El río Santa Lucía, nuestro propio Amazonas

El río Santa Lucía conforma una cuenca responsable del suministro de agua potable a una población de 1.800.000 habitantes (60% de la población del país) abasteciendo la ciudad de Montevideo y todas las áreas metropolitanas alrededor de él. El río, de 225 kilómetros de longitud, atraviesa seis departamentos del país (Lavalleja, Florida, Flores, San José, Canelones y Montevideo), viven alrededor de él y su influencia unas 500.000 personas y emana de su lecho el 40% de la riqueza de las exportaciones del país.

Tiene esa doble condición en aparente contradicción. Nos provee de agua potable pero nos genera riqueza productiva; ambas virtudes lamentablemente han estado en grave contradicción ya que el desarrollo productivo se ha hecho a expensas del sufrimiento de nuestra principal cuenca, que ha visto en el tiempo la piqueta fatal de la agresión ambiental del hombre.

El agua es vida -parafraseando a Hegel- si siempre existe su contrario, también es muerte. El cuidado de la cuenca del Santa Lucía creíamos que era un problema ambiental, pero es mucho más que eso; hoy es tema de derechos humanos.

Un plebiscito popular en el año 2004 dio sentido profundo a la conservación del recurso hídrico y un reciente dictamen del Instituto Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo sostuvo que por el tema de los lodos existentes en el fondo del Río se violan los derechos humanos de los pobladores de Aguas Corrientes (Dictamen Nº 659/2018). Una resolución que cambió radicalmente la visión que hemos sostenido tradicionalmente para el tratamiento de estos temas. 

Solo un trasnochado como Trump o un ignorante como Bolsonaro pueden negar la existencia y la influencia del cambio climático. Este vino para quedarse y ya no podemos permanecer pasivos ante ello. Las recientes inundaciones de la localidad de Santa Lucía lo demuestran con crudeza: récord de los últimos 40 años de registro. 

Tampoco es posible tolerar la incompatibilidad entre el desarrollo productivo y la preservación del medio ambiente, ni la impunidad que han demostrado algunos productores que ante las intimaciones realizadas han seguido fumigando o utilizando productos contaminantes sin medida y atendiendo a su exclusiva rentabilidad. Habrá que legislar de manera más rotunda estos delitos ambientales y no son temas que se arreglen con multas.

Las soluciones ya están dichas desde hace casi 50 años. En el año 1971 una oficina dependiente de la OEA realizó un estudio sobre la cuenca, recomendando la construcción de represas como reservorio de agua haciendo hincapié en Paso Severino -que debía estar operativa en 1977- y Casupá -en 1988-. Alertó además sobre el impacto del desarrollo productivo que se veía venir alentando a tomar medidas contra ello y un estudio de 1985 realizado por la Comisión Honoraria de la Cuenca del Santa Lucía arribó a conclusiones similares. 

Paso Severino es hoy el único reservorio de agua existente y se inauguró en 1988 (11 años después y con la mitad de la producción recomendada) y de la represa de Casupá han finalizado los estudios para la construcción de la planta; 31 años después. Esta obra debe encararse sin más demora para cumplir una función reguladora, aunque es necesario tomar serias precauciones para la mitigación de las cianobacterias.

La segunda medida impostergable es la obra de mono-relleno para lodos de potabilización de la Usina de Aguas Corrientes. En palabras más sencillas, sacar el lodo que es el residuo que queda luego del proceso de potabilización del agua y que es devuelta al río. Su acumulación ha cambiado sus cursos y también vuelven a él las bacterias y los virus. OSE vierte al río más de 60 toneladas diarias de lodo.

Esta obra puede resolverse perfectamente con una inversión privada que tome ese lodo como materia prima para construir un producto final y comercializarlo; ejemplo, ladrillos. Si los números de la empresa no cerraran, un subsidio sale más barato que el daño irreversible que ello puede acarrear a la población y el riesgo creciente de la falta de suministro.

La tercera obra necesaria es la construcción de una nueva planta de potabilización de agua de 250 mil mts3 diarios (la tercera parte de la producción de la actual Planta de Aguas Corrientes). Tener una sola planta -como ocurre en la actualidad- es un severo riesgo que no podemos correr.

Debemos involucrar de otra manera a las Fuerzas Armadas cuya Ley de Defensa Nacional Nº 18.650 le comete el cuidado de los recursos estratégicos del país. No los necesitamos prontos para ninguna guerra ni externa ni interna, los necesitamos acá que se juega nuestro verdadero destino. La academia tampoco puede estar al margen, el conocimiento de las Universidades públicas y privadas deben estar al servicio de estas necesidades nacionales.

La trilogía de problemas tiene apariencia letal. Si falla la Planta de OSE, si falla el único reservorio o si seguimos observando pasivamente que el lodo modifique los cursos del río, el resultado puede ser la falta de suministro. Un desborde del río de 11 metros alcanza para que se activen alguna de estas catástrofes. Hemos estado más cerca de lo que creemos de esos guarismos.

Se ha avanzado mucho en los estudios técnicos como una barimetría, en la coordinación interinstitucional que siempre es compleja y atiende diversos intereses, en la mitigación de riesgo ante los avances de las inundaciones, en el monitoreo y control del río Santa Lucía. Tabaré Vázquez ha estado a la cabeza del tema, pero la maraña burocrática y la tecnocracia muchas veces le jugó una mala pasada. Los alcaldes de los municipios de Aguas Corrientes, Santa Lucía y Canelones, más las fuerzas sociales vinculadas a la cuenca, han sido el contrapeso, la garantía y la conciencia para ponernos en pie de alerta sobre este tema.

Pero no es suficiente, el río Santa Lucía debe ser una política de estado. Una alerta ambiental y una política de defensa de los derechos humanos. De nuestros derechos humanos. 

5 Comentarios
  1. Pedro de la Heroica dice
    Montevideo debería pagar solito por esto…y quedarse con la OSE ya que tanto les gustan los entes públicos a los capitalinos….. nuestro rio es el Uruguay, podemos usar nuestros propios recursos departamentales para potabilizar agua y tratarvefluentes sin que unos burocratas nos dirijan a 400 km de distancia,

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