#OpiniónLa carta

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A quien no le ha pasado al menos una vez, que una decisión le lleve a un cuestionamiento tal, que sienta, que lo que decida sea un acto donde se asuma el riesgo de cometer un grave error, no con el otro, si no consigo mismo.

Es que uno cuando siente inquietud y desasosiego por tener que acostumbrarse a que las cosas sean como nos han sido presentadas y que rebelarse ante ello parezca no valer la pena o si lo vale, las fuerzas no nos respondan.

Supuse que sólo una cosa nos da ánimo y de manera instintiva como le ocurre a todas las especies del mundo animal, ante el frío imperturbable que se nos presenta cuando la pasión empieza palmarse, corremos espontáneamente a la búsqueda del calor de los queridos…del prójimo compañero.

No es una justificación, sólo una interpretación en grado de tentativa y como cualquiera cuestionable.

Si se permite la hipótesis, se me figura que algunas veces el cansancio vital; la conjunción de hechos de la vida en cada uno de nosotros; la acumulación de los subjetivos detalles que nos conformaron, nos habilita a sentirnos razonablemente intolerantes con acciones para los cuales la paciencia se nos ha acabado.

Es que en el mundo de las doctrinas y de la ideología, siempre se construye un cuerpo de conceptos, de nociones y de sensibilidades que cuando lo transferimos de la psiquis al mundo de las cosas y lo verificamos, el resultado de la comprobación es que entre las ideas y nuestra acción humana la consecuencia nunca nos va a resultar satisfactoria.

La vida es hermosa pero también absolutamente contradictoria, insuficiente y generalmente injusta.

Es por ello que si se nos antoja ir buscando por la vida la felicidad y para mayor exigencia, que la misma sea colectiva, habrá que asumir aunque nos reviente, que más allá de la incoherencia y la falta de sinceridad que habita entre nosotros, aceptemos que lo imperfecto es lo corriente mas también que ser parte de este pueblo nos exige que debemos respetarlo como el campesino lo hace con la tierra, con la semilla y con el viento y para ello es imprescindible ser categóricos en nuestra autocrítica para no viciarnos y no apartarnos de nuestra esencial condición.

Es que el calor que nos salve de caer en la resignación, sólo es posible encontrarlo siendo sinceros, genuinos y completos de humildad, para que de esta forma nos convirtamos en seres cordiales.

Un sencillo pero veraz: «en esto nos hemos equivocado» o «esta es mi verdad pero puede haber otra» y si quiere para ser más radicales incluirle a las palabras una reparadora disculpa, no sólo nos hará creíbles si no que nos acercará a lo que siempre hemos pretendido ser…

Creo que estamos aun a tiempo.

Una lectora, de esas que por suerte no me faltan, describió que me leía porque le figuraba que lo hacía de la manera que alguien lo hace cuando le escribe a un amigo y la verdad es que caí en la cuenta que siempre lo he hecho así, de esta forma sencilla, del modo que un amigo le escribe a otro.

Es por esto, que en esta necesaria búsqueda del calor, me imaginé que esta carta podía tener como destinatario a muchos… pero si tuviera que pensar en alguien a quien debería pedirle un consejo; una palabra alejada del discurso; que estuviese lejos de un cliché; si necesitara una templada voz de bravura y grandeza; esa carta aún imaginariamente, se me ocurrió que se la debería escribir a Jaime…un victorioso derrotado, si es posible asumir esa condición.

Es que sólo a seres imperfectos pero que se asemejan a un ángel cómo lo era Jaime Pérez, no sólo nos animan si no que nos enseñan a ser humildes, autocríticos, limpios y llanos para que podamos levantarnos y andar, aunque se nos haya podido deshacer el alma.

A ese hombre bueno, que se pretende dejar en el olvido, le contaría como a un padre, las cosas que razono, pienso y siento.

Le hablaría de mis preocupaciones, le diría que desde mediados de julio hasta el viernes que pasó, me embargaba cierta inquietud interna, de esa que se nos genera cuando se nos mezclan varios sentimientos contradictorios a la vez: enfado; contrariedad; decepción; al mismo tiempo que rebeldía y rabia cuando se la entiende a esta como la combinación entre ardor y coraje.

Siento que aún nos sobran las razones a pesar del lastre que generan nuestras propias macanas.

Que veo que no soy el único…mas todo lo contrario, advierto y escucho que somos muchos que aún cabreados, tenemos la reserva que se necesita para seguir y que nuestra parte desobediente e insubordinada nos dice desde nuestras entrañas que nada aún es demasiado.

No sé que me respondería Jaime…puedo suponerlo…seguro me diría que no me rinda, que lo manifieste, que lo vocee y ¡que se los diga a todos para que no nos rindamos!

Y yo digo, que lo hagamos también, para que no lo sigamos abandonando y dejando a Jaime en el injusto desamparo.

Lo cierto, que el sábado 3 de agosto, en una soleada tarde de este invierno, un año más, con la roja bandera puesta en nuestro corazón, con Carmelo, Osmar y unas decenas más, nos plantamos contra el olvido evocando a Álvaro Balbi, en la plaza que lleva su nombre, allá por la hermosa Lezica.

«Al mundo no hay que resistirle, lo que hay que hacer es elegir bien el mundo que uno prefiere y al cual hay que darse, y a ése, ah, a ése hay que darse a fondo, como cuando se nada o se duerme o se quiere».
Julio Cortázar.

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2 Comentarios
  1. ugo codevilla dice
    Una aclaración pertinente. La capacidad de conocimiento humano es imperfecto, pero, existen mecanismos para limpiar la percepción, a eso le llamamos adoptar una postura científica. Nada es estático, tampoco la percepción de la realidad, lo que cuenta es descubrir el meollo de las cosas, el motor que lo hace funcionar. El problema comienza cuando esta posibilidad deja de interesar por equis razones. El marxismo, por ejemplo, quedó sepultado por la derrota de la izquierda no por estar equivocado (marxismo en movimiento, no estático). Esto te diría Jaime, claro. el anterior a la cárcel.
  2. Mauricio dice
    Que bocanada de oxigeno bajo el agua han sido esas palabras, que importante la sinceridad mas no tanto hacia los demás sino mas bien hacia con uno mismo, para conocerse y cumplirse , para culminarse como persona integra, palabras sabias fueron las que alguna vez escuché , para respetar y que nos respeten, no hay como respetarse a uno mismo

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