ARCHIVOS DEL EXILIO (3)El Corte de la Ayuda Militar a Uruguay: Un duro Golpe al Golpe

El 15 de junio de 1976, aterrizaba en Nueva York, el vuelo que nos llevaba a mis padres y a mi desde Londres. Eran las 21:30. Hablamos poco durante el viaje íbamos a librar una batalla difícil. No hacía dos meses de la muerte de Zelmar y Toba, quienes debían de acompañarnos. Intentaríamos que los Estados Unidos cortaran la ayuda militar a Uruguay por resolución del Congreso. Gobierno Republicano con mayoría en el Senado.

A fines del año anterior, habíamos ido con mi padre a Washington. Tras estar yo preso, en el Departamento 6 de Inteligencia policial, pudimos concretar con el viejo, el anhelado viaje. Fuimos a Venezuela, Mexico y Estados Unidos, en lo que fue nuestra primer experiencia de diplomacia en el exilio. Toba había estado en el Parlamento Europeo y Zelmar en el Tribunal Russel. Pero nosotros, debutábamos y en EEUU. En palabras de Martí: «Las entrañas mismas del monstruo.»

El viaje culminaba una serie de actos preparatorios del Dr. Edy Kaufman, de Amnistía Internacional. El mismo que en el 76 nos habría de ayudar a salir de Argentina. Edy, venía planeando las audiencias en el Congreso de EEUU. Quería que fueran los tres. Cuando secuestraron a Zelmar y Toba, fue al primero que contactamos con Chicho Michelini y Marcos Gutierrez.

Kaufman venía trabajando en Washington DC, la Washington Office on Latina America (WOLA), el Congresista Koch (y su asistente Charles Flynn) y con el Presidente de la Comisión de Apropiaciones (autorizaciones presupuestales) de la Cámara baja de EEUU, para lograr las audiencias sobre los DDHH en Uruguay. Con todos ellos nos reunimos en el viaje del 75. Nadie diría que la WOLA, iba a ser, meses después, lugar de trabajo, y mi hogar un año después. Su director, Joe Eldridge el amigo de la vida, el día de hoy.

Quedó todo armado y con esa buena noticia regresamos a Buenos Aires. Solo faltaba que la Embajada de EEUU otorgara un salvoconducto a Zelmar. Los pasaporte de los tres habían sido anulados (en una misma resolución) por oficio del MRE H12/1975(1827). Toba tenía pasaporte español, el viejo no sabía y no existían las computadoras. A Zelmar se lo quitaron al pretender renovarlo. Tengo la copia del oficio en mis manos. La verdad, aveces demora, pero termina saliendo a luz.

La demora inusual en otorgarle el salvoconducto a Zelmar (en mi agenda figuran seis idas al Consulado de EEUU en Buenos Aires), demora el viaje. En plena espera, secuestran y asesinan a nuestros amigos. El día más trágico de nuestras vidas. Tras despedir sus restos, el propio Kaufman logra que nos reciba el Embajador de Austria y nos permita volar a Europa. Allí empezamos a preparar la audiencia que debió ser para los tres.

En el momento nos parecía todo muy normal. Y a mi con mis 23 año. ¡Pedirle al Congreso de EEUU que cortara a UN PAIS la ayuda militar por violaciones de derechos humanos! Su aprobación sentó una jurisprudencia de repercusiones muy importantes en la participación del Congreso en la Política Exterior y militar de EEUU. Le siguieron la enmienda Harkin-Kennedy que obligaba a tener reportes de DDHH de cada país antes de autorizar la ayuda.

El 16 de junio viajamos a Washington. Al otro día, se realizan las audiencias. Estaba presente el diputado Koch, que no pertenecía a la Comisión parlamentaria que convocaba a las mismas. Koch nos había conocido en el primer viaje, 6 meses antes y se había motivado mucho. Luego fue autor del proyecto de corte de ayuda conocido como «enmienda Koch.» Después llegó a ser el afamado Alcalde de Nueva York y hasta su muerte nos mantuvimos en contacto. Hasta hoy con su asesor Flynn, la aprobación de la enmienda.

Al comenzar las audiencias Wilson hizo poner dos sillas vacías a su lado para recordar a sus amigos muertos. Conservo su diario de sesiones, que en algún momento arrimé a una Fiscal amiga, ejemplo de dignidad nacional. Hoy EEUU se ha llenado de exiliados. Piden la intervención de EEUU en los asuntos internos de su país. Todo lo contrario de Wilson que, denuncia su injerencia en nuestros asuntos y exige el cese de la intervención.

