#OpiniónEl dilema profundo: continuidad o cambio educativo

El dilema de la próxima semana en lo educativo es simple: continuidad o cambio como enfoque intelectual de encarar los temas en sus aspectos más complejos y como marco de referencia de la dinámica de la política pública.

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Eso es lo que se vota. Continuidad en un gobierno monocolor que no escucha otras voces, o un gobierno multicolor que se concibe como un espacio de consenso, valorando la disidencia y las otras voces. Continuidad de una lógica de gasto sin control ni contraprestación o de concepciones que reconocen la necesidad de la evaluación y de aseguramiento de la calidad y búsqueda de control de los recursos públicos. Continuidad de un enfoque corporativo frente a concepciones que conciben la necesidad de equilibrios del Estado frente a los grupos de poder.

Continuidad de un enfoque político en la gestión o desarrollo de sistemas que se focalizan en la búsqueda de la calidad de los procesos. Continuidad de la autarquía institucional, o la conformación de un rol de liderazgo y gestión en el Codicen y en el Ministerio de Educación. Continuidad de un concepto de educación estatal, o desarrollo de un concepto de educación pública en el cual lo privado no está reñido por definición ni con la calidad ni con lo público.

Continuidad de lógicas de los consejos plurales en muchos ámbitos, y sin duda en el Parlamento, frente a modelos corporativizados o reducidos a las visiones dentro del partido y, por ende, con relativa homogeneidad. Continuidad de un enfoque presencial único, o un impulso a multimodalidades y de utilización intensiva de las tecnologías en la enseñanza.

Es concebir la política educativa como parte de una larga tradición de la historia nacional de construcción social e histórica que ha sentado las bases de la construcción del Uruguay, o una visión fundacional rupturista con el pasado que no reconoce otros logros, nombres, procesos que los generados por el régimen actual, y que ha pretendido borrar nuestras maravillosas experiencias históricas que en cada tiempo fueron aportando y agregando granos a nuestra construcción como nación.

La tradición de grandes ministros como Pivel, Reta, Lichtentstein, etc, o de operadores políticos del partido de gobierno o actores de murga. Todo esto es lo que se discute en educación y no meramente un cambio de gobierno. Es la continuidad no de algunos hechos y acciones puntuales positivas y pertinentes, sino de un enfoque general de la política pública en educación y de una ética educativa.

La educación requiere el camino de la calidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje, requiere el uso de las tecnologías de comunicación, requiere visiones técnicas basadas en datos reales y evaluaciones objetivas y no marcos ideológicos y respuestas maniqueas, requiere centrarse en la enseñanza y no en la ideología y la lucha política violando la laicidad.

Requiere más supervisión pero también más libertad de las escuelas y de las unidades académicas, requiere reafirmar el conjunto de valores históricos o no conducir a nuestros hijos a un lenguaje llamado inclusivo que deteriora la gramática, la ortografía y el lenguaje

Sin duda que algunas cosas deben mantenerse y continuarse. La UTEC sin lugar a dudas como expresión incluso de un acuerdo nacional, pero aún otras que han sido iniciativas puntuales. Pero es necesario recalcar que en educación lo dominante son las fuertes diferencias políticas e ideológicas, y que todo parecería que por estos debates se sientan las bases del futuro de la nación.

Hace décadas la confrontación fue entre democracia que llamaron burguesa y una democracia revolucionaria que llevó a la dictadura. Posteriormente irrumpió un debate maniqueo entre posturas a favor de la reforma agraria, nacionalización de la banca y el comercio exterior y no pago de la deuda como banderas de visiones casi infantiles, frente a los equilibrios en las cuentas públicas y el respeto a la economía de mercado.

También se polarizó el debate de la cultura y hace casi treinta años me tocó un debate ideológico en Uruguay donde todo enfoque que tomaba atención a las industrias culturales era visto como un paradigma mercantil que deterioraba las manifestaciones culturales y no como el mecanismo de apoyo y protección a nuestros creadores y el impulso a una economía naranja que abre nuevos caminos a las naciones.

Hoy el debate polarizado se focaliza en la educación. Para algunos la eficiencia es mercantil, la evaluación va en contra de la autonomía, la calidad va contra la equidad y el acceso, la competencia va contra los aprendizajes. La calidad se alcanza con la autarquía y hasta los exámenes a los estudiantes y las exigencias en el proceso de aprendizaje son vistas como prácticas negativas. Lenin, en su sabiduría, ya definía hace años estos enfoques como infantilismo de izquierda.

Son enfoques no sólo limitados y equivocados, sino que van contra las mejores tradiciones del Uruguay y contra las mejores opciones del desarrollo del Uruguay y de su inserción en el mundo. Sin evaluación no hay calidad, sin estándares no existe la igualdad de oportunidades de la educación, sin la participación de los padres en la enseñanza no hay sustentación de la sociedad y la familia, sin el uso de tecnología no hay educación pertinente, sin diversidad institucional no hay creación de sistemas plurales y desarrollo de la cobertura, sin exigencias y evaluaciones no hay aprendizajes.

Esta son las discusiones y las decisiones educativas que tenemos todos ante nosotros en estos días. Y son decisiones sobre el futuro real del país.

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1 comentario
  1. Marcelo dice
    vos escribiendo disparates de nuevo ??? tengo que pensar que pagas para escribir aca ??????……porque habiendo tanta gente de la enseñanza realmente capaz nunca veo que puedan expresarse !!!!!!!!!!!!!

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