El presidente y la muerte

Capítulo IV / Un cuento de ficción. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Si perversa era la matriz del modelo socioeconómico que el Ithan Jant presidente apuntaba a reimplantar en la pequeña república latinoamericana, mucho más pervertida resultó la estrategia escogida para hacerlo. A través de una «adjetivación goebbeliana» de hechos, valores y conductas, fue construyendo el relato -apañado y promovido por los grandes medios de comunicación- de una «realidad paralela» que le permitiría impulsar y justificar, sin costos personales ni políticos, la adopción de duras medidas de contracción social.

En el singular tinglado poselectoral -tan proclive al surgimiento de nuevas versiones de «súper héroes» émulos de Top Gun, y «primeras damas» mediáticas, con «añejas» veleidades señoriales- el incipiente mandatario seduce a la ciudadanía en un juego de fantasías donde todo puede aparecer y todo puede dejar de ser. Entre flashes y luces de neón, las manos desnudas dirigidas a las cámaras -¡nada por aquí, nada por allá!-, y girando entre sus dedos unas imaginarias «perillas mágicas», el gran mosquetero (¡de mosqueta, no de mosquete!) lograría finalmente convencer a la ciudadanía, de cómo era posible, a través de ellas, controlar la realidad nacional.

Desde esa plataforma escénica, consiguió imponer por ley una versión antojadiza de las «urgencias» del país, donde el flagelo del «Covid» cedió su ranking al «control de ventas de milanesas producto del abigeato, en carnicerías de campaña», y el drama de «la caída del empleo y la pérdida del ingreso salarial» fue sustituido por una habilitación al «uso de mayor fuerza represiva policial». Acto seguido, vota un presupuesto quinquenal en clave de «mallas oro, pelotones, rezagados y abandonos» -en línea con los dictados del FMII (Fuerza Misión Imposible)- que justificó en el simbolismo ideológico de una «nueva normalidad» que el contexto de pandemia -a su juicio- representaba.

Todo estuvo sujeto a ese «juego de perillas», donde los desocupados pasaban a ser «este botón» y las muertes por Covid «este otro»: «Esta es la perilla del empleo, que giramos al punto…x; esta otra es la Economía, que movemos al nivel Keynes… no, perdón, Keynes no: al nivel Lito; esta, la de más abajo, es la del salario, que por ahora no vamos a tocar; y esta otra es la de la crisis sanitaria», la mayor pandemia del último siglo, «que vamos a controlar girando al nivel de…». Es entonces, en aquellas circunstancias, que el novedoso «paradigma filosófico», sobre el que se asentaría «toda la estrategia oficial del combate a la pandemia, e ainda mais», es presentado en sociedad: la ‘Libertad Responsable’.

Nunca quedó clara la necesidad y el tenor de ese «encapsulamiento» de la libertad -condicionada a una métrica de responsabilidad impersonal- que, en su esencia, comportaba un flagrante desvío del mandato y el sentido con que el constituyente había consagrado el fundamento: «Se garantiza el derecho de los ciudadanos a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad…», dice la Carta Magna; de lo que se desprende que la libertad constituye un principio que no admite valoraciones, ni calificativos, ni condicionamientos que la coaccionen, en tanto representa un valor en sí misma.

¿Qué sentido entonces para esta manipulación ideológica que el gobernante pretendía matrizar en la sociedad? «Libertad responsable»: ¿en oposición a qué? ¿Responsable ante quién? ¿Sancionable, de qué modo? ¿Por quién? Pero, más grave aún: «Libertad responsable» ¿de opinión, de reunión, de ejercicio de huelga, de agremiación? ¿De pensamiento? ¿Libertad responsable…de prensa, acaso?

«¡Porque si fracasa la libertad responsable, fracasa la humanidad, fracasa la vida en sociedad!», exclamaba a viva voz el jerarca gobernante, reafirmando tan «proverbial» principio. Mientras su coro de «focas «…perdón, ¡ese es otro coro!, este es el «cocorocó-sinde…coro», voceaba a pleno fervor: ¡un Premio Nobel para él!». «¡El Ithan Jant al Nobel!».

El Ithan Jant presidente se sentía cabalgando sobre la cresta de la ola, o bien haciendo pilates – ¿se dice así o se dice «Pilatos»? – en las níveas arenas oceánicas. Esta Libertad Responsable que «traslada responsabilidades» del sujeto al fundamento, resultaba en los hechos un estruendoso «¡Yo no fui!» presidencial, que le posibilitaba eludir deberes propios a su investidura, cargando culpas sobre el conjunto de la sociedad: «¡A mí no me pregunten! ¡Yo no tengo el diario del lunes!».

Sin embargo, cual goteo persistente que, horada la roca, una interrogante cada vez más profunda comenzaba a preocupar al conjunto de la sociedad, generando inquietud en aquel «oasis ideológico» promovido por el mandatario: «Si la Libertad Responsable es la que corresponde a la gente, al ciudadano común; la del gobierno, la que representa el Presidente, ¿será tal vez una Libertad Irresponsable?». Lo que conducía directamente a una nueva incógnita: «La Libertad Liberal, la que se asienta en el Mercado, ¿es entonces, por analogía, mmm…?».

«¡Ay, no! ¡Basta!», se respondió a sí mismo el Ithan Jant presidente -también conmovido por la incógnita-, sacudiendo fuertemente la cabeza, como tratando de librarse de tamaña «pesadilla». «¿Para qué me meto en estos intríngulis filosóficos acerca de la Libertad?». «Al final, voy a terminar pensando que la Responsable de todos los males es, precisamente, ¡la Libertad!».

(Continuará)

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