España libra 17 batallas dispares contra el coronavirus

Las comunidades se organizan internamente sin coordinarse con el resto: ni se trasladan pacientes ni viaja personal de las menos afectadas a las que lidian con miles de contagios.

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“No es que no queramos, es que no podemos”. Un alto cargo autonómico resume así la situación: las comunidades más desbordadas no están trasladando pacientes a las que aún aguantan el tipo. No ha habido conversaciones oficiales entre consejerías de Sanidad ni hay una directriz clara o una mediación del Gobierno que lo propicie, según confirman varias fuentes. Cada autonomía está haciendo la guerra al coronavirus desde sus propias trincheras. Y con sus propios soldados: los trasvases de personal entre los distintos servicios de salud son una maraña burocrática en la que, de momento, ninguna comunidad quiere empantanarse.

Sanidad anunció este lunes, a preguntas de los periodistas, que “estudia” trasladar pacientes ante la saturación de las UCI, sin mayor concreción. El ministro, Salvador Illa, dijo que “no se descarta nada”, pero que de momento no se ha coordinado el cambio de ubicación de pacientes o de personal, sino el de “equipos y suministros”.

Hace más de dos semanas llegó a plantearse en las reuniones de coordinación del ministerio que se moviera material sanitario, como equipos de protección individual, de las regiones menos afectadas a las que empezaban a sufrir el incremento de contagios, como Madrid. Poco se ha avanzado desde entonces, salvo casos puntuales como el envío de respiradores de Galicia a la capital, que defendió Feijóo en el Parlamento gallego el pasado 26 de marzo, o la cesión de 200 camas a un hospital de la Comunidad de Madrid que hizo Castilla-La Mancha la semana pasada.

No es solo que la mayoría de autonomías ya no tengan margen para aceptar nuevos pacientes que se sumen a los suyos; las que podrían estar necesitándolo, como Madrid, no han pedido ayuda. Según los datos de ocupación de las UCI, en Madrid 1.460 personas han necesitado una de estas camas de cuidados intensivos. Esta comunidad tenía antes de empezar la crisis, en situación de normalidad, 641 puestos de críticos. Es decir, ha doblado, y va camino de triplicar, su dotación inicial. Un jefe de servicio de un hospital mediano de la región, que habla bajo condición de anonimato, prácticamente se echa a llorar al teléfono: “Estamos completamente saturados; la situación es de ahogo y denigrante para los pacientes”.

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