La legendaria práctica del trueque, mediante la cual personas intercambian servicios y productos sin usar dinero, se renueva en Argentina con fines solidarios y de amistad en un contexto desafiante en materia económicaEl trueque, una legendaria práctica que se renueva con fines solidarios en Argentina

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Las convocatorias a participar de los denominados «clubes del trueque» se realizan ahora a través de redes sociales o mensajes instantáneos que se envían desde teléfonos inteligentes, desde los que se constituyen plataformas para, una vez a la semana, «trocar» productos que se necesitan a cambio de servicios o cosas que ya no se usan.

Asociados en Argentina a recurrentes crisis económicas del país, los clubes del trueque tienen aquí un costado solidario y familiar, ya que sus participantes se conocen entre sí desde hace años y se reúnen no solo para hacer negocios, sino para compartir una jornada de conversaciones y rondas de mate, la tradicional infusión del Río de la Plata.

Rubén Ravera, uno de los fundadores del histórico club de Bernal, surgido en mayo de 1995 en la periferia sur de Buenos Aires y que actualmente funciona cada domingo en el centro de jubilados «Rueda de la Amistad», explicó el funcionamiento a Xinhua.

«Desde 1995 venimos trabajando regularmente en este formato de economía a la que decimos intersticial, porque está en esas grietas a las que la economía formal no llega. La gente produce algo o produce algún servicio. Usamos un bono de descuento como instrumento, para compensar los intercambios», dijo.

Ravera precisó que el club cuenta con un «grupo de coordinación que se ocupa de facilitar el conocimiento de lo que cada uno produce o genera. De esa manera se arma un mercado que puede tener desde 10 personas a miles, como ocurrió durante la crisis bancaria del 2001-2002, en donde por ejemplo el club del trueque de Luján de Cuyo, en Mendoza, llegó a tener 30.000 personas».

El club «tiene una gran capacidad de expandirse y de contraerse, condicionado a la economía general, porque utiliza mucho del tiempo ocioso de los participantes, que aprovechan el tiempo libre para participar en la red de trueque en ausencia de dinero de curso legal», señaló.

Del mismo modo, dijo que entre sus asistentes suele haber personas que tienen «un ‘stock’ inmovilizado que no vendió y lo vuelca en el club del trueque. Utiliza tiempos ociosos y recursos que no se usan, pero también cosas usadas, como un libro, indumentaria y se vuelca en esta red, donde todo de alguna manera tiene uso».

En el club de Bernal se mantiene un perfil familiar, con mujeres, niños y ancianos, por lo que cada convocatoria se limita a no más de 100 personas: «Es por una cuestión de conocimiento», afirmó Ravera.

El representante admitió que «las crisis económicas globales o nacionales impactan en los llamados, las preguntas. Muchos saben de qué se trata el club del trueque, la condición de producir y consumir en la misma medida, con servicios y productos equivalentes».

«Cuando vienen ‘vacas flacas’ hay más llamados. Cuando hay pleno empleo, que desde hace mucho tiempo no lo podemos registrar, los clubes pierden un poco de población. Pero tenemos una regularidad desde el año 95», dijo Ravera.

Argentina presenta un contexto desafiante, luego de cerrar el 2018 con una contracción económica del 2,5 por ciento, una inflación del 47,6 por ciento, una tasa de desocupación del 9,1 por ciento y un índice de pobreza del 32 por ciento, según los últimos datos oficiales.

Daniela Branda remarcó a Xinhua el motivo de su presencia en el club: «Es muy interesante para mí el hecho de poder intercambiar productos y servicios sin el dinero de por medio».

«Nuestro lema es ‘todo lo que tenés y no te sirve, a otro sí’. Generamos un intercambio directo de productos o de servicios. Mucha gente lo hace por necesidad, para mí es algo muy estimulante, me libera de la presión constante de estar en el sistema. Hacés negocios pero de otra manera, se crea un ámbito social distinto», resaltó.

Del mismo modo, subrayó que la gente que no tiene trabajo o recursos puede encontrar allí «otras maneras de poder generar un ingreso, que puede ser una cena, ropa, un servicio de limpieza o de peluquería».

Víctor Hernández, integrante de la red del trueque, dijo a esta agencia que repara electrodomésticos y hace trabajos de electricidad domiciliaria: «Pero también tenemos peluqueros, pintores, albañiles, todo tipo de trabajos domiciliarios que la gente puede abonar con los bonos del trueque», explicó.

Mientras María Aragón llegó al lugar para ofrecer, como cada domingo, pizzas, verduras y frutas, según enumeró a Xinhua.

«Cada uno hace un producto, algunos elaboran empanadas, otros tartas, otros cosas dulces. Y trato de llevarme lo que necesitamos. Me encanta, amo el trueque, nos gusta mucho venir acá, encontrarnos con gente amiga, somos como una familia unida», afirmó.

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2 Comentarios
  1. Mario Conde dice
    Ché, a estar por este diario, el único país de América Latina que se cae a pedazos es la Argentina…Según parece, en Venezuela todo está más que chévere, chico!!!
  2. Ana dice
    Y ahora en Venezuela

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