El mito de las perillas sanitarias educativas presenciales en el mundo digital

Las regulaciones en materia educativa tomando como referencia el conocido triángulo de Trow, se han clasificado en regulaciones académicas, regulaciones de mercado o regulaciones gubernamentales.

Tal modelo se ha ido diferenciando y hoy se han incorporado dos nuevas dimensiones de las políticas públicas, dadas por las regulaciones sociales y las regulaciones internacionales. Con ello, esos cinco componentes han sido los ejes de las distintas políticas públicas educativas, y que con sus propios matices e incidencia, finalmente definen las características de la regulación sistémica de la educación, con relativa presión de cada uno de esos cinco ejes reguladores.

El punto de equilibrio entre ellos es finalmente donde se localizaría la regulación, en una permanente tensión y conflicto.

En este año, sin embargo a escala global, se ha agregado un nuevo eje de política pública de regulación educativa, dada por la dimensión sanitaria, la cual se ha posicionado por encima de los otros ejes de regulación.

Lo «sanitario» como «salud pública» se diferencia de las otras regulaciones por una jerarquía superior, al derivar del objetivo colectivo de la protección de la vida en la sociedad con lo cual se coloca por encima de todo. Los aspectos propiamente académicos, gubernamentales, de mercados económicos, internacionales o de grupos sociales de interés, terminan subsumiéndose a las determinaciones sanitarias.

Estas por su jerarquía y dominancia, tienden a limitar y acotar los otros ejes reguladores que pierden importancia y relevancia y han terminado supeditándose a las regulaciones de los aspectos sanitarios en la política pública, pero al no orientarse en dirección a los nuevos enfoques educativos, no aprovechó en su potencialidad las oportunidades por algunas concepciones y paradigmas que siguen dominando la política educativa.

Más allá de los ejes de la regulación sanitaria, corresponde destacar las limitadas perillas en términos específicos de políticas o acciones en las cuales se expresan las regulaciones sanitarias, que se han centrado en protocolos de distanciamiento y de control de las interacciones personales, de higiene en los espacios físicos y de resguardo de los contagios.

La ruptura de las cadenas de contagio y el distanciamiento se conforman en los ejes sanitarios que han implicado el cierre o la apertura de los centros educativos así como las dinámicas de funcionamiento en términos de aforos y prestación de servicios.

Ha sido la política sanitaria la que ha determinado el uso de las perillas físicas para alcanzar el distanciamiento. Ello sin embargo remite a un enfoque educativo ya obsoleto como un servicio presencial y cuyo aprendizaje está centrado en horas clases en el aula.

Es una política que impulsó el distanciamiento físico por lo sanitario, pero que no incentivo en superior intensidad las cercanías digitales. Distanciar la dinámica de enseñanza – aprendizaje debería de ser el impulso a la construcción de una nueva educación y por ello la perilla central debía ser incentivar más la cercanía digital junto a la distancia física.

La perilla educativa está focalizada en más o menos presencialidad en función de los riesgos sanitarios y no en más o menos interacción digital en función de los aprendizajes pertinentes. Son dos miradas diferenciadas de entonación y enfoque.

La perilla digital implica superar el concepto de horas para alcanzar los aprendizajes, centrarse en una mayor libertad de las personas en diversidad de interacciones educativas en ambientes virtuales, impulsando la producción de recursos de aprendizaje, el uso de medios masivos de radio, tv y plataformas, así como la capacitación docente en entornos virtuales, el teletrabajo en la gestión educativa y la enseñanza digital a distancia.

Utilizar la perilla digital implicaba ir hacia adelante, con seguimiento de estudiantes a través de sistemas informáticos de CRM, con creación de tableros de control e indicadores informáticos.

La regulación sanitaria va hacia atrás a lógicas presenciales, mientras que el incentivo a lo digital se posiciona en la tendencia estructural dominante de largo plazo, e incluso único camino en corto y mediano plazo para la superación real de los impactos negativos de la pandemia manteniendo los aprendizajes.

La perilla educativa se ha centrado más en el cierre y apertura de los entornos presenciales y menos en la apertura de los entornos digitales. En una alta valorización de lo presencial y una resistencia subterránea a lo no presencial.

Con ello en el mediano plazo se limita incluso democratizar la educación y superar sus limitaciones de acceso y calidad. La perilla debe focalizarse en componentes académicos de tipo digital y no solo sanitarios de tipo presencial.

Menos Ceilabitas rotas permanentemente, mas capacidades docentes en la materia para interactuar y producir recursos o evaluación en red y más aprovechamiento del distanciamiento para superar las limitaciones de los paradigmas presenciales con un avance creciente y definitivo hacia una lógica de enseñanza híbrida que limite los componentes presenciales en el largo plazo.

Se debe entender que el futuro de la educación en el largo plazo es virtual y que en el corto plazo será híbrido. El bachillerato virtual y a distancia o incluso híbrido será parte de la solución de la deserción de la educación media. El pretender seguir el camino presencial exclusivo será la continuación del fracaso.

El mantenimiento de un enfoque limitado por una mirada presencial típica de enfoque obsoletos, tal vez se aprecia con crudeza en el Decreto del 4 de diciembre del 2020 que regula la Ley Nº 19.889 del 20 de julio (LUC) donde se establece el procedimiento voluntario para el reconocimiento del carácter universitario de las carreras de formación impartidas por entidades públicas universitarias.

En él se establece que no más del 33% de las horas de docencia directa podrán ser impartidas a distancia para tener el reconocimiento como nivel universitario y por ende para pasar del nivel 5 al nivel 6 de la Clasificación Internacional Normativa de la Educación (CINE) de la UNESCO.

Más allá de no diferenciar entre formas sincrónicas y asincrónicas digitales, limitar la libertad de las personas y de la propia autonomía de la ANEP o medir la enseñanza por horas presenciales y no aprendizajes reales, impone que el 67% de la enseñanza docente terciaria sea presencial para ser reconocida como universitaria, y determina que la enseñanza sean medidas, no por los aprendizajes o las evaluaciones, sino por el tiempo de silla en las aulas, por la educación bancaria como diría Paulo Freire.

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