#IdearioIglesia católica y abusos: iluminar las tinieblas

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Como una modesta ola convertida en tsunami, el tema de la
pedofilia en el seno de la Iglesia católica sigue cimbrando las
estructuras de esa institución. Provenientes de distintos puntos
del planeta donde llega su vasta influencia, las denuncias y
acusaciones que envuelven al clero ligado al Vaticano tienen no
sólo la fuerza de la cantidad sino también la contundencia que
dan los testimonios y las pruebas irrefutables.
La carta abierta del papa Francisco sobre el caso de los abusos
sexuales cometidos por clérigos en Pensilvania, EEUU, evidencia
por un lado el saludable cambio de enfoque que el actual
pontífice da al escandaloso asunto, pero por otro lado continúa
ensanchando la grieta a través de la cual se entrevé la magnitud
que el mismo alcanza.
El documento papal puede leerse como una reacción directa al
informe que dio a conocer un jurado investigador de Pensilvania,
según el cual a lo largo de varias décadas 300 sacerdotes (pero
también monseñores, obispos auxiliares, obispos, arzobispos y
cardenales) agredieron sexualmente a más de un millar de niños,
niñas y adolescentes. Indica, asimismo, que la política del Papa
acerca del tema se aparta de la de sus antecesores, oscilantes
entre la opacidad, el ocultamiento, la negación y hasta
justificación de las tropelías cometidas por integrantes de los
distintos grados de la jerarquía eclesiástica. Es cierto, ninguno de
quienes precedieron a Francisco llegó a los extremos de aquel
Benedetto Gaetani, a quien con el nombre de Inocencio VIII
(1294-1304) se atribuye la frase: Tener relaciones con niños no

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