#OpiniónEl inicio a la segunda fase de la educación de emergencia

Está comenzando en toda la región un regreso gradual a las actividades educativas presenciales con diferente intensidad en los diversos niveles educativos y condicionado a los niveles de control de la pandemia.

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Es una fase que empieza por habilitar la práctica educativa en laboratorios y talleres, las evaluaciones de los aprendizajes y las tareas de investigación, o incluso las clases en grupos limitados en primaria y en algunas zonas y que marca una nueva fase en la actual educación de emergencia.

La primera fase se inició en forma abrupta y con mucha libertad y flexibilidad con el cierre de las instituciones presenciales e implicó para estas buscar el desarrollo del componente teórico de los programas de manera asistida mediante las herramientas digitales de las tecnologías de información y comunicación, y trasladar a un tiempo futuro los componentes prácticos para que estos fuesen realizados por los estudiantes después de superado el período de la emergencia sanitaria.

Es esta una educación no presencial y que implicó para las instituciones adentrarse por primera vez en los caminos de educación a distancia para mantener el proceso de enseñanza y que llevaron a complejas reingenierías tecnológicas.

Pero más allá de los esfuerzos ello ha tenido múltiples problemas de funcionamiento, creó o reforzó múltiples desigualdades educativas en el aprendizaje dada la poca preparación de las instituciones, los hogares y las infraestructuras para mantener los vínculos y los procesos académicos, y muchos estudiantes desertaron de continuar sus procesos de enseñanza.

Hoy, cuando la pandemia comienza a ser superada relativamente, y que se han constatado las limitaciones sociales y tecnológicas de la primera educación de emergencia, se plantea a escala de casi todos los países el inicio de una nueva fase en la dinámica educativa impuesta por el Covid-19 pero en el marco del lento regreso a la normalidad.

Esta segunda etapa se caracteriza por el inicio de una presencialidad pero limitada a unas actividades específicas, o incluso con alternancia de asistencia, y mediada por regulaciones sanitarias.

Es una fase derivada de que la presencialidad no puede ser reemplazada por simuladores y otras herramientas pedagógicas de apoyo asistidas por tecnologías y realidades actuales en el país, e incluso ni en los países con altos recursos, capacidades docentes y conectividades.

Para algunos es incluso un requisito para mantener una educación con los niveles de equidad y calidad básicos necesarios.

Esta segunda fase va a ser más diversa y heterogénea de lo que fue la primera, y aunque se espera que sea menos desigual, puede incluso regresarse a la primera fase si los contagios se producen como en Israel esta semana y requerirá construir modelos híbridos altamente diferenciados en las instituciones.

En algunos países los cursos grandes se pudieron dividir para mantener las distancias de separación física requerida y pudo ampliarse la presencialidad, aunque en otros, como Uruguay, se acotaron las tareas a las prácticas, laboratorios y exámenes.

En otros lugares, las clases se alternaron en diversos días para dar cabida a más estudiantes. En casi todos los casos esta presencialidad limitada se da dominantemente al interior de las instituciones y no incluye la realización de trabajos de campo y/o prácticas por fuera de las instalaciones, salvo que los laboratorios prácticos o de investigación estén por fuera de las mismas como en Colombia.

Esta segunda fase comienza a introducir en el tradicional modelo pedagógico una dinámica híbrida o mixta de enseñanza con una combinación del trabajo académico en casa apoyado en plataformas, recursos de aprendizaje y actividades sincrónicas y asincrónicas, junto y complementado con encuentros periódicos o actividades puntuales presenciales, gracias a lo cual se puede logra articular una mayor diversidad y eficiencia en el aprendizaje. Es además no obligatoria la asistencia.

Sin duda es este un proceso gradual de vuelta a la futura supuesta normalidad, y ya es descartable pensar que posteriormente la educación de emergencia continuará con un mayor retorno gradual y progresivo a las actividades académicas que exijan mayor presencialidad en caso de continuarse reduciendo la pandemia y sin brotes nuevos, pero también planteará la necesidad de aumentar el tiempo educativo dadas las enormes debilidades que permiten suponer que no se alcancen los mínimos niveles de aprendizajes, y para lo cual se deberá introducir no solo mecanismos más claros de evaluación de los aprendizajes de los estudiantes durante este tiempo de pandemia sanitaria, sino tal vez de la necesidad de compensaciones o complementaciones de estos aprendizajes para alcanzar los objetivos preestablecidos.

En el inicio de esta fase, la iniciativa estuvo en el protocolo de seguridad propuesto por el Consejo de Rectores de Universidades Privadas al MEC y que luego de revisado y controlado por el Ministerio de Salud Pública, con los propios ajustes a sus indicaciones, se transformó en resolución del MEC este 8 de junio.

Su centro es controlar el número máximo de personas que pueden ingresar a las instituciones durante el retorno a los laboratorios, la verificación de las condiciones de salud de los ingresantes, la limpieza de los espacios de uso, la ausencia de momentos de concentración de las personas, etc., y son fundamentalmente condiciones sanitarias las que se están protocolizando para prevenir el contagio al interior de las instituciones.

Sin duda, todo protocolo puede tener muy diferentes posibilidades de cumplimiento para las instituciones según sus escalas y sus propias infraestructuras previas, y puede favorecer a las instituciones más grandes y más consolidadas e instaladas en las ciudades mayores, como especialmente los institutos terciarios.

La compleja situación, sin embargo, descansa en que esta resolución del MEC como «protocolo-Guía de prevención y protección frente a la propagación del coronavirus Sars CoV2, causante de la enfermedad Covid-19», solo tiene validez para las instituciones universitarias y terciarias privadas -y que incluso es realmente la única área según una interpretación restrictiva de la regulación constitucional sobre la educación privada por parte del Gobierno-, pero con la paradoja de que aún en estos temas sanitarios, el MEC no tiene injerencia sobre las instituciones públicas, por lo que es posible suponer que existan varios protocolos y por ende fuerte diversidad en el país sobre el inicio de una nueva fase de la educación de emergencia en el lento regreso a la normalidad educativa y sanitaria.

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