#OpiniónEl Mercosur sorprendente

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Escuchaba hace pocos días al flamante candidato del Partido Colorado Ernesto Talvi manifestando con mucho énfasis que el Uruguay se enfrentaba al dilema de los que quieren negociar con Venezuela y Cuba vs los que quieren realizar acuerdos comerciales con todo el mundo. Lacalle Pou dice cosas similares, que somos un país aislado y que necesitamos más oportunidades de comercio para los uruguayos.

A una semana de esas manifestaciones, el Mercosur acaba de culminar las negociaciones con la Unión Europea (en adelante UE) -luego de 20 años- para un acuerdo calificado por el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker como «un momento histórico» y «el mayor acuerdo comercial que la UE haya cerrado en su historia».

El canciller argentino Jorge Faurie le anunció entre lágrimas al presidente Macri la firma del acuerdo y al presidente brasileño Bolsonaro lo obligaron a no retirarse de los acuerdos de Paris contra la emergencia climática -que significa entre otras cosas- dejar de desforestar el Amazonas y dejar de lamberle las botas a Trump.

Algo trascendente parece ser, para generar todas estas movidas en ambos lados del mundo.

De pronto nos encontramos con la firma de un Tratado de enorme magnitud de la que tenemos las primeras informaciones. Sobre ellas daremos aunque sea una primera opinión.

La discusión política existente en Uruguay sobre la Inserción Internacional del país tiene posturas diferentes y matices.

Los liberales como Talvi o Lacalle Pou creen que la salida de Uruguay es firmar cientos de acuerdos comerciales de libre comercio. Cuanto más acuerdos mejor, cuanto más libertad de comercio mejor y se parte de la base errónea que dichos acuerdos representan exclusivamente beneficios.

Los más conservadores -por derecha o por izquierda- prefieren las políticas proteccionistas. Desde Trump hasta los Kirchner la fauna es variada en este sentido. El proteccionismo puro y duro solo trae economías ineficientes, precios sideralmente altos y sectores económicos no sustentables que a la corta o la larga explotan en situaciones de grave desequilibrio.

Nosotros nos encontramos en una postura intermedia. El país necesita acuerdos comerciales para obtener un mejor acceso a nuestros productos y esta es una tarea impostergable en la medida que nuestros competidores se van posicionando mejor en el concierto internacional.

Pero para nosotros la firma de dichos acuerdos tiene dos premisas; tenemos claro que hay ganadores y perdedores y no estamos atados a ningún formato especial. No tenemos ninguna pancarta que diga ¡»Viva los TLC!», para nosotros los tratados deben tener el formato que mejor beneficie los intereses del país.

Tampoco estamos para buscarle el pelo al gato donde ningún acuerdo comercial nos sirve, sabemos de antemano que unos se benefician y otros se perjudican, pero lo que importa es cuanto se beneficia en el saldo el país en su conjunto.

¿Cómo es posible que un acuerdo de estas características demore 20 años de negociaciones?

Trump es la respuesta. El proteccionismo agrícola inmutable de la Unión Europea de los últimos 50 años se vio sacudido por las medidas tomadas por EEUU poniendo aranceles a productos industriales europeos, a lo que se suma la guerra comercial iniciada con China. Europa ve cerrado sus mercados -principalmente el fabril y tecnológico- y necesita buscar nuevas oportunidades de exportación para sus productos y los países del Mercosur aparecen como ideales para ello.

En contrapartida debe sacrificar a sus productores agropecuarios -todos subsidiados y a precios ineficientes- dando un quiebre a su tradicional política comercial proteccionista.

El intercambio comercial entre el Mercosur (260 millones de habitantes) y la UE es de 92.600 millones de dólares, mitad son exportaciones y mitad son importaciones. Si lo comparamos con el intercambio comercial entre EEUU (320 millones de habitantes) y la UE que es de 680.000 vemos que hay mucho para crecer. Más comercio es más empleo, más actividad y más crecimiento.

