El hallazgo de una arcilla que data de hace 35 millones de años apunta a que en la Antártida del pasado crecían palmeras y baobabsHace millones de años la Antártida era un continente verde

Aunque la Antártida es conocida popularmente como «el continente blanco» o «el continente helado», hace más de 50 millones de años hubiésemos seguramente denominado a estas tierras «el continente verde». En esa época, la Antártida se encontraba unida a América y a Oceanía y no existían las corrientes marinas que controlan el clima del actual planeta Tierra. Recientemente, una muestra de sedimento marino que se encuentra en la litoteca de Texas en Estados Unidos ha servido al geólogo Adrián López Quirós para reconstruir estos tiempos en los que «el continente helado» no era para nada helado y el mundo estaba inmerso en condiciones climáticas muy similares a las que está provocando el cambio climático actual. “Es una ventana única para asomarse a esta parte de la Tierra hace millones de años, conocer cómo eran las condiciones ambientales previas a la formación de la capa de hielo y averiguar los procesos que configuraron la actual Antártida”, dijo a El País de Madrid Quirós, investigador principal del estudio de esta muestra de arcillas verdes y miembro del equipo Tasmandrake.

Según evidencian las muestras de polen fosilizado, en la Antártida existía una exuberante vegetación tropical cuando este continente, hoy lleno de hielo, se encontraba adherido a América del Sur y Oceanía. Cuando corrían esos tiempos, las aguas de los océanos Atlántico y Pacífico estaban separadas, y no fue hasta que la tectónica de placas y un descenso abrupto de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera provocaron la puesta en común de estas masas de agua que la Antártida quedó aislada térmicamente. Es este aislamiento que ocurrió entre el Eoceno y el Oligoceno, es decir hace entre 33,6 y 34 millones de años, que terminó construyendo el clima que hoy conocemos en el Polo Sur. A esta corriente marítima entre los océanos Atlántico y Pacífico se la conoce como «Corriente Circumpolar Antártica» (CCA), y es la responsable de distribuir tanto el calor a lo largo y ancho del planeta como los nutrientes, la sal y el carbono, así como también asegura el intercambio gaseoso entre la atmósfera y el agua de los océanos. Sin embargo, los deshielos causados por el cambio climático podría poner en jaque este equilibrio. Aunque el sentido común nos lleve a focalizar nuestra atención en la superficie de los glaciares para medir cuánto de éstos se está perdiendo y a qué velocidad, la fracción que se derrite más aceleradamente no está a la vista.

“El calor de la masa terrestre debajo de la capa de hielo antártica es un factor importante en la forma en que los glaciares se derriten y fluyen y en el aumento potencial del nivel del mar. Las condiciones más cálidas permiten que el agua de deshielo lubrique la base del glaciar, acelerando su movimiento y la tasa de pérdida de hielo”, afirma una investigación de la Universidad de Australia reseñada en Science Daily.

Las predicciones de la comunidad científica respecto al calentamiento global causado por las actividades humanas llevan a imaginar un retorno del Polo Sur a su estado tropical en los próximos tiempos, y es por esto que cobra importancia el estudio de estos sedimentos para tratar de reconstruir el escenario antártico hace millones de años. «Nos permite estudiar el pasado para entender el presente y ayudar a predecir el futuro, conocer mejor las condiciones tectónicas, climáticas y paleoceanográficas que llevaron al inicio y evolución posterior de esta importante corriente oceánica”, explicó Adrián López Quirós, quien ha publicado su investigación en Scientific Reports. Uno de los indicadores climáticos y geológicos utilizado para estos estudios es el mineral llamado «glauconita», una arcilla de color verde que se forma a menos de 500 metros por debajo del nivel del mar y a temperaturas menores a los 15 grados. La glauconita representa la evidencia de la apertura del Paso de Drake, el espacio entre masas continentales que permite el pasaje de las masas de agua que componen la Corriente Circumpolar Antártica. Esta arcilla, extraída del pozo de perforación ODP696 del Programa de Perforación Internacional, sirve entonces a modo de una fotografía que inmortaliza ese momento en el que se dio aquél cambio climático que marcó un fin a la era tropical del continente antártico y que desencadenó acto seguido el aumento del nivel del mar.

El paso siguiente a seguir por López Quirós es la campaña oceanográfica Powell 2020, la cual está encabezada por Carlota Escutia, delInstituto Andaluz de Ciencias de la Tierra-CSIC, y por Fernando Bohoyo, del Instituto Geológico Minero de España (IGME), en el buque de investigación Hespérides. Este proyecto busca ahondar dentro de la identificación de los diferentes eventos tectónicos y climáticos que separaron la Antártida de los otros continentes y formaron el Paso de Drake. El continente helado representaba hace 200 millones de años el centro de Gondwana, aquella colosal masa de tierra que reunía a todos los continentes que hoy conocemos, y arrojar luz sobre el proceso que llevó a la separación de todas estas piezas es crucial para entender los procesos climáticos y geológicos que se encuentran actuando hoy en día.

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