que los miedos, los fantasmas y las expectativas tienen un papel esencial respecto a sus intereses materiales” (Rosanvallon).

Dos ingredientes que definen la “contra-democracia” (Rosanvallon).

Pero ¿qué es lo que “indigna” a las masas latinoamericanas?

Antes que nada, el “efecto instantánea”, les interesa sólo el presente y lo que ven es que la economía se estanca oretrocede y se pierde empleo. El reclamo es por mejores niveles de vida y de consumo, por mejores servicios públicos, por mejor protección contra la delincuencia. Todos creen haber sido engañados y gobernados por personas inmorales que literalmente “han robado” su dinero.

¿Alguien puede con esa marea?

En este cuadro falta un actor.

Es la izquierda, desorientada, dividida, timorata, incapaz de llegar al pueblo y de dar voz a los humildes.

Cuando lo que se le pide es que diga su verdad, la baje, la explique, la discuta en la calle y pelee por ella.

Porque nació para eso y sin esa lucha no es nada. Porque ese vacío lo ocupará la contrademocracia.

Entonces, vendrán por todo.

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1 comentario
  1. alberto dice
    Este razonamiento que leemos no es directamente aplicable , mejor dicho justificable , porque omite expresamente decir que la corrupción en la política , los políticos y sus amigos , el Nepotismo y el Amiguismo , las carencias en la Educación y la inmensa falla en los métodos de defender la seguridad ciudadana ,debido en gran parte a la carga ideológica del partido que gobierna , su aislamiento , su falta de cristalinidad y su negativa a investigar flagrantes denuncias de corrupción ,su falta de diálogo con la oposición , ignorando que representa a más de la mitad de los ciudadanos , …son los verdaderos motivos para que rebrote un pedido de basta , que las fuerzas opositoras a la izquierda ,intentan captar –

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