#OpiniónEl regreso a una «nueva normalidad educativa» y los cambios necesarios

Los sistemas de educación a escala global están en camino hacia un regreso a las aulas y al día después. Por todas partes se preparan protocolos y se discute cómo articular los requisitos sanitarios preventivos y una enseñanza que garantice los aprendizajes.

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La base es recalcular aforos, niveles de ventilación, higienización de manos, zapatos y lugares, control de ingresos, trazabilidad de las personas, señalización, control de los alimentos, toma de temperaturas, acceso a gel antibacteriano, etc.

Es una expresión que la pandemia está bajo control y en potencial retroceso o mesetas, y que ante la existencia de relativos resultados positivos de las decisiones sanitarias de distanciamiento y cuarentena es ya tiempo de volver a poner en funcionamiento, controlado, a la propia sociedad.

Pero también es un reconocimiento de la búsqueda de no perder el año cuando ya se tiene dos meses de cuasi parálisis desde el cierre de la enseñanza presencial, así como un reconocimiento de las complejidades de instrumentar en el corto plazo una completa reingeniería educativa para funcionar en dinámicas no presenciales a través de internet.

Es también la forma para responder ante miles de estudiantes que han roto sus vínculos educativos por la imposibilidad de las instituciones, los sistemas tecnológicos, los docentes o de ellos mismos, de un reciclaje educativo en los recientes y endebles sistemas de enseñanza totalmente en línea.

Para las instituciones privadas es además la puerta para garantizar su supervivencia institucional ante la caída de la matrícula y la morosidad, en un contexto donde los gobiernos están cada vez más atados de manos para actuar de acuerdo a la escala del problema en curso y sus dimensiones sociales y económicas y el impacto que se está creando.

Y sin duda, también es una expresión de desconfianza de muchos cuadros políticos a la modalidad de educación a distancia y la incapacidad estructural de pensar que toda la población, y sobre todo en los niveles básicos de la enseñanza, pueda con estos desarrollos tecnológicos, organizacionales y sociales recibir las clases en sus casas.

La feminización de los mercados de trabajo, el achicamiento de las familias, y otras variables sociales, también marcan que, sin resolver un relativo regreso a las aulas de los estudiantes, la propia sociedad no estará en capacidad de retomar la dinámica tradicional o incluso mínima de funcionamiento.

No podrá ser sin embargo un regreso a las mismas condiciones anteriores, y no sólo por temas de la preventiva distancia física necesaria entre los estudiantes. La opción de reducir el tamaño de las clases para cumplir algunos protocolos de 1,5 metros cuadrados por estudiantes en las aulas, el distanciamiento en recreos o corredores, o todos los necesarios protocolos de circulación e higiene, son muy difíciles de ser instrumentados en el corto plazo.

No hay posibilidades de agregar más aulas y profesores, más allá también que los niveles de saturación de las aulas varían ampliamente. En zonas rurales hay baja cantidad de estudiantes y hay escuelas con un puñado de estudiantes resultado de la migración y el despoblamiento de algunas zonas del interior. Incluso se ha producido una caída de la tasa de natalidad y los estudiantes de primaria se están reduciendo.

En algunos cursos superiores de nivel universitario, la participación estudiantil es reducida, e incluso hay clases con un solo estudiante, como resultado de un sistema educativo que funciona como una pirámide de depuración y que a medida que se alcanzan los niveles superiores se asiste a un desgranamiento continuo de la participación estudiantil.

La nueva normalidad es el resultado de la prevención sanitaria y de las demandas sociales, pero al tiempo debe ser visto como la oportunidad para impulsar un cambio en las formas tradicionales ya obsoletas de enseñanza y aprendizaje, y promover cambios significativos en los métodos de enseñanza.

En el mundo, cientos de innovaciones educativas se están desarrollando promoviendo nuevas formas de enseñanza más flexibles, con mayor apoyo en tecnologías de comunicación, con formas más amplias de participación, centradas en la adquisición de competencias y soportadas en un mayor trabajo práctico, creativo y colaborativo.

El aula frontal que soportaba el modelo catedrático y memorístico que caracteriza desde hace cientos de años a las dinámicas educativas de enseñanza está a escala global en un lento proceso de cambio, que tiene en el regreso a la «nueva normalidad», la oportunidad de desarrollarse y de soportarse en una nueva educación híbrida que combine los componentes presenciales con los componentes digitales y en red para alcanzar mejores aprendizajes.

Sin duda, los desarrollos en esta materia a escala global asignan un rol fundamental a nuevos recursos de aprendizaje digitales, a la existencia de dinámicas de aprendizaje en red, a formas de colaboración y a la vez a un aprender haciendo, en el cual el docente pasa a ser un tutor en el apoyo al proceso de aprendizaje.

En este sentido, la pandemia no sólo revalorizó y puso en la agenda a la educación a distancia, virtual o en línea, y miles de nuevos estudiantes han comenzado a incursionar en esta modalidad que continuará creciendo y mostrando su eficacia.

Pero también la pandemia es la oportunidad para reorganizar la vieja enseñanza presencial, y avanzar hacia una nueva modalidad educativa híbrida, que combine en una nueva forma los componentes presenciales y los componentes virtuales.

El futuro no puede ser volver a una ya obsoleta educación presencial tradicional, ni inclusive aunque apareciera la milagrosa vacuna que derrote definitivamente al virus y nos permita nuevamente superar la actual distancia física y social.

Es la oportunidad para comenzar a reconfigurar las aulas que dejen de ser la base de una enseñanza catedrática y memorística presencial, que los componentes prácticos y de apoyo docente sean el eje de la actividad presencial y que los estudiantes tengan mayores apoyos sincrónicos y asincrónicos con recursos varios para construir sus aprendizajes.

Tal vez llegó el tiempo de las aulas invertidas en las cuales los estudiantes primero acceden a los contenidos y las aulas presenciales sean para evaluar dudas. Tal vez sea para que la información se acceda a través de recursos de aprendizaje, y las actividades prácticas en pocos grupos sean presenciales.

Tal vez sea el tiempo de que los docentes sean tutores. Tal vez sea el tiempo de pensar no sólo en la gobernanza sino también en las formas de enseñar y aprender.

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