¿Transgresión o tradición?Hombres y poliamor

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“Ser hombre poliamoroso no tiene nada de transgresor porque el hombre siempre ha sido poliamoroso”. En redes sociales me he topado en varias ocasiones con esta consiga, y cuando la analizo encuentro una parte de “media verdad” y una parte errada.

La parte de “media verdad” la encuentro cuando interpreto que con esta frase no están refiriéndose al poliamor ético, consensuado y feminista. Sino que están haciendo referencia a la interpretación errónea del poliamor como una forma de relación líquida, falta de cuidados y ética.

Esa frase sería cierta de la siguiente manera: “Ser hombre líquido no tiene nada de transgresor, porque el hombre siempre que ha podido ser ha sido líquido”. Es decir, haría referencia a que al hombre se le ha permitido a lo largo de la historia todo lo que a las mujeres se les ha negado, en lo que a las relaciones afectivas sexuales se refiere. Se les ha permitido escapar de las normas impuestas por la monogamia, que las mujeres han sido presionadas a cumplir estrictamente. De este modo, la cultura patriarcal ha permitido a lo largo de la historia que los hombres mantengan relaciones afectivas y sobre todo sexuales fuera del matrimonio o la relación monógama, relaciones en las cuales se les ha permitido también una casi total ausencia de cuidados y de aspectos éticos relacionales.

La realidad es que desde que se instauró la monogamia como norma, ha existido una doble moral en la que los hombres han podido escapar de sus principios. En Grecia y Roma de la época clásica, el matrimonio monógamo se establecía como un matrimonio arreglado para obtener descendencia, donde sólo la esposa debía fidelidad sexual al marido, y el esposo buscaba el placer amoroso y sexual fuera de él. Durante la Edad Media, los imperativos de la iglesia comienzan a regir las relaciones amorosas y sexuales, prohibiendo especialmente en la mujer la búsqueda, obtención y expresión de placer sexual.

Los hombres tenían permitido los devaneos de corte con mujeres casadas, donde obtener el amor cortés y la prostitución donde obtener el placer sexual. Durante la Edad Moderna se consolidan los imperativos de la iglesia sobre las relaciones sexo afectivas en la Edad Media: de nuevo un matrimonio por conveniencia, monógamo para la esposa y permisivo con los hombres si buscan el placer mayoritariamente sexual.

En la Edad Contemporánea, en occidente, surge el matrimonio por elección libre y se vinculan los conceptos de amor romántico, matrimonio y sexualidad. Durante los últimos años, los imperativos de la iglesia comienzan a perder fuerza a la hora de regir las relaciones sexo afectivas, siendo relevados por los mandatos de la monogamia vinculada con el amor romántico.

De este modo, se promueven relaciones basadas en la exclusividad sexual y afectiva para hombres y mujeres. En el caso de los hombres, se justifica y resta importancia al quebrantamiento de esas normas de exclusividad y fidelidad bajo una repetida creencia de que “los hombres son infieles por naturaleza”, cuando se trata de un fenómeno atravesado por importantes variables de género, históricas y culturales. El sistema patriarcal, a lo largo de la historia, ha permitido a los hombres gozar de cierta o total impunidad -en función de la época – para incumplir los mandatos monógamos, que las mujeres debían cumplir a rajatabla.

La parte errada de la frase que analizamos en este artículo es la que emerge cuando la tomamos como literal. La realidad es que un hombre realmente poliamoroso si es transgresor. Es transgresor aquel hombre en cuya manera de relacionarse sexo afectivamente no tienen cabida los mitos del amor romántico ni los principios del amor líquido. Aquel que entiende que las relaciones poliamorosas tienen que ser consensuadas entre las personas que forman parte de la relación, la cual debe ser ética, consciente y feminista.

Es transgresor un hombre que se revisa y escapa de los roles que tradicionalmente le han sido asignados en las relaciones sexo afectivas, roles que promueven relaciones desiguales, donde las mujeres quedan relegadas a cumplir con los mandatos del amor romántico, un amor sacrificado, sufrido y abnegado, y ellos a acercarse lo más posible a lo líquido, a las relaciones superficiales, sin afecto, sin responsabilidades ni cuidados.

La transgresión del hombre poliamoroso se manifiesta cuando proporciona cuidados a la(s) persona(s) que forma(n) parte de la relación, e invierte tiempo y energía en ella(s); cuando se hace consciente y responsable de cumplir los acuerdos pactados en la relación; cuando entiende que el amor no es sufrimiento, pero a veces si es sacrificio, y que en algunas ocasiones tendrá que ceder y no anteponer sus necesidades por encima de las de la(s) otra(s) persona(s). En resumen, es transgresor aquel hombre que rompe con los mandatos de la masculinidad tradicional, promoviendo relaciones igualitarias, consensuadas y éticas.

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