El hidrógeno podría ser la base de una economía ecológica que combata la acumulación de gases de efecto invernaderoEl hidrógeno podría ser la respuesta al calentamiento global

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Las advertencias acerca de las consecuencias ambientales que tendrán las actividades humanas a lo largo de las próximas tres décadas resuenan cada vez más. El denominado «punto de no retorno» es un augurio hacia el que muchos prefieren hacer oídos sordos para evitar caer en una depresión irremediable. Aunque los esfuerzos para modificar este pronosticado destino se han incrementado en los últimos años, los expertos consideran que aún están lejos de ser suficientes. La tarea principal a la que se han comprometido las mayores potencias del mundo (exceptuando a la más grande de todas) es la de reducir las emisiones a la atmósfera de gases con efecto invernadero para así evitar un calentamiento global de más de 1,5ºC. Este aumento, aunque pueda parecer pequeño, sería catastrófico para la mayoría de los ecosistemas terrestres. Y, créanlo, nadie querría subirse a ese escenario. Si ya existen incontables conflictos sociales a escala mundial cuando los recursos naturales aún pueden ser extraídos del planeta como si de una galera de mago se tratase, ¿qué pasará cuando los países más ricos escaseen seriamente de tales recursos y las poblaciones más pobres migren de forma masiva? La única palabra que viene a la mente es «caos». Pero por suerte todavía existen verdaderos héroes carburando sus neuronas para encontrar alternativas que puedan salvarnos de lo más cercano al apocalipsis a lo que podría acercarse cualquier buen cristiano. Y una de las alternativas que se deslizan actualmente concierne al elemento químico más simple y más abundante del universo: el hidrógeno.

Aunque esté presente en la mayoría de los compuestos orgánicos de los seres vivos, el hidrógeno se encuentra en el universo en su amplia mayoría en forma gaseosa (H2), y por ser el elemento más liviano de la tabla periódica, este elemento en estado gaseoso ha sido empleado por el ser humano para elevar dirigibles por el cielo. En condiciones normales de presión y temperatura, el gas de dos átomos de hidrógeno es inodoro, incoloro, y no tóxico. Pero existe otra propiedad de este gas que lo hace interesante para los científicos abogados de las denominadas «energías verdes»: el hidrógeno es altamente inflamable y puede servir como combustible al reaccionar con el oxígeno para liberar energía. Al no ser tóxico ni liberar gases de efecto invernadero al hacer combustión (el único subproducto de esta reacción con el oxígeno es el vapor de agua), este elemento aparece entonces como una alternativa más que razonable a los combustibles fósiles de los que depende actualmente la economía humana. Pero he aquí la encrucijada: la economía no puede (o no quiere) desprenderse de sus viejas ataduras. Pero el capricho sólo puede durar hasta que los combustibles fósiles como el carbón y el petróleo se agoten, pero en el proceso sembrarán guerras y miseria hasta la última gota. Sin embargo, ese destino puede ser cambiado si se llevan las acciones debidas a tiempo.

Por desgracia, estas acciones no dejan de hacerse cuesta arriba en el actual escenario socioeconómico mundial. Primero que nada, el hidrógeno no se encuentra en nuestro planeta en estado libre naturalmente, por lo que sería necesario idear y producir todo un sistema de infraestructuras dedicado a aislarlo de compuestos orgánicos e inorgánicos (como el agua) antes de someterlo a cualquier reacción. Esto ya diferencia a este gas de los combustibles fósiles, los cuales pueden utilizarse para generar energía a través de su combustión sin demasiados preámbulos. El esfuerzo extra en pos de un bien mayor a futuro ya genera desconfianza en los empresarios e inversionistas, quienes encuentran dificultades para encontrar beneficios económicos a corto plazo (por no decir inmediatos).  En segundo lugar, «cambiarse al hidrógeno» implicaría desarrollar toda una nueva red de distribución de esta fuente de energía novedosa, red que pasaría a competir directamente con toda una red de combustibles fósiles que ha crecido durante siglos. Los intereses económicos de quienes detentan el poder son una fuerza difícil de contrarrestar, y en este caso son intereses tan fuertes que poseen la capacidad de arrastrar a alianzas enteras hacia la guerra.

Pero el uso del hidrógeno como combustible no es algo tan novedoso. En todo caso lo que sería novedoso sería su uso masivo como fuente popular de energía, ya que su forma gaseosa se ha usado durante décadas para enviar naves hacia el espacio. Una de las principales razones por las que este gas se dejó de usar en medios más populares de transporte en el siglo XX fue que estuvo involucrado en la tragedia de 1937, cuando el zeppelin alemán LZ 129 Hindenburg, el cual flotaba a base de hidrógeno gaseoso, se incendió causando la muerte de 36 personas. Pero el panorama actualmente está cambiando, con muchas marcas importantes constructoras de automóviles, como Honda, Ford o General Motors, apostando por el desarrollo de motores que hagan uso de esta tecnología. Muchos inversores consideran esta tecnología incluso más viable que los motores eléctricos. Hoy los avances tecnológicos permiten mejorar ampliamente las medidas de seguridad, por lo que los riesgos de que escenarios similares a los del Hindenburg se repitan son menores. La propia Agencia internacional de la Energía (AIE) ha dado el visto bueno al uso del hidrógeno como nueva forma modelo de energía durante la última cumbre del G20, subrayando las propiedades de este gas en un informe titulado The Future of Hydrogen: Seizing today’s opportunities.

Sin embargo, uno de los puntos a considerar antes de desarrollar energía a través del hidrógeno es que es menester producir este gas en forma libre de forma independiente de los hidrocarburos, ya que la forma más fácil de obtener la forma de interés de este elemento químico es a través de estos mismos combustibles fósiles. Una de las alternativas a este problema la ha presentado la Universidad de Keele de Reino Unido con su proyecto llamado HyDeploy. El mismo consiste en mezclar el gas natural con un 20% de hidrógeno, lo que reduce considerablemente la cantidad de dióxido de carbono (CO2) liberado a la atmósfera. Este proyecto propone generar hidrógeno a través de un dispositivo denominado electrolizador, el cual divide las moléculas de agua en sus componentes principales, es decir el propio hidrógeno y el oxígeno. Esta electrolisis puede realizarse utilizando energías renovables como la eólica, sin tener que recurrir a ninguna energía no renovable y contaminante. El único inconveniente de este proceso es lo elevado de su costo. «La electrólisis del excedente de energía renovable es inequívocamente beneficiosa para el medio ambiente, pero no es muy eficiente», según explicó a la BBC el analista del medio ambiente Roger Harrabin. «En el futuro próximo, puede ser más barato producir hidrógeno a partir de gas natural. Sin embargo, el CO2 se libera en el proceso industrial utilizado para generar hidrógeno», agregó Harrabin. Otra alternativa posible es el uso de la tecnología denominada de «captura y almacenamiento de carbono» (CCS), la cual todavía no es muy accesible pero que permite atrapar bajo tierra el CO2 liberado durante cualquier producción de hidrógeno gaseoso. Aunque el camino hacia el uso del hidrógeno como fuente de energía alternativa a los combustibles fósiles se haga cuesta arriba, el camino se hará cada vez menos empinado a medida que los esfuerzos de la humanidad entera se concentren en ese sentido. Los beneficios a futuro son tan incalculables como los perjuicios de seguir dependiendo del petróleo y del carbón para brindar energía a las poblaciones humanas cada vez más masivas durante los próximos años. Aunque cueste creerlo, decisiones de este estilo son cuestiones de supervivencia.

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