#OpiniónEl verdadero significado de la unidad nacional

Luis Lacalle Pou ya es el presidente electo de los uruguayos y sin objeciones de acuerdo a nuestro sistema electoral.

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El mensaje de los ciudadanos ha sido muy claro y elocuente en estas elecciones.

Por un lado le pasó factura al Frente Amplio luego de 3 períodos de gobierno optando por un cambio en el país y por otro lado le dijo al presidente electo que no le iba a dar ningún cheque en blanco y que el cambio era con todos.

Menudo problema para el sistema político uruguayo, en un país que se ha sentido cómodo trabajando en un esquema binario de dos mitades; cambiar estas cabezas no será tarea sencilla.

Todos hablamos de Unidad Nacional. Y hablamos porque ella es absolutamente necesaria y es el sentir de las grandes mayorías nacionales.

La ciudadanía le ha concedido al Frente Amplio el ser la mayor fuerza política del país. Un mandato ciudadano que no es poca cosa y que debe ejercerse con responsabilidad, seriedad y mucha firmeza. No somos de los que creemos que al país «cuanto peor le vaya, mejor» sino todo lo contrario.

No parece razonable en este contexto, una izquierda opositora per sé, oponiéndose a todo lo que venga, levantando la temperatura en cada tema que se ponga arriba de la mesa o desentendiéndose de la realidad nacional. Motivos tiene, ya que fue lo que hizo la oposición en todo el período pasado, pero la madurez del ejercicio de gobierno y la priorización del país por encima de cualquier otra cosa debe pesar de manera primordial para pararnos en este nuevo escenario.

Tampoco podemos imaginarnos a la coalición multicolor prescindiendo de la izquierda nacional. No solamente en el diálogo sino en la interacción permanente en todos los estamentos de gobierno. No es lo que algunos querían, pero la realidad política marca eso con mucha claridad y entenderlo es clave si queremos que el país siga transitando por la vía del desarrollo y el crecimiento.

Parece poco imaginable en este contexto que el gobierno electo presente la tan mentada ley de urgente consideración de 500 artículos para votar a tapas cerradas junto a sus socios multicolores y pasando por arriba a la izquierda nacional. Sería una torpeza política casi infantil, una señal de confrontación con el Frente Amplio que marcaría la cancha de los próximos 5 años y le daría la espalda al conjunto de la ciudadanía con el claro mensaje que dejó en las urnas.

El gran tema es; ¿cómo llevamos a la práctica un proyecto de unidad nacional cuando el país se encuentra fracturado en dos mitades políticas e ideológicas? Este es quizás el gran tema a elaborar en estos nuevos tiempos.

Hay que encontrar respuestas, y ellas deben emanar de la sabiduría del pueblo en su conjunto y la justa interpretación de sus dirigentes.

Primero, se necesita ante cada tema nacional lograr una adecuada correlación de fuerzas que empuje al país hacia la expresión política que nos exprese a las grandes mayorías.

Un ejemplo claro es cuando nos encontramos con la vicepresidenta electa Beatriz Argimón en una manifestación contra la violencia de género. Esa actitud política, esa masa de gente haciendo suyo la agenda de derechos aísla a las fuerzas conservadoras, a los que manifiestan «si te gustó, bancátela» y aunque ellas logren importantes espacios de incidencia -como el Ministerio de Salud Pública- la alianza con los sectores populares, las fuerzas de la oposición y las contradicciones que existen dentro de la coalición multicolor nos permitirá lograr una amplia base para que el país siga transitando por estos senderos.

Defender en las movilizaciones del PIT-CNT y otros colectivos sociales las conquistas obtenidas en materia social como el salario, los derechos laborales, las prestaciones sociales del Mides, la cobertura universal de la salud y encontrar aliados en la coalición que estén dispuestos a respetar estos derechos e incluso ampliarlos es una tarea imprescindible.

Sin esta movilización no habrá proyecto de unidad nacional, ya que ello se forja en la calle, en la vida diaria, en los barrios, en las necesidades de nuestro pueblo, allí donde están todos frenteamplistas, blancos, colorados y cabildantes.

Segundo, es necesario encontrar los interlocutores válidos, aquellos actores políticos que sean capaces de interpretar con fidelidad las cosas que están en juego y que sean expresiones de esa sociedad que demanda, se moviliza y espera respuestas.

Del lado del Frente Amplio hay en marcha un proceso de renovación política, que no solo no debe ser interrumpido sino profundizado. Pepe Mujica y Danilo Astori ya son referentes históricos presentes en el Senado de la República pero que deberán dar paso y respaldo a las nuevas figuras emergentes que son realidad en la fuerza política.

Mario Bergara y Oscar Andrade son dos referentes consolidados en la izquierda nacional, indiscutidos, que deberían ser los cabeza de punta de este diálogo. Yamandú Orsi podría ser el número 3, pero su participación dependerá de las decisiones futuras que la fuerza política le tenga reservada y sus propias decisiones.

Daniel Martínez ha demostrado ser un hombre más de gestión que de clave política. Será también otro nombre ineludible, que también depende de sus propias decisiones, aunque necesitará una plataforma de donde ejercer un futuro liderazgo.

Tercero, un proyecto de unidad nacional requiere un diálogo que sea capaz de saber hasta qué punto puede llegar la otra parte y valorarla. Entender al otro es parte esencial de la construcción; una cuestión que ha estado ausente en los últimos tiempos.

Los procesos de decisión adquirirán un rol clave. Si ellos se toman su tiempo tratando de sumar a la máxima expresión política o si se aplica una aplanadora con los votos de mano de yeso de la coalición gobernante.

Ese diálogo necesita la honestidad política e intelectual de saber cuando uno es pie y cuando es mano.

Ejemplo, en materia de seguridad y de educación los propios frenteamplistas hemos manifestado la insatisfacción con los resultados obtenidos, pero simultáneamente reivindicamos las acciones muy positivas y transformadoras que hemos avanzado en estos años. Incluirnos en un proyecto nacional parte de la base que la coalición gobernante tiene la iniciativa en estos temas, y si quiere contar con nuestra participación y compromiso deberá partir de lo construido; de allí se discute todo lo que quiera para adelante.

Plantearse la eliminación de la participación docente en los organismos de dirección de la enseñanza es la primera señal que no se construye sobre los trabajosos cimientos armados, sino que ellos son dinamitados.

La unidad nacional se expresará en las grandes mayorías nacionales, donde residen las principales materia de necesidades de nuestro pueblo; educación, seguridad, empleo, medio ambiente, salud, prestaciones sociales. Allí deberá estar el Frente Amplio y hacia esa dirección debemos empujar el proyecto de país.

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