Cada 2 de febrero es una oportunidad para poner sobre la mesa el cuidado al medioambiente, del cual somos responsables todas las personas los 365 días del año, las horas de cada díaIemanjá: fiesta de interés social

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En un mundo de violencia imperante es imprescindible cuidar las fiestas de paz. Una celebración de multitudes que disfrutan a su manera y desde distintos lugares quienes participan.

Cada 2 de febrero es una oportunidad para poner sobre la mesa el cuidado al medioambiente, del cual somos responsables todas las personas los 365 días del año, las horas de cada día.

El homenaje a las aguas naturales, sabiduría ancestral africana y originaria, es una grandiosa y espontánea invitación a la convivencia, ocasión de poner en valor el ecosistema.

Lejos de ser un problema, la fiesta veraniega de Yemanjá la Orixá africana, representa esperanzas para quienes le entregan su devoción, y hace tiempo ha trascendido el ámbito religioso afroumbandista para transformarse en evento popular.

Entre los gentíos que pueblan playas de mares y ríos de todo el país, hay un gran porcentaje son corazones agradecidos por los dones brindados.

Como toda conmemoración masiva; única en sus características por ser de convocatoria espontánea; las autoridades toman recaudos cada año para el mejor disfrute público: cortes de tránsito, recorridos de ómnibus que pasan por las playas más céntricas, suspensión del concurso carnavalero, declaraciones de interés gubernamental, guardavidas en turnos extra y más. Incluso la limpieza especial que en Brasil y la Bahía de todos los Santos se hace semanalmente, por contar con turismo anual y muchos cultos de matriz afro.

Un hecho social que recrea identidad de grupos étnicos oprimidos, afro e indígenas, unidos en la veneración a la Naturaleza necesaria para la vida.

La celebración de origen ritual es junto a las Llamadas y al Carnaval, una entrada considerable de PBI para el Uruguay en febrero. No en vano se movilizan unas 500.000 personas en torno a las costas de todo el país.

Este año elegimos una ofrenda solidaria para homenajear a la Madre de las Aguas, y allá fueron las ayudas recaudadas y nuestras oraciones para las personas perjudicadas por las inundaciones principalmente en el norte y en el litoral.

En 1997 comenzamos la promoción de ofrendas no contaminantes, en una campaña que un diario capitalino tituló «Iemanjá Ecológica». Casi nos quedamos sin Atabaque porque las santerías que solventaban el periódico no vendían barcas de espuma plast. Allí comenzó el proceso educativo y de cambio cultural que mereció un premio de la Intendencia de Montevideo.

Hoy, en diferentes lugares del planeta se tiende a la prohibición para uso comercial del poliuretano. Hay países que importan determinados productos con la condición de hacerse cargo de los envases de dicho material. Abra su heladera y vea si en ella no hay alguna de las famosas «bandejitas» de espuma plast. Es imprescindible cambiar para mirar al futuro sin remordimientos.

Como religiosos predicamos recuperar el sentido espiritual de la celebración y luchar contra el consumismo que lleva a la contaminación. Volver a la raíz.

Iemanjá no mira tamaño ni costo de la ofrenda.

Vaya con una flor al agua, con fe. O simplemente llévese a usted mismo a contemplar la inmensidad, entregando gratitud por existir.

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1 comentario
  1. Alonso de entre rios dice
    Asi que cuidan el medio ambiente dejando toneladas de basura en la playa mira que bien tienen un corso a contra mano estos negros ignoranres mata gallinas😂

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