Estudiar, estudiar, estudiar: la estrategia postpandemia de los hogares

La estrategia de sobrevivencia de los hogares es el mecanismo dominante que desarrollan para mejorar sus condiciones de vida.

Históricamente, es el factor que mueve incluso a las sociedades en sus grandes procesos sociales y económicos. Hace siglos, las familias aumentaron la cantidad de hijos asociado a un modelo de tareas agrícolas.

Con el tiempo propendieron a colocar a un hijo en la iglesia y otro en el ejército, buscando diferenciar las actividades agrícolas. Posteriormente impulsaron procesos de migración campo–ciudad.

En otra época, un eje destacado de las estrategias de sobrevivencia correspondió a la emigración internacional. La democratización, la sindicalización y el impulso a la regulación estatal fueron caminos de las estrategias de mejoramiento y de movilidad social.

En tiempos más presentes, la urbanización ha tenido un rol más destacado y sin duda la inserción de las mujeres en la población trabajadora. Las estrategias de mejoramiento de sus condiciones las han tenido y las tienen todos los grupos sociales.

Han sin duda estrategias individuales y adelantadas. Cuando esas selecciones se generalizan estamos frente a estrategias sociales de sobrevivencia de las familias, que es cuando se desarrollan por parte de los grupos sociales menos favorecidos, y que se impulsan movimientos sociales más allá de las elites que siempre hacen en forma más previsoras sus decisiones.

La presión por el empleo público o la expansión del pequeño comercio también han sido escapes y estrategias de sobrevivencia en la búsqueda de mejorar las condiciones sociales.

Sin embargo, tales estrategias son muchas veces de corto plazo, y por diversos motivos muchas de ellas se han ido cerrando a medida que se tornan procesos masivos de búsquedas de oportunidades. Incluso las estrategias de sobrevivencia como emigración internacional van cambiando sus destinos.

Los miles de cubanos, dominicanos y venezolanos han reorientado sus destinos hacia el sur, visto el creciente cierre de la frontera norteamericana al ingreso de personas con baja capacitación o incluso más allá de sus competencias.

Más allá de factores políticos, hay factores económicos y sociales que determinan cuáles son las estrategias de sobrevivencia de las personas.

La escolarización ha sido una de las estrategias de sobrevivencia colectiva de las sociedades en el siglo XX, y crecientemente ello está llegando, no a la educación básica, sino a la educación especializada, a aquella que agrega competencias no meramente genéricas sino específicas, que en general se asocian a los estudios terciarios, universitarios o de posgrado.

La construcción de capital humano es claramente una de las estrategias de sobrevivencia de los hogares con mayores tasas de retorno en el largo plazo a medida que las sociedades aumentan su complejidad y la densidad tecnológica de su base productiva.

Ha sido este un fuerte camino de la sociedad americana desde los años 50, de Europa desde los 60 y de los países asiáticos desde los años 70. Es este un gran proceso que está desarrollándose en América Latina desde los años 80 en adelante y que ha tenido un crecimiento, como en el resto del mundo, casi ininterrumpido desde entonces.

Los hogares han ido descubriendo sucesivamente que la estrategia de sobrevivencia más importante en el largo plazo es dotarse del capital humano necesario para mejorar sus trayectorias de vida. La menor tasa de desempleo y los mayores salarios de los técnicos y profesionales constituyen el incentivo dominante, pero también la decreciente oportunidad de las otras estrategias de sobrevivencia.

Las migraciones locales o las internacionales son cada vez más difíciles en el entono global. El crecimiento en estos años del empleo público se agotó al haber deformado las estructuras de financiamiento y al contrario se producirá una reducción del tamaño del Estado.

El pequeño comercio está fuertemente golpeado por el delito, las estructuras impositivas y la tendencia a la concentración y el aumento de las escalas. Incluso el delito y el robo, que se han constituido en una estrategia de sobrevivencia económica para miles de personas, están comenzando a tener un freno en tanto el sistema político y las sociedades han decidido poner límites a escala global, y también aquí, a estos caminos que en general son de corto plazo.

En fin de cuentas, hay que entender que el robo es una forma de redistribución del ingreso y con ello, una estrategia de sobrevivencia para algunos a costa de otros, y con bajos costos.

La pandemia está reorientando las estrategias de sobrevivencia y las opciones de las personas en el nuevo contexto. Se constata ya en todas partes una tendencia al aumento de los estudios por parte de las personas.

Bien sea de quienes han salido de los mercados de trabajo y que buscan en un futuro reinsertarse con mayores competencias, como de quienes mantienen sus trabajos pero tienen claro el cambio de las competencias laborales necesarias y el aumento de demandas de trabajo que hace el mercado laboral más competitivo.

Este proceso de incremento de los estudios se tiende a producir en el corto y mediano plazo en los procesos de crisis. En el auge económico, la gente prefiere trabajar y la propensión a estudiar se reduce ante los aumentos salariales que derrama el crecimiento.

Inversamente, en la crisis, las personas optan por aprovechar el tiempo libre para aumentar su capital humano, invirtiendo los recursos ahorrados en estudios o realizar un sobreesfuerzo para compaginar más educación y trabajo.

La educación virtual sin duda contribuye a este proceso, al permitir una mayor flexibilidad en las oportunidades de estudio. Para inocularnos de la pandemia, ni la vacuna ni el barbijo alcanzan la solución es estudiar, estudiar y estudiar.

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