PURA VIDAHábitos de una persona autodestructiva

Algo que debemos entender sobre este tipo de realidades clínicas es que la persona cae en este tipo de conductas porque le generan algún tipo de (pequeño o gran) alivio.

La práctica del cutting o las autolesiones son un ejemplo de comportamiento autodestructivo. Lo que revelan esas conductas es un gran sufrimiento latente y un mecanismo claramente dañino para lidiar con el dolor.

Derivar en relaciones de pareja abusivas, tendencia a las autolesión, impulsividad, procrastinación, consumo de drogas y en algunos casos, hasta intentos de suicidio… La persona autodestructiva conforma un perfil comportamental altamente nocivo y peligroso para sí mismo.

En muchas ocasiones, estas conductas pueden explicarse por un trastorno psiquiátrico latente. Condiciones como el trastorno límite de la personalidad o, incluso, la esquizofrenia, por ejemplo, presentan este rasgo.

No obstante, cabe señalar que no en todos los casos hay un problema mental. Los adolescentes o aquellas personas que han sufrido negligencias en su crianza o abusos físicos pueden evidenciar comportamientos desregulados.

Algo que debemos entender sobre este tipo de realidades clínicas es que la persona cae en este tipo de conductas porque le generan algún tipo de (pequeño o gran) alivio.

La intensidad emocional interna es tan intensa que necesitan volcar toda esa ansia en algún comportamiento. Sin embargo, el alivio que encuentran ofrece un placer muy corto y, en última instancia, esas prácticas dificultan el poder lograr una vida plena y satisfactoria.

¿Qué significa ser una persona autodestructiva?

Por término medio, y como bien hemos señalado, el comportamiento autodestructivo suele ser síntoma de otros problemas psicológicos subyacentes. Por lo general, esconden tras de sí un trauma, una realidad dolorosa que fragmenta desde bien temprano el equilibrio interno de la persona.

Tras ello, en lugar de aplicar mecanismos de afrontamiento para lidiar con esa situación vivida, lo que se hace es desplegar una serie de conductas claramente dañinas para uno mismo. ¿La razón? Lo que buscan es canalizar de algún modo el sufrimiento acumulado, la rabia que no se va, la tristeza que persiste y esa angustia que se entremezcla con la frustración.

La persona autodestructiva siente que todo su mundo está fuera de control. Sin embargo, y en medio de ese caos psicológico, un modo de sentir que se tiene el control es cayendo en conductas dañinas y desreguladas.

Ejemplo de ello es la autolesión o el cutting, algo muy común en jóvenes de entre 12 y 18 años. Cortarse, autoinfringirse cortes y heridas les genera alivio emocional y la sensación de que ellos controlan el dolor.

Hábitos comunes de la persona autodestructiva

La persona autodestructiva nunca mirará por su propio bienestar. Su tendencia está orientada siempre hacia el caos, hacia esa búsqueda del dolor para apagar, curiosamente, otra forma de dolor: uno más interno y más profundo.

Lo sabe por ejemplo, quien consume alcohol como forma de escape, siendo consciente de que ese hábito lo acabará destruyendo, pero querer hacer nada por derivar en ese abismo. Comprendamos por tanto cuáles son por término medio, los hábitos que les definen.

Tendencia hacia la incompetencia forzada

A la hora de realizar cualquier tarea o proyecto, las persona autodestructiva centrará toda su atención en sus propias limitaciones, en su (aparente) incompetencia y sus fallos. Inflarán todas sus inseguridades y vacíos para demostrar al mundo y a sí mismas que no sirven para nada.

Esa autoindulgencia los deja adheridos a una zona de confort de la que no quieren moverse. De ese modo, quedan una vez más revolcándose en sus propias desgracias y alimentándolas de manera continuada.

Enfoque derrotista

No se esfuerzan, abandonan pronto toda actividad, recurren al victimismo y a esa negatividad que impregna cualquier ámbito de su vida. Asimismo, son esos perfiles que se devalúan a sí mismos de manera constante y alimentan sesgos como las profecías autocumplidas. Es decir todo lo malo que dicen que va sucederles les ocurre porque ellos mismos las provocan.

