Conmovedora cartaEl corazón de una niña roto por la Conmebol

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Esta es la conmovedora carta que hizo pública Luis, el papá de Emilia, una niña que se quedó sin el sueño de ver la final de River-Boca, por culpa de la decisión de Conmebol:

El sábado 24 fui con mi hija Emilia de 10 años, era su primer partido en el Monumental y nada menos que la final de América, el superclásico más pasional del mundo. Sus ojos brillaban de la emoción. A las 14 ya estábamos con el corazón a mil, calor, sol de frente, pero nada importaba. De repente una versión indicaba que se suspendía por agresión al micro de Boca. Se pasó a las 18, ya no quedaban agua ni gaseosas. Nuevo anuncio: se juega 19:15. Salen los árbitros, pero… 19:20 partido suspendido para el domingo.

Nos fuimos cabeza gacha, sin pronunciar palabra. Después de un rato ensayé un discurso diciéndole “Emi, al menos la pasamos bien juntos, cantamos, nos reímos”, pareció ser un segmento de aquella recordada película “La vida es bella” donde el padre trataba de explicarle a su hijo de modo tal que todo parezca lindo.

Domingo 25: partido suspendido 3 horas antes de las 17. Otra falta de respeto para el hincha. A las 13 ya habíamos salido. Emi me mira con los ojos vidriosos, una y otra lágrima corrían por sus mejillas, se me hace un nudo en la garganta y siento un vacío y un dolor inmenso en mi pecho, la abrazo como pidiéndole perdón por algo que le prometí y no pude cumplirle. Era ver desnudada el alma de una pequeña niña de 10 años que con la camiseta puesta del club de sus amores veía definitivamente rotos sus sueños, un golpe a la ilusión.

Volvimos a casa con una gran tristeza, bronca, nos sentimos manoseados y ninguneados en todo momento, Emi se tiró en su cama, abrazó a su peluche “Piki” y lloró desconsoladamente. La vi y en ese momento pensé no pisar más un estadio. Ya no me importa la Copa. Es una copa perdida por Boca, River, Conmebol, AFA, FIFA y fundamentalmente por la sociedad y los políticos mediocres, insensibles, robots no inteligentes que se llevan puesto todo, no importa cómo ni a quién.

Ahora más tranquila me mira y reflexiona: “papá, yo me levanto a las 6 y media, estudio en el Colegio, vengo a casa, hago las tareas, soy buena amiga, por qué pasa lo que pasó, no lo entiendo papi, estoy muy triste por mí y por vos papi, no pude.

Adiós al fútbol y a la pasión, adiós al sentimiento… a asistir a un estadio, ni mirarlo por televisión. Chau fútbol, ese 24 de noviembre todos ellos te pegaron un tiro de muerte del que no te levantaras nunca más, al menos eso creo hoy al ver el dolor de Emi.

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