#OpiniónGuerra comercial: los convidados de piedra

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Hace mucho tiempo que en el mundo no se escucha hablar del término “guerra comercial”, parece ser una terminología y situaciones de otro tiempo, casi jurásicas. Sin embargo, el mundo tiende a eso, si bien la situación mundial actual no puede ser catalogada de manera definitiva de “guerra comercial” hay hechos e indicios fuertes que bien podrían llevarnos a ello.

¿Qué es una guerra comercial? Podríamos definirla como el conflicto que se manifiesta entre dos o más naciones con respecto a los aranceles comerciales entre sí que tiene como motivo principal el descontento del intercambio comercial de uno o más de los involucrados en el conflicto. Esto significa que hay alguien que quiere modificar o mejorar su balanza comercial con la contraparte llevándola a situaciones de un proteccionismo mucho más acentuado que el normal.

EEUU registra un déficit en la balanza comercial con China de 375.000 millones de dólares. Le exporta 130.000 millones al gigante asiático pero recibe importaciones de 506.000 millones. Aquí está la madre del conflicto y el comienzo de algo que se sabe como empieza pero se desconoce cómo termina.

Donald Trump asume como la cara visible de la nueva política estadounidense. Agresión comercial y desconocimiento de los ámbitos internacionales que se han creado para regular y solucionar las controversias; el Grupo de los 7 (G7) y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero el tema no se agota en China ni mucho menos. La Unión Europea también es objeto de protecciones arancelarias por parte de EEUU y las amenazas permanentes a Canadá y México para la ruptura del Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (conocido como el NAFTA) han sido la moneda corriente de la nueva era a partir de la asunción de Trump, que parece resuelto a diseñar un nuevo mapa comercial en el mundo, sin considerar a quien se lleva puesto.

EEUU afirma que hay una transferencia injusta de tecnología hacia China en detrimento de la producción y el mercado laboral estadounidense. Con ese discurso ganó las elecciones, por lo que detrás del conflicto no existen solo razones comerciales, sino que se entremezclan con cuestiones políticas y de defensa de ciertos intereses corporativos. Por otro lado, la intervención continua del Banco Central chino sobre el valor de su moneda distorsiona las relaciones de compraventa en el comercio mundial. China juega y gana no solo en el ámbito comercial sino que también lo aprieta y les afecta gran parte de su sistema financiero.

Se reunieron hace unos días en Buenos Aires el Grupo de los 20 países más poderosos (G20) con sus respectivos ministros de Finanzas y presidentes de Bancos emisores de cada país. La agenda de la reunión era otra, pero la amenaza de una guerra comercial fue el tema destacado, ya que genera una preocupación a nivel mundial importante. Todos son conscientes que una guerra de este tipo no beneficia a nadie, más bien perjudica a todos y como siempre pasa en mayor medida a los países más pequeños y menos desarrollados.

La política comercial internacional hoy es “ojo por ojo”, “diente por diente”. A un arancel puesto en un sector te respondo con una medida de igual tenor y valor a tus productos. El juego es ahora a tres bandas: EEUU, China y la Unión Europea, suficientes actores como para poner a prueba los nervios de todos. China y la Unión Europea representan más de 1/3 de la producción económica mundial y casi 1/2 del comercio global.

La disputa de Trump fue contra los países europeos introduciendo aranceles a las importaciones de acero y aluminio y es casi un hecho que seguirá con la fabricación de automóviles. Países como Alemania son los principales afectados.

La Unión Europea en lugar de crear un “Frente AntiTrump” denunció a EEUU por un lado aduciendo políticas proteccionistas y a China por otro por socavar las leyes de propiedad intelectual, además de aplicar medidas espejo.

A China le tocó aranceles a 1.300 productos chinos por valor aproximado de 50.000 millones de euros, generando la represalia de Pekín del mismo tenor. Trump amenaza ahora de imponer aranceles adicionales valor de 200 mil millones de dólares.

La pregunta es: ¿Cómo afecta al comercio mundial la suba de aranceles de un lado y del otro? ¿Cómo nos pega a los países más pequeños, a los que no tienen arte ni parte en este conflicto? Son las preguntas que nos tenemos que realizar si queremos prevenir, alertar o poner barbas en remojo.

La primera consecuencia clara es una reducción del comercio mundial y si los tiros se acentúan puede desestabilizar el equilibrio mundial afectando gravemente el crecimiento económico global.

Se elevan los precios internos de los países y se genera una disrupción de las cadenas de bienes intermedios. Esto trae como consecuencia pérdida de puestos de trabajo, reducción de salarios y disminución del consumo.

En el mundo financiero las consecuencias ya se ven ahora. Las Bolsas han bajado sus cotizaciones, especialmente en las empresas afectadas por las medidas (aceros, alumino, etc) y de profundizarse la guerra podría afectar también los flujos financieros. El yuan acaba de devaluarse, nadie sabe si de manera genuina, por efectos transitorios o como parte de la política de los chinos.

La experiencia empírica ha indicado que quienes tienen fuertes protecciones arancelarias generan una reactivación aparente que en el fondo tienen falta de eficiencia, aumento de costos y atraso tecnológico cuyas consecuencias se ven en el futuro. Seguramente cuando Trump ya no esté.

Para los países de América Latina se esperan cambios y represalias según se vinculen con unos o con otros.

Si por ejemplo la producción de olivos tiene fuertes restricciones al ingreso de EEUU, yo tengo acuerdo comercial con España (principal productor) y le adquiero parte de su producción pero mantengo relaciones comerciales con EEUU, tarde o temprano me llegará la represalia por algún lado. Si estamos en guerra, estamos en guerra. Las víctimas no son solo los soldados que van a ella, también afecta a los convidados de piedra.

Con un agravante. La guerra para los grandes es en enormes cifras millonarias pero que medido en sus economías les afecta pero tienen resto. Para los países de este lado del continente puede ser la vida o la muerte de su economía. Tan solo pensemos en una severa restricción de carne, soja y celulosa en nuestro país.

Como dijera Carl Von Clausewitz “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Ese parece ser el lema de Trump, cuyas agresiones permanentes apuntan a combatir el liderazgo político y comercial a pasos agigantados que tienen los chinos y a solicitar más involucramiento a la Unión Europea en los temas militares que EEUU suele embarcarlos, de la que quiere repartir sus gastos.

Trump es el principio de este negro panorama mundial. Lo más triste es que seguramente no será el final, sus herederos tendrán que encargarse del desastre que él arme.

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