#IdearioEl ciudadano y la hegemonía cultural de los medios

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Un olvidado concepto de Marx sobre el trabajo “alienado” daba cuenta de cómo en el capitalismo los trabajadores pueden ser dominados por el sistema hasta el punto de perder su autonomía y pensar o actuar como sus patrones, o convertidos en consumidores egoístas obsesionados por el dinero. En otra parte, Marx apela a las nociones de “clase para sí” y “clase en sí”, definiendo el comportamiento de las que llegan (y las que no) a “ser conscientes” al asumir su papel en la sociedad.

La referencia viene a cuento porque, desde sociólogos a politólogos, observadores, analistas, y simples espectadores sentados en la tribuna, son testigos del ascenso de una ola de “descontento” en toda América Latina, con una rencorosa aversión contra la “democracia”, los gobernantes, los políticos y los partidos, de cualquier pelo y color, en particular si están en el gobierno. Habría un avance incontenible de “las derechas” y una pavorosa ausencia de líderes confiables, con una inquietante preferencia por notorios charlatanes de feria que prometen lo que sea y, lo que es peor, reciben aplausos por proclamar el odio hacia inmigrantes, minorías étnicas y movimientos feministas.

La contradicción está en que Latinoamérica sale recién de una década de progreso económico y social excepcional, con crecimientos sostenidos del PBI y ascenso estructural de 90 millones de seres que salieron de la pobreza. No puede entenderse cómo un candidato que admira públicamente la dictadura brasileña y aplaude la tortura, con desprecio a negros y homosexuales, reciba más del 55% de los votos ciudadanos. Menos siendo el mismo Brasil al que los gobiernos de Lula llevaron educación y salud a inmensas masas de pobres, librando de la miseria a millones de brasileños y dándole acceso a los servicios del Estado. Es evidente que debe existir alguna variable que escapa anuestra ecuación. O no estamos entendiendo lo que pasa.

Sin ingresar en el tema de la “excepcionalidad” de Uruguay en el continente y en atención a la omnipresencia de Brasil y de Argentina en nuestros asuntos económicos, sociales y culturales, vale preguntarse por el destino de este país. Perdido en el bombardeo de información caótica y desordenada que recibe el ciudadano, sólo se puede discutir con cifras, ordenadas estadísticamente por organismos internacionales confiables (Banco Mundial, CEPAL, PNUD).

Y esas cifras dicen que es éste el país más igualitario del continente, con la mejor distribución de la riqueza, con el menor porcentaje de pobreza, con el mejor y más amplio servicio asistencial de salud y enseñanza gratuita a todos los niveles. Y que la corrupción se mide según el índice de Transparencia (máximo 100) donde Uruguay tiene 70, igual que Francia, dos puntos menos que Japón, tres más que Chile y ocho más que Israel (“Transparencia Internacional”, 2017).

Es obvio que los logros no son obra solamente de este gobierno sino de la sociedad toda.

Pero la estabilidad de la moneda y este crecimiento de la economía en tiempos de crisis, a pesar de los números, ha sido barrido por la prensa “nacional” mediante una campaña desestabilizadora que pone en duda la credibilidad del país, con comentarios insidiosos que manipulan información, la filtran o la mutilan, creando un “microclima” malsano y pesimista en la población.

A nombre de la “libertad de prensa”, esas empresas creen tener “licencia para matar” impunemente la honradez de las personas e instituciones, difundiendo acusaciones que no surgen de los hechos, como dueños de una “verdad” que ofrecen como única a la ciudadanía. Esa es la “cultura hegemónica de los medios” y que ha transformado lo que fuera nuestro Estado de Derecho en un “Estado de Opinión”, donde el juicio y la sentencia lo tienen, no los jueces, sino quienes “manejan la información” que recibe el ciudadano.

Lo define Noam Chomsky: “Cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias) marginalizando al público o reduciéndolo a una forma de apatía”.

¿Cómo pueden los individuos ser inducidos a ir contra sus propios intereses?

Jurgen Habermas, en su “Democracia Deliberativa”, entiende que nuestro sistema parte del supuesto de una ciudadanía preparada e informada como para comprender y participar de la política. Pero no ocurre así.

“El Estado está para garantizar y hacer asumir los derechos”, dice, “pero no se preocupa por el proceso de formación y creación de los mismos”.

Estamos desertando de la obligación de proporcionar al ciudadano los insumos imprescindibles para formar su propia opinión, lo que le deja librado a las fuerzas de formación de opinión del “mercado”, ante la omisión y el silencio del gobierno.

Un programa republicano es un ciudadano informado y fraternalmente preocupado por sus iguales, dispuesto a participar activamente en la defensa del “Bien Común”.

Esa es la batalla que falta.

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3 Comentarios
  1. Gabriel Curbelo dice
    ESTIMADO NICOLÁS ARIEL HERRERA , CREO QUE USTED NO ESTÁ ENTENDIENDO LO QUE PASA , USTED VIVE EN UNA NUBE , ESTÁ SUMERGIDO EN SUS CONVICCIONES SIN PONERLAS A PRUEBA. DECIR QUE LULA SACÓ A BRASIL DE LA POBREZA ES ESTAR VIVIENDO EN OTRO PLANETA. GRACIAS A GENTE COMO USTED EL MUNDO GENERA TRUMPS Y BOLSONAROS.
    1. Esteban dice
      Lula no solo sacó al Brasil del mapa del hambre sino que sacó de la pobreza a más de 30 millones de brasileros y colocó a Brasil como la sexta economía del mundo. Entre tantos logros, sobretodo en educación. Vaya a Google y vea cuántos instituos de educación abrió, , facultades, cuántos programas fueron implementados, etc, etc.
  2. Pepe Le Pu dice
    Estaria buenazo que ademas de repetir hasta el cansancio lo de formar o informar (que sugeriria un error de tal o cual partido), se diga tambien el como se debe hacer. Lamentablemente no ha habido una solucion real (sin caer en la censura y monopolizacion de los medios de comunicacion). Ni siquiera en lugares donde los recursos no son un problema, se ha podido combatir la apatia generalizada acerca de los destinos de los propios ciudadanos… Esa misma apatia que es la semilla que germina en votar cualquier cosa.

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