En el Mercosur gana el sector agroexportador. La UE aceptó liberalizar 81,7% de sus productos agrícolas y sobre el 17,7% (unos 100 productos) que ellos consideran más sensibles hay un muy interesante aumento de cuotas preferenciales.

Ejemplos que han trascendido. La carne de la cuota Hilton se ofrece una nueva cuota de 99.000 toneladas para los 4 países (reduce a 0% aranceles del 20%), hay 180.000 toneladas de carne aviar con arancel 0% donde podemos pellizcar algo de este enorme espacio, así como nuevas cuotas para el arroz (60.000 toneladas).

Se eliminan directamente aranceles para una gran cantidad de productos; jugo de naranja, café instantáneo, frutas, cítricos, celulosa, cuero y particularmente se abre un espacio para la miel -sector tan complicado hoy en el Uruguay- a la que se abre una gran esperanza y perspectiva.

En otras palabras el Mercosur y en este caso Uruguay mejora de manera sustancial el ingreso de sus productos agroindustriales y sus servicios conexos al mercado europeo de 780 millones de consumidores. Hoy estos productos son el 20% de nuestras exportaciones y el ingreso de productos agropecuarios de todo el Mercosur no supera el 5% de los consumidores europeos.

Por el lado de la UE la industria automotriz, los productos farmacéuticos y de alta tecnología, el vino, el chocolate, el whisky y otras bebidas alcohólicas, quesos, productos lácteos reducen sus actuales aranceles que van del 25% al 35%. La consecuencia será que algunos productos que hoy se importan tendrán una rebaja sustancial del precio (ejemplo autos más baratos) y en otros casos una mayor competencia que obligará a nuestras fábricas ser más competitivas pero a su vez se abren nuevos mercados (la industria vitivinícola).

Deja al desnudo los sectores industriales que tienen escasa competitividad internacional que surgen como perdedores en este nuevo esquema para lo que habrá que trabajar su reconversión.

El acuerdo -a diferencia de los que se firma generalmente con los EEUU- no incluye temas de propiedad intelectual y es muy riguroso en temas de medioambiente y los derechos laborales de los trabajadores, lo que genera externalidades positivas.

La vigencia del acuerdo es otro gran tema. La UE debe hacerlo ratificar en cada uno de sus 28 países miembros pasando por el Parlamento de cada uno de ellos, al igual que el Mercosur. Menuda tarea de los dos lados.

Hay países como Alemania que empujan ya que es uno de los grandes perjudicados por las políticas proteccionistas de Trump -especialmente el sector automotriz- pero hay otros que están a la retranca como Francia que debe enfrentar a su poderoso looby agropecuario y a los chalecos amarillos y ya han puesto paños fríos sobre la ratificación del acuerdo.

En particular los productores europeos se quejan de que la UE es cada vez más exigente en las normas medioambientales para ellos y que la exigencia para los productos importados no es la misma. Un Solo Uruguay y todos los que contaminan alegremente el Río Negro supongo que tomarán debida nota de esto, ya que deberemos dejar de realizar prácticas funestas medioambientales si queremos participar en este nuevo tablero.

De lo que sabemos del acuerdo no se trata de la conquista del paraíso, pero está lejísimos del infierno. Es una oportunidad para crecer y sobre todo para ganar un mejor acceso a nuestros productos más competitivos, aspecto clave para despegar nuestra economía.

Quizás el valor más importante es que el Mercosur que se encuentra cuestionado por sus propios socios, de escaso funcionamiento y baja empatía entre sus miembros, acaba de firmar el Tratado Comercial más impactante del planeta. Renace de sus propias debilidades.

No es más que una muestra de su enorme capacidad potencial -generalmente desaprovechada- y de su plena vigencia. Como yapa nunca más oportuno para acallar varias voces, desacreditar discursos que solo buscan posicionamientos sectoriales y enterrar relatos que son tan distorsionantes de la realidad.

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1 comentario
  1. Adrián dice
    Me alegra por nuestro país, los vecinos y los involucrados. Y hay que destacar que visión el que empezó a negociar esto en 1999.

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