Un estadounidense, un británico y un japonés son galardonados por la Real Academia de las Ciencias de Suecia por hacer posibles las baterías de litioEl premio Nobel de Química termina en las manos de los creadores de la batería de litio

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Los terceros en ser premiados esta semana con Nobels fueron el estadounidense John B. Goodenough, el británico Stanley Whittingham y el japonés Akira Yoshino, todos responsables del desarrollo de la batería de iones de litio. La Real Academia de las Ciencias de Suecia aseguró en un comunicado que gracias a los avances en el conocimiento permitidos por los químicos galardonados hoy las baterías de litio se han transformado en una fuerte apuesta en contra del uso de combustibles fósiles. Los premiados se repartirán en partes iguales 825 mil euros.

Las baterías de litio surgieron como una respuesta a una urgente necesidad: hacer frente a la crisis del petróleo desatada en 1973 por la decisión de la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur. En ese momento Stanley Whittingham, investigador de la Universidad Estatal de Nueva York, comenzó a investigar sobre nuevas formas de producir y almacenar energía que permitieran prescindir de la energía obtenida a través de combustibles fósiles. La investigación culminó con la confección de una batería de litio con un cátodo de disulfuro de titanio y un ánodo de litio metálico. “El resultado fue una batería que tenía un gran potencial, un poco más de dos voltios. Sin embargo, el litio metálico es reactivo y la batería era demasiado explosiva como para ser viable”, explicó la academia sueca.

Por su parte John Goodenough, físico de la Universidad de Texas nacido alemán y nacionalizado en Estados Unidos, quien a sus 97 años es el Nobel más longevo,  contribuyó al descubrimiento de Whittingham cambiando el disulfuro de titanio del cátodo de la batería por un óxido metálico. En 1980 decidió utilizar el óxido de cobalto, con el que pudo maximizar la generación de energía y permitiría la producción de baterías con mayor potencia. Luego fue tarea de Akira Yoshino, de la empresa japonesa Asahi Kasei, el diseñar la primera batería de litio comercializable. “El resultado fue una batería ligera y resistente que podía cargarse cientos de veces antes de que su rendimiento se redujera. La ventaja de las baterías de iones de litio es que no se basan en reacciones químicas que descomponen los electrodos, sino en iones de litio que fluyen de un lado a otro entre el ánodo y el cátodo”, informó la institución sueca.

“Las baterías de iones de litio han revolucionado nuestras vidas desde que llegaron al mercado en 1991. Han sentado las bases de una sociedad inalámbrica, libre de combustibles fósiles, y son de gran beneficio para la humanidad”, continuó la academia en el comunicado. Gracias al invento de estos tres galardonados, la humanidad entera vio así modificadas sus formas de interaccionar y comunicarse, tanto entre los individuos que la componen como con el mundo que la rodea. Aun así, la comunidad científica internacional también barajó otros candidatos para recibir este tipo de reconocimiento a su trabajo y la decisión fue difícil. Entre los candidatos al Nobel de Química también se encontraban la investigadora Jennifer Doudna de la Universidad de California y la bioquímica francesa Emmanuelle Charpentier, ambas responsables de la técnica de transgénesis CRISPR, y el norteamericano Stuart Schreiber, responsable del diseño molecular de fármacos dirigidos a blancos específicos para tratar ciertas enfermedades. Los trabajos de Schreiber han permitido la generación de una alta diversidad de medicamentos que han ayudado enormemente a combatir la aparición de células tumorales.

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