El currículo y la docencia híbrida

La docencia ha sido concebida en el aula con actividades crecientes de profundización fuera del aula. Ha sido una enseñanza unimodal, centrada en lo presencial cuyo eje central ha sido tradicionalmente un modelo de transmisión de información.

Desde ese centro se ha ido trasladando sucesivamente hacia modelos que incorporan la práctica, el trabajo colaborativo y dinámicas activas de enseñanza como el aprendizaje basado en problemas, aula invertida o aula ampliada.

Todos ellos fueron impulsando dinámicas de trabajo asincrónicas fuera del aula como apoyo a las actividades de autoaprendizaje gracias a recursos didácticos y metodológicos para los estudiantes. En tiempo digitales ello se ha ampliado y ha tenido un desarrollo con el apoyo de plataformas tipo LMS con apoyo tutorial docente así como en plataformas tipo MOOCs sin actividades tutoriales y recursos empaquetados.

Estos desarrollos han ido lentamente conformando un nuevo modelo pedagógico que aunque se centraba en lo presencial, ampliaba y complejizaba las formas asincrónicas y establecía diversidad de articulaciones entre actividades y contenidos sincrónicos presenciales y los apoyados en dinámicas asincrónicas virtuales.

Con la irrupción, rápidamente acelerada por la pandemia de una enseñanza sincrónica virtual, de tipo Zoom, no solo irrumpió una nueva enseñanza virtual, sino que se ampliaron las articulaciones entre las distintas modalidades del proceso de enseñanza, y se creó un modelo híbrido más complejo.

Este nuevo escenario de enseñanza híbrida que permiten las tecnologías digitales sincrónicas y asincrónicas, transforma los procesos de enseñanza y los diseños curriculares óptimos y posibles, y con ello también impone nuevas dinámicas del trabajo docente y estudiantil.

La educación se caracteriza históricamente por la existencia de un conjunto de tendencias estructurales, entre las cuales destaca el impulso a la diferenciación y al desarrollo de recursos de aprendizaje, y con ello también de una tendencia a la complejización de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Con la irrupción y expansión de la modalidad sincrónica virtual y de una educación híbrida junto además a los componentes presenciales, se amplían y complejizas esas tendencias y dinámicas educativas. Con ello, el diseño curricular y los procesos de enseñanza-aprendizaje amplían sus articulaciones: entre actividades sincrónicas presenciales, sincrónicas virtuales y asincrónicas virtuales tanto con trabajo tutorial o totalmente autónomas.

Esta mayor diversidad, también diferencia las tareas de los docentes y sin duda las competencias requeridas para esos trabajos.

La diferenciación en curso a través de éstas multimodalidades está facilitando también una mayor flexibilidad curricular y permitirá a la vez una mayor individualización de la enseñanza y el uso de pedagogías más óptimas para los diversos contenidos, pero al tiempo agrega complejidad de tareas y un diseño curricular más especializado y diferenciado.

Las horas de enseñanza de los programas se deberán diferenciar más claramente en tiempos presenciales, sincrónicos y asincrónicos en función de alcanzar los mejores objetivos de enseñanza. Ello requerirá cambios en los diseños de los currículos y hará más precisas las articulaciones entre el uso de las distintas modalidades y los objetivos de aprendizaje, y sin duda contribuirá a un avance hacia un enfoque por competencias, al diferenciar las tareas docentes y estudiantiles.

Con ello, esta diferenciación técnica que ha irrumpido, promoverá cambios en el modelo de enseñanza y facilitará una mayor diferenciación de los propios docentes. Hoy ya existe el «docente tutor» que se focaliza en un trabajo asociado a actividades asincrónicas así como «docentes prácticos o de laboratorio» cuya labor es apoyar las adquisición de competencias en actividades presenciales no catedráticas fundamentalmente en laboratorios o talleres.

También tenemos «investigadores» así como «autores» que son crecientemente actividades especializadas que hacen algunos docentes y no todos.

Todo ello va mostrando la diferenciación y complejización de la tarea docente y de enseñanza y que con la educación hibrida se profundiza. Representa un aumento de lo que se llama división social y técnica del trabajo que se constituye en una de las tendencias estructurales más profundas de las sociedades moderna derivada del aumento del conocimiento y de la mayor complejidad de los procesos técnicos.

Todas las actividades laborales se van diferenciando y dividiendo, creándose nuevas actividades más especializadas que pasan a ser realizadas por personas con competencias más específicas. Acompañando esas lógicas, los aparatos educativos permanentemente van diferenciando y segmentando sus ofertas técnicas y profesionales en esta dirección.

Ya hay docentes de primaria, de educación especial y de preescolar o de habilidades especiales para solo referir a meramente a algunos casos en el nivel primario. En la educación superior ello es de una enorme dimensión y se habla de más de 400 mil especializaciones a escala global con incrementos permanentes.

Esta división técnica y social, en lo atinente a las tareas docentes, aumenta aún más con la educación hibrida por el avance de nuevas técnicas y nuevas opciones pedagógicas. Con ello ya posible pensar en un docente que realiza todas las actividades ni en el mismo campo, nivel o asignatura.

Aunque muchos lo traten de esconder ya las actividades de docencia, investigación y extensión no se pueden realizar por las mismas personas en forma eficiente por requerir cada vez competencias tanto duras como blandas diferenciadas.

La educación hibrida no solo implica un currículo hibrido donde cada modalidad con sus mediaciones tecnológicas se articule a un objetivo propio de aprendizaje, sino además la aparición de roles y funciones docentes más diferenciadas.

Hay por ende también la necesidad de concebir una formación docente más diferenciada en lo referido a roles y tareas y por ende de competencias. Es claro que los docentes no pueden realizar todos las tareas ya que ellas son crecientemente diferenciadas aun en el campo docente.

Como la educación continuará siendo más diferenciada y más híbrida en entornos digitales, también se seguirán ampliando y diferenciando las tareas docentes, obligando a un trabajo docente menos individual y más de equipos interdisciplinarios, con tareas, funciones y competencias diferenciadas.

Y por ende es necesario concebir que los docentes ya no pueden tener un solo perfil sino que su trabajo es parte de un engranaje más amplio de tareas, más allá de que existan competencias transversales comunes para todos los docentes del siglo XXI en la sociedad digital.

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