Hallan formas de vida ocultas en las profundidades del océano

Científicos han descubierto a 750 metros bajo la corteza oceánica unos microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones hostiles.

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Se trata de diminutos microorganismos que sobreviven en las rocas que se encuentran en las profundidades del océano bajo la corteza oceánica. Según describen los científicos del Instituto Oceanográfico Woods Hole, esta forma de vida que hasta su descubrimiento estaba oculta puede vivir en condiciones extremas debido a que los mecanismos biológicos se los permite.

Los investigadores han recolectado muestras de rocas de la corteza oceánica durante una expedición que duró tres meses para determinar cómo logran vivir estos microorganismos en esas condiciones. El estudio incluyó la búsqueda de material genético, recuentos celulares y un cultivo de muestras de laboratorio, los cuales mostraron una evidencia de que esta forma de vida cuenta con una amplia gama de estrategias de supervivencia.

Algunos microorganismos parecían tener la capacidad de almacenar carbono en sus células y acumularlo para aguantar en tiempos de escasez, mientras que otros eran capaces generar energía y producir vitaminas, lo que les permite sobrevivir en las profundidades de la corteza oceánica.

Aunque los microorganismos han sido extensamente estudiados en las capas superiores de la Tierra, existe muy poca información acerca de los que habitan en su interior. De hecho, durante mucho tiempo se dudó incluso de que nada pudiera prosperar en aquellos abismos.

Para descifrar cómo lo logran, los científicos de la institución norteamericana se embarcaron en el buque de investigación JOIDES Resolution, formando parte de la Expedición 360 del Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico. Durante la misión, consiguieron hallar muestras de rocas bajo una cresta submarina llamada banco oceánico Atlantis, que atraviesa el sur del océano Índico.

«Perforamos en un lugar en el que la corteza inferior está expuesta en el fondo marino debido a la tectónica de placas», explica Virginia Edgcomb, microbióloga del mismo centro, investigadora principal del proyecto y coautora del artículo. «Eso nos proporcionó una oportunidad muy rara para alcanzar un reino que de otro modo sería en gran parte inaccesible».

De esta forma, los autores pudieron recoger y escrutar las rocas en busca de material genético y otras moléculas orgánicas durante tres meses. Realizaron recuentos celulares y cultivaron muestras en el laboratorio para hallar cualquier signo de vida. «Aplicamos un cóctel de métodos para tratar de explorar las muestras tan intensamente como nos fue posible», relata Edgcomb. «Y así, en conjunto, los datos comenzaron a contarnos una historia».

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