El incendio de la derecha latinoamericana

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Las llamas en la Amazonia sintetizan el cuadro de la situación política actual de Latinoamérica. Según un reciente boletín del Instituto Tricontinental de Investigación Social este año ha habido 40.341 incendios en el Amazonas, la cifra más alta desde 2010. No cabe duda alguna que la catástrofe humana y ambiental que esto representa tiene su raíz en los intereses de lucro de los sectores ruralistas y en la elevación general de temperatura. Todo ello fruto de una política depredatoria alentada por el capital oligárquico y transnacional y su brazo político, la derecha internacional.

El gobierno de Bolsonaro, controlado desde los estamentos militares del país en alianza con el gremio de la gran empresa, el oligopolio mediático, altos estamentos del poder judicial y los sectores retrógrados del evangelismo neoliberal, propugna el incendio social de Brasil. Incendio social que ha comenzado a consumir, en pocos meses, gran parte del apoyo del sector de la población que votó al ex capitán inflamado por discursos de odio y mentiras electorales.

No le va en zaga uno de sus principales socios, el gobierno agonizante de Macri en Argentina, cuyas políticas de recorte, apertura indiscriminada al capital especulativo y endeudamiento descomunal en complicidad con el FMI, calcinaron la actividad productiva, el empleo y las reservas, convirtiendo a la economía argentina en un desierto desolado. El repudio popular se hizo sentir en las urnas de las elecciones primarias, arrasando con la posibilidad de continuar con el proyecto antropofágico y resquebrajando el mosaico hegemónico de la derecha impulsado desde EEUU.

Poco antes, las llamas ardieron en la última colonia estadounidense en LA. La población de Puerto Rico echó al virrey imperial -gobernador en el esquema británico- Ricardo Roselló. También aquí, un programa de severo ajuste y endeudamiento habían quemado la llanura social. 

Colombia, Honduras y Haití

En Colombia, el incumplimiento programado del gobierno de Iván Duque sobre los compromisos asumidos en los Acuerdos de Paz abrió la puerta a una nueva escalada de ajusticiamiento selectivo de líderes/as sociales y ex combatientes. El nuevo conato armado de un sector de la guerrilla amenaza ahora con servir de excusa a la derecha cavernaria para incinerar la paz y volver el reloj atrás. El motivo es el mismo por el que se desató una guerra de más de cinco décadas: blindar la desigualdad y excluir todo proceso político que amenace cambiar la situación. 

Represión que también ha sido el signo del régimen de Juan Orlando Hernández, tras el fraude que posibilitó la reedición de su mandato, de por sí prohibida por la Constitución hondureña. Fraude que, junto a la corrupción, la violencia y la miseria han movilizado masivamente a la población en resistencia a la total vulneración de mínimos derechos. 

Situación flamígera que se repite en Haití, país en el que alimentarse cada día es un milagro. Los índices de pobreza y de desarrollo humano son los más bajos de toda la región y el sistema político está entrecruzado con los intereses empresariales y las embajadas extranjeras. 

El objetivo primordial es lograr la dimisión del empresario bananero Jovenel Moïse, actual presidente del país y la instalación de un gobierno de transición para hacer frente a las urgencias del hambre, la miseria y el desempleo que afectan a más del 80% de la población. 

Lobos con y sin disfraz de oveja

Ecuador es otro país que ha hecho retroceder las agujas al pasado. Acuerdos con el FMI, con el Departamento de Estado de EEUU, cercenamiento y desmontaje de los nuevos derechos políticos asentados en la constitución de Montecristi, persecución judicial con fines de proscripción a los principales cuadros de la Revolución Ciudadana, son algunas de las marcas que deja la traición del actual presidente Lenín Moreno a la legítima voluntad popular expresada en las urnas en 2017. (…)

Descontento social que estuvo a centímetros de tumbar al gobierno de derechas paraguayo. A tan sólo un año de su asunción “Marito” Abdo Benítez -hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner- salvó el cuero cabelludo de la guillotina política sólo por un acuerdo con la facción rival colorada. El pueblo pedía su destitución por el tratado secreto con Brasil sobre la hidroeléctrica Itaipú que perjudicaba a Paraguay. Más allá del impasse, el capital político de Benítez ya se ha consumido. 

En Guatemala, la corrupción política intrínseca al sistema logró triunfar gracias a la proscripción política de la ex jueza Thelma Aldana. Ganó nuevamente una derecha protegida por EEUU en la figura del ex director de prisiones Alejandro Gianmattei. Acusado de ejecuciones extrajudiciales en ocasión de la Operación Pavo Real, ha prometido un régimen de “mano dura”, con la probable reinstalación de la pena de muerte. 

En la cuerda floja

El mandato del ex banquero Pedro Pablo Kuczynski en el Perú duró tan sólo dos años. Su reemplazo Vizcarra camina sobre el desfiladero. Reformas que, a pesar de ser ansiadas por la población y negadas por un sector del establishment corrupto, son apenas un maquillaje para continuar con el pillaje. La doble derecha peruana, la financiera de guante blanco y la impresentable, del clan Fujimori, han obstruido aquí con persecución política el avance de la izquierda, aunque no logra detener la importante rebelión antiextractivista campesina. 

Tampoco soplan en Chile “los tiempos mejores” que el empresario Piñera prometió a sus connacionales. El paro de 6 semanas del profesorado, el reclamo extendido por la educación pública, las movilizaciones masivas por el fin del sistema previsional de capitalización administrado por las AFP, los múltiples reclamos sectoriales y locales por vivienda, salud y defensa medioambiental auguran resultados adversos en las próximas elecciones municipales. 

En resumidas cuentas, la derecha latinoamericana, con su programa de destrucción de la posibilidad de nivelación social, ha incinerado en corto tiempo su tan publicitado nuevo ciclo.

Tres de los cuatro gobiernos latinoamericanos de izquierda, Cuba, Nicaragua y Venezuela, son herederos de tres grandes revoluciones.

Bolivia -el cuarto país gobernado por la izquierda- se apresta a renovar su novedosa revolución indígena y productiva en la figura del actual presidente Evo Morales. Los logros económicos y sociales y el simbolismo reparador de un gobernante surgido de las entrañas de los sometidos, conseguirán vencer en octubre a la mentira y la conspiración neoliberal.

Mucho más difícil es la posición del Frente Amplio uruguayo, que tendrá que dar batalla en segunda vuelta contra la unidad de todas las fuerzas de la derecha. (…)

Las derechas tendrán como principal estrategia bloquear todo intento de colaboración en el campo geopolítico entre este nuevo bloque progresista y el de izquierdas. Lo cierto es que el tablero volverá a estar más equilibrado. La chispa de la esperanza se ha encendido nuevamente en la región. Las derechas tendrán que vérselas con su principal oponente: sus propios pueblos. (*) Página/12

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2 Comentarios
  1. Jorge Laviano dice
    ¿Y la actitud de Evo Morales, autorizando la quema masiva de campos que también forman parte de la Amazonia, no es igual de reprobable que la de Bolsonaro?
  2. Juanjo dice
    Y los socialistas Kirchner,Lula, Maduro y morales seguro que son unos santos estos 4 fundieron sus países y ustedes no dicen nada por que son tan ladrones como ellos se ocupan de desprestigiar a la oposición porque les pagan por eso

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