Ese día, como en futuras visitas que hizo Wilson a EEUU, yo notaba que que la importancia que le daba a las mismas iba de la mano con la «bronca» de tener que hacerlo. Así cuando nos reunimos una par de años más tarde, con un Secretario de Estado terminó contándole cómo eran los «troperos» en Uruguay. De igual modo cuando terminó sus palabras en el Congreso, contestó preguntas. Una era sobre cuántos habitantes tenía Uruguay. Con cara de traducido a traductor, me miró a los ojos y me dijo: «que busque en la Enciclopedia Británica.»

Su exposición comenzó marcando la cancha: tras presentarse dijo «La tarea de denunciar los crímenes que día a día se cometen en mi país, o con nuestros compatriotas fuera de él, no ha sido fácil, (…) nuestra nación es muy pequeña, desconocida para muchos (…) y para quienes saben cómo era mi país resulta difícil creer que se haya transformado en esto que es hoy.» A esa breve introducción sigue una detallada y documentada denuncia del terrorismo de Estado por parte de la dictadura uruguaya dentro y fuera de su territorio.

Culmina denunciando: «La Embajada de EEUU en Montevideo, actúa como agente de relaciones públicas del gobierno uruguayo, difundiendo en el mundo entero falsas informaciones sobre la situación interna, desmintiendo denuncias exactas y hechos notorios (…) dice que sólo han sido detenidos `unos centenares de comunistas´ y ha mejorado la situación de los derechos humanos.»

Para rematar sus palabras «Es contra esta injerencia directa y desembozada en los asuntos internos de mi Patria que protestamos enérgicamente. Así como protestamos contra la asistencia material y técnica (…) a la tiranía en el poder. Lo único que pedimos es que se nos deje solos. Nuestros compatriotas están luchando como pueden, para defender principios, ideales que nuestro país tomó de la Constitución Americana. (No podríamos entender) que en favor de sus enemigos, pudiera seguir volcándose el peso la misma Nación que defendió estos valores hace 200 años. Pido a Dios que no sea así. Estoy seguro que no será.»

Pos días después se regresan los viejos y en el mismo aeropuerto les digo que me quedo. Hace falta quedarse y regar la semilla que se sembró. Nos despedimos muy de sorpresa. Los días que siguen lucho como puedo por la aprobación de la enmienda. Se logra.

Así se lo comunica en el congresista Koch:

«Querido Wilson: Setiembre 30 de 1976
Quiero decirte lo emocionado que quedé con tu carta y telegrama de gratitud. La Victoria sobre la ayuda militar al Uruguay nos el fin de la batalla sino el comienzo. Deseo que pronto los EEUU pongan fin a su apoyo, militar, económico, moral, al regimen militar actual.
También me han dicho que los mandos militares me han atacado por nombre. ¡Lo considero un honor!
Finalmente quiero que sepas que debes estar muy orgulloso de tu hijo. Está haciendo un trabajo excelente en Washington. La tradición democrática de Uruguay no ha muerto. Está tan viva en tu hijo como en tí.
La Democracia vencerá en Uruguay. Me comprometo ante tí, en cuanto pueda, que los EEUU no lo impedirá.
Con un Gran Abrazo:
Edward Koch».

Pocos días después recibo un sobre de Londres, donde residían precariamente mis viejos. Era una foto con Papá saliendo de Casa de Gobierno el día de la masacre de la 20 sección. La dedica: «No hay camino difícil con un buen compañero, de tu padre. Londres, junio 1976».

Esas dos cartas me dieron la fuerza que necesitaba para seguir.

Puede leer la primera parte aquí: Rienda suelta a la Memoria

Puede leer la segunda parte aquí: Mataron a San Romero

2 Comentarios
  1. corsariosalgari dice
    Pensar que Bordaberry y su corte de los milagros decían que James Carter era comunista…
  2. Ricardo de Las Piedras dice
    El mayor problema con EE.UU. es que sin dudas ayudó a gestar el golpe; y después que están los hechos consumados es difícil recuperar la situación anterior. De hecho, si el corte de la ayuda militar fue en 1976, pasaron muchos años de muertes, torturas, exilio y arbitrariedades de todo tipo, hasta que Uruguay logró alcanzar la democracia -tutelada al principio, más «plena» después- y volver a la normalidad institucional. EE.UU. es responsable principal de la ocurrencia de los gobiernos de facto (perdón, DICTADURAS) en el Cono Sur. Obviamente en alianza con las oligarquías locales y las fuerzas de «seguridad» nacionales (si se les puede llamar así)

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