Pasividad y victimismo

Las personas autodestructivas están vacías de motivaciones y son pasivas ante cualquier acontecimiento, adversidad u oportunidad que se abre ante ellas o circunstancia que les obligue a actuar. Se escabullen, no se responsabilizan de nada y no dudan en practicar el victimismo crónico.

Interrelaciones agresivas

Todo aquel que sufren de manera profunda y constante tiene aristas. Quien arrastra tras de sí el peso de un trauma o de un pasado de abusos, por ejemplo, puede derivar fácilmente en la autodestrucción. Sin embargo, en ese camino de sufrimiento no duda en proyectar ese malestar interno en todo aquel que le rodee.

Las relaciones de amistad no duran demasiado. Las parejas vienen y van y, por lo general, traen más dolor que felicidad. No son personas de trato fácil porque siempre están sumidos en altibajos y les cuesta crear vínculos en quienes confiar: el dolor es, a menudo, un arma de doble filo que hiere a todo el que le rodea.

Mala gestión emocional

El universo emocional en la persona autodestructiva está fragmentado, es caótico e imprevisible. Su interior está habitado por un gran número de emociones de valencia negativa, como el odio, el desconsuelo, el enfado, la tristeza, el miedo, la culpa, la vergüenza.

Esas realidades actúan como el vapor de una olla a presión; necesitan salir de alguna manera, pero cuando lo hacen son como estallidos de ira y violencia.

Conductas adictivas y de riesgo

Abuso de drogas, alcoholismo, adicción al sexo, a las compras compulsivas, trastornos de la alimentación, autolesiones… Las personalidades desreguladas y autolesivas evidencian casi siempre alguno de estos problemas vinculados. Aparecen poco a poco hasta que al final, adquieren mayor trascendencia y ponen en riesgo su vida.

Estudios como los publicados en la revista Violent adolescents por la doctora Andrea Scherzer inciden en el hecho de que esta realidad es cada vez más común en los adolescentes.

Negativa a recibir ayuda

Un rasgo común de este perfil es la negativa absoluta a recibir ayuda. Rehúyen del apoyo familiar y, aún más, de la intervención de un profesional.

Consejos para acabar con los comportamientos autodestructivos

El primer paso para tratar los comportamientos autodestructivos pasa por la toma de consciencia de la realidad de cada uno. Entender que esas conductas que promueven y refuerzan no solucionan nada, sino que elevan aún más el sufrimiento, es algo esencial.

El primer vector a trabajar son los sentimientos inconscientes de la culpa y la rabia. Estas dos realidades orbitan de manera silenciosa en cada conducta arriesgada. Se busca acallarlas, silenciarlas, sustituirlas por el placer… El primer paso será retirar todos los mecanismos de defensa y trabajar esas emociones.

El segundo vector pasa por una terapia cognitiva en la cual trabajar el diálogo interno, los Es necesario poner el foco de atención, sobre todo, en nuestros adolescentes. Son ellos la población que evidencia, en mayor grado, este tipo de conducta lesiva.

Es recomendable en todos los casos conocer el origen de esa situación. La persona autodestructiva puede evidenciar desde un trauma hasta alguna condición como el trastorno límite de personalidad. En todos los casos, es aconsejable hacer terapia de familia e insertar a esas figuras cercanas del paciente en la intervención psicológica.

Por último, es conveniente introducir nuevos hábitos de vida más saludables. Si además les dotamos de adecuados mecanismos de afrontamiento, podrán hallar nuevos intereses en los que involucrarse de manera más beneficiosa y respetuosa.

Para concluir, es importante que todo este tipo de cuadros psicológicos se traten por psicólogos especialistas. Los hábitos destructivos pueden derivar en ocasiones en suicidio y esto, es algo que debemos evitar.

 

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