Haceme la autocrítica

Últimamente hemos asistido a una serie de cuestionamientos por parte de portavoces de la coalición multicolor hacia nuestra fuerza política.

Incluso su máximo exponente, el primer mandatario, ha llegado a preguntarse en tono sarcástico: «qué es el Frente Amplio». En una auténtica confusión de roles la coalición de gobierno desnaturaliza el motivo por el cual se les eligió por 5 años. Su tarea es gobernar y no oponerse a la oposición.

El país tiene suficientes problemas que afrontar como para que el gobierno, parlamentarios y funcionarios se ocupen de lo que hace o no hace la oposición. Cumplir su función de gobernar a tiempo completo y no pasar gran parte de las jornadas criticando al Frente Amplio o justificando fracasos y promesas incumplidas en herencias malditas.

De la autocrítica nos ocupamos y ocuparemos nosotros como siempre lo supimos hacer. Proceso de discusión interna abierto, participativo y autocrítico que nos ha permitido ser la fuerza política más importante en las últimas décadas.

Es cierto que sin crítica y autocrítica no habría, no hubiera habido progreso en la Historia de la humanidad. Los avances en el campo de la ciencia, la tecnología y el progreso en las formas de organización social y política fueron posibles gracias a la existencia de masa crítica.

De ahí surge intercambio y contraposición de ideas que dan lugar a cambios en las concepciones, practicas, teorías y paradigmas. Sin duda debemos encarar un proceso de autocrítica colectiva.

Ello implicará seguramente críticas entre compañeras y compañeros; siempre en un ambiente de confianza, respeto y fraternidad. Aun reconociendo que muchas veces no es fácil aceptar una crítica y que nuestros adversarios políticos junto a sus operadores buscarán provecho de estas discusiones internas, las debemos encarar cuanto antes.

Para que esto suceda podemos y debemos hacer todos los esfuerzos para sentirnos cómodos cuando debamos decir cosas elementales cuando uno intercambia ideas intentando convencer y estando dispuesto a que lo convenzan. La fortaleza se demuestra cuando somos capaces de decirnos entre compañeros y compañeras: » gracias por corregirme, no había notado lo que dijiste»; «no lo había pensado, ahora lo entiendo»; «estaba equivocado, he cambiado de opinión»; «no tengo opinión porque no conozco el tema lo suficiente».

A modo de contribución procuraremos esbozar algunas ideas para intentar revitalizar el Frente Amplio. En general cuando nos enfocamos a lo que se llama autocrítica, enseguida nos enfocamos a desmenuzar lo que hicieron los demás y no lo que hicimos o dejamos de hacer nosotros, y el FA, como fuerza política, no deja de caer en esa tentación.

Lo primero que nos viene a la mente es buscar los errores de nuestro candidato, olvidándonos que fue votado por la mayoría de nuestra gente, las cosas que prometieron nuestros opositores, etc., dejando en segundo plano a lo que no hicimos como fuerza política.

En las elecciones del 2004, en donde obtuvimos la mayoría de los votos en primera vuelta, logramos empezar a cambiar la historia de nuestro país., pero, paralelamente y casi al mismo momento, dejamos en manos de ese gobierno electo todo el peso de lo que se venía.

La necesidad de nombrar gente políticamente con anchas espaldas para resistir los embates de la oposición en los ministerios, dejó sin las principales cabezas políticas al partido. A pesar de que se aseguraba que se tenía claro, en aquel momento, que una cosa era el gobierno y otra la fuerza política, muy pocas veces logramos diferenciarlos.

Todas las iniciativas de aquel primer gobierno partían del PE, muy pocas de los legisladores, y creemos que alcanzan los dedos de una mano para recordar alguna propuesta por el FA como partido.

Más rápido que tarde, los Comités de Base se fueron vaciando de gente y lentamente la fuerza política se fue transformando en un testigo de lo que hacía el gobierno, sin aportar el necesario trabajo a nivel de la ciudadanía para explicar las medidas que tomaba el gobierno.

Casi hasta las elecciones que perdimos no nos dimos cuenta que mejorar la vida de la población, como se hizo, no iba a generar conciencia, y ante el primer canto de sirenas bien elaborado, iban a buscar un cambio. Y eso sucedió en todos los estratos sociales.

Nuestros legisladores, en general, se dedicaron a su trabajo puertas adentro del Palacio Legislativo (cosa que está muy bien), pero olvidando el trabajo con la gente, explicando, convenciendo. Nos creímos que solo con mejorar la vida de la gente, cosa imprescindible por cierto, alcanzaba.

Los Comités, que se fueron vaciando de compañeros y de contenidos, pasaron a ser meros espectadores de lo que estaba sucediendo, teniendo muy poca o nula incidencia en el accionar del gobierno, tanto nacional como en los departamentos donde se habían obtenido las intendencias.

Así se volvió a triunfar en las dos elecciones siguientes, en donde la participación de los militantes a través de un fenómeno novedoso, logró dar vuelta dos campañas que venían con mal pronóstico. Ese fenómeno fue la organización de compañeros a través de las redes sociales con convocatorias novedosas y movilizadoras.

Pero, lamentablemente, jamás se logró conciliar el trabajo entre los Comités y las redes. Se funcionó como en dos mundos paralelos en donde nos veíamos hasta con cierta desconfianza.

Nuestro proceso de autocrítica y discusión interna lo deberemos hacer siempre teniendo en cuenta que la izquierda confronta y discute ideas para favorecer a los más necesitados y luchar por la justicia social.

En el Frente Amplio nos unimos y compartimos espacio para los más desfavorecidos y olvidados mientras que la derecha se junta por interés. Quizás la mayor autocrítica que nos debemos hacer por estos días es reconocer que no hemos tenido y menos transmitido el sentido de solidaridad a nivel mundial que la humanidad merece.

Dedicamos horas y días al tema pandemia del Covid 19 y nos olvidamos que desde hace décadas muere más gente (especialmente niños) de hambre en el mundo que del virus del coronavirus; para lo cual hay vacunas de sobra porque alimentos hay más que suficientes en todo el planeta.

1 comentario
  1. Ana Terzaghi dice
    Está bien. También deberían considerar algunos líderes, que no deben tirar dardos públicamente contra otros. Un ejemplo actual es Orsi, que cuando puede se hace el santo y tira basuritas para que recojan otros.

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