#ContraseñaGobierno tímido no resuelve crisis

En momentos de pandemia, donde además de las consecuencias sanitarias la población a escala global sufre las consecuencias sociales y económicas del «parate» de la economía, en todos lados vemos cómo el Estado cumple un rol preponderante, atendiendo situaciones que el mercado por sí solo no es capaz de resolver.

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Es así que gobernantes de diferentes (y a veces antagónicas) ideologías como Trump, Macron, Merkel, Pedro Sánchez, Piñera o Alberto Fernández han liderado en sus respectivos países el impulso de paquetes de ayuda muy potentes, de varios puntos del PIB, dejando momentáneamente de lado la preocupación por el déficit fiscal y poniendo el foco en asistir a aquellos que han perdido su trabajo o a quienes no pueden afrontar la sostenibilidad de sus empresas, en particular las pymes, que en todos lados son la enorme mayoría del universo empresarial.

Todos han entendido que es fundamental sostener el entramado social y productivo, y que ello requiere de recursos, porque, además, el costo de no actuar enfrentando luego las consecuencias es muy superior al de las medidas que se tomen a tiempo.

Es así que por ejemplo en América Latina según el BID, el costo de las medidas anunciadas en cada país equivale en promedio a 4,1% del PIB, y si sacamos el financiamiento a empresas el monto es de 2,7%.

En Uruguay, en materia de gasto el gobierno ha tomado medidas que han ido en la dirección correcta pero que son insuficientes; para que una medida tenga el efecto deseado no sólo debe estar bien orientada, sino que también debe tener la potencia requerida, una hemorragia no se para con una gasa.

De esta manera el apoyo destinado en Uruguay excluyendo el financiamiento a empresas es de 0,7% del PIB, el cual es aproximadamente la cuarta parte del promedio de América Latina.

Si bien esta comparación exime de mayores comentarios en cuanto a la insuficiencia de las medidas anunciadas, podemos ver el ejemplo de lo resuelto como apoyo para los trabajadores informales: un subsidio de $ 1.200 mensuales, lo cual torna inviable la subsistencia de las decenas de miles de personas que se encuentran en esa situación.

Pero a las tímidas medidas de gasto para apoyar a los más vulnerables se suman un conjunto de medidas entradas en vigencia en plena pandemia que encarecen el costo de vida de los uruguayos y/o que frenan la economía:

# aumento del IVA para compras con tarjetas de débito y de crédito;
# aumento de tarifas públicas;
# recorte del 15% de los gastos de funcionamiento en Ministerios y Empresas Públicas.

A todo ello se suma una inflación que en los últimos meses se ha disparado, especialmente en alimentos y bebidas.

El freno de la economía por cuestiones sanitarias, junto a las insuficientes decisiones de gasto y a los aumentos de impuestos y tarifas, sumado a una mayor inflación tendrá un importante efecto en los niveles de pobreza en nuestro país.

Según un estudio del Instituto de Economía de la Udelar, realizado por los economistas De Rosa y Brum, la pandemia causará que aproximadamente 100.000 personas caigan en la pobreza.

Es momento de tomar medidas mas potentes, que eviten el aumento de la pobreza y la desigualdad en nuestro país; si bien Uruguay tiene un déficit fiscal alto cuenta con una gran solidez financiera para acometer las acciones necesarias: hoy tenemos aproximadamente 2.200 millones de dólares en préstamos contingentes preaprobados con organismos multilaterales de crédito.

Por ejemplo, además de necesario es cada día más urgente otorgar un ingreso de subsistencia, excepcional y transitorio a aquellos que no acceden al seguro de paro, que como hemos propuesto debería ser el equivalente a un Salario Mínimo Nacional, nadie sobrevive con $ 1.200 mensuales.

No es esta una idea descolgada, ni es patrimonio exclusivo del Frente Amplio, en esta misma dirección se ha pronunciado la Cepal a través de su secretaria ejecutiva Alicia Bárcena, proponiendo un ingreso básico de emergencia (IBE) para todos los países de América Latina.

Si teniendo los recursos necesarios para actuar no se toman las medidas que eviten el aumento de la pobreza y la desigualdad, se tratará al final del día de una pésima decisión política del gobierno.

La pandemia no es culpa de nadie, pero la forma en que respondamos como sociedad sí, creemos en una salida colectiva, donde los daños se repartan solidariamente y con ayudas suficientes y en tiempo para aquellos que menos tienen y más sufren.

No es momento de actuar con timidez, en tiempos de pandemia lo urgente es la gente.

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1 comentario
  1. Pedro de la Heroica dice
    Ya quieren salir a tirar plata a diestra y siniestra…así fundieron al país, haciendo cualquier cagada con dinero ajeno. Los créditos hay que pagarlos, no vienen de regalo… no entienden nada…Como dicen… no hay almuerzos gratis en America…y en Uruguay tampoco.

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