El mundo quiere evitar una guerra de vacunas; Trump juega por su lado

Xi Jinping, Emmanuel Macron, Angela Merkel y la Organización Mundial de la Salud quieren que cualquier vacuna contra el nuevo coronavirus sea un «bien público mundial», pero Donald Trump tiene otra prioridad: vacunar a todos sus compatriotas.

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Estados Unidos anunció el jueves una subvención récord de 1.200 millones de dólares para el laboratorio británico AstraZeneca, que fabricará la eventual vacuna en la Universidad de Oxford, con la condición de una transferencia de tecnología a Estados Unidos y la entrega de 300 millones de dosis.

Detrás del principio del «bien público mundial» subyacen en realidad dos problemas distintos: la propiedad intelectual y la distribución de las primeras dosis. El primero puede ser más fácil de resolver que el segundo.

África reclama una vacuna sin patentar, de acuerdo con el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa. Es poco probable que eso se materialice, porque los laboratorios querrán recuperar sus miles de millones de inversiones y contarán con el apoyo de Estados Unidos, hostil a cualquier cuestionamiento de derechos internacionales de propiedad intelectual, según le reiteró esta semana Washington a la OMS.

Por lo tanto, la vacuna probablemente no será gratuita. En cuanto al precio, varios grupos se han comprometido a cubrir solo sus costos de producción.

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