Fracasa el intento de detener la reproducción de mosquitos a través de su modificación genética

El experimento que buscaba alterar genéticamente a una población de mosquitos para que no fueran capaces de generar descendencia termina creando mosquitos híbridos más resistentes

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Uno de los animales más molestos es sin lugar a dudas el mosquito. A la vez que constituye un eslabón fundamental del ecosistema, el mosquito representa para los humanos un peligroso vector de transmisión de enfermedades.

A lo largo del desarrollo del conocimiento científico, se han ideado muchas vías para tratar de combatir las picaduras de este insecto. Desde el empleo de «mosquiteros» en las puertas y alrededor de la cama hasta la creación de sustancias químicas que logren ahuyentarlos, la ciencia ha dedicado una parte importante de sus razonamientos a la lucha contra estas diminutas jeringas voladoras.

Hace poco se demostró el mosquito a huye de los repelentes a causa de unas moléculas que se adhieren a receptores presentes en las patas del insecto, por lo que se pensó en generar prendas de vestir que contengan tales moléculas en sus tejidos.

Otra estrategia para esta guerra fue más ambiciosa: generar mosquitos modificados genéticamente para que produzcan una descendencia destinada a morir rápidamente. Por desgracia o no, esta estrategia terminó en el fracaso.

La idea formaba parte de un proyecto de investigación brasilero que buscaba cruzar estos «mosquitos defectuosos» con otros mosquitos transmisores de enfermedades que representan una amenaza para la humanidad.

Al reproducirse ambos grupos de mosquitos entre sí, las poblaciones de ambos deberían de ir disminuyendo con el tiempo.

Efectivamente, esto fue lo que sucedió en el municipio de Jacobino del estado de Bahía (Brasil), al menos durante un breve período.

Las poblaciones de estos insectos cayeron en picada, pero pasados 18 meses las poblaciones volvieron a crecer, esta vez compuestas por individuos híbridos genéticamente que resultaron ser más resistentes a las estrategias de guerra humanas.

La razones detrás de los deseos humanos por erradicar a las poblaciones de mosquitos van más allá de su irritante zumbido y la comezón que generan sus picaduras.

Estos animales son capaces de transmitir enfermedades difíciles de tratar como el zika, el dengue y la malaria, y el panorama se vuelve más amenazante teniendo en cuenta que los mosquitos se están reproduciendo más que nunca causa del cambio climático.

El intento por alterar la genética de estos insectos para impedir su exitosa reproducción no tuvo en cuenta la posibilidad de que los genes de las cepas alteradas ingresaran a las poblaciones no alteradas de mosquitos, las cuales sí son capaces de generar descendencia.

El resultado: el apareamiento entre las poblaciones salvajes y las poblaciones alteradas genéticamente produjo a largo plazo una descendencia híbrida que es incluso más resistente que los mosquitos salvajes existentes previamente.

Según la publicación de este trabajo de investigación en la revista Nature, si bien estos híbridos no son inherentemente peligrosos, es imposible prever qué sucederá con las generaciones futuras, y esto es lo que genera más preocupación en los científicos responsables.

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