#OpiniónEl cepo vive y lucha

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La paradoja Argentina al palo. Macri asumió como presidente de los argentinos con la firme intensión de terminar con el cepo que había sido instalado en el anterior gobierno de Cristina Fernández; termina él instalando otro cepo a pocos meses de finalizar su mandato.

Macri acaba de probar de su propia medicina. No tuvo más opciones que beber de aquella agua que había perjurado que jamás bebería, lo que le resta aún más credibilidad de la poca que aún goza.

El cepo cambiario es una medida tendiente a limitar la cantidad de dólares que pueden adquirir tanto las empresas como las familias en una economía. Se trata de una medida drástica, que busca como objetivo evitar que la gente compre dólares y retire esas divisas del país, aminorando la suba sin fin del tipo de cambio.

El cepo es uno de esos instrumentos que son los últimos que cualquier gobernante desearía tomar; es cuando ya no quedan más opciones; una especie de manotón de ahogado o medida casi desesperante. El razonamiento es que si logro -por medio de la imposición- que el público deje de comprar dólares, baja la demanda, por lo tanto estabilizo su precio o al menos freno la suba desenfrenada, con lo que también le estoy dando un golpe a la inflación e intento cambiar las expectativas de los agentes económicos.

Por otro lado la medida genera otras consecuencias muy malas para la Economía. Intentar regular cualquier precio genera inexorablemente un mercado paralelo o mercado negro como quieran llamarle. Ante la escasez de cualquier bien -en este caso el dólar- siempre existe gente que tiene mecanismos para «obtener» ese bien escaso y por lo tanto lo vende a un precio «mayor» que el precio del mercado.

Dicho en otros términos hay un dólar cuyo tipo de cambio en Argentina se cotiza a $56 en la pizarra en el mercado oficial pero como existen restricciones para su compra (no se puede comprar más de U$10.000 mensuales) y Ud necesita más divisas, entonces debe recurrir a comprar dólares fuera de las casas de cambio. Ahí aparece el llamado «dólar blue» que ya en los primeros días andaba por los $65 pero se espera que a medida que pasen los días del cepo y las necesidades de obtener dólares sean mayores va a ir en aumento y generando una brecha cada vez mas importante con el tipo de cambio oficial.

Tener dos tipos de cambio es campo fértil para los especuladores, compro barato y vendo caro el mismo bien en un lapso de tiempo muy corto, lo que complica aún más el panorama de la vecina orilla.

El cepo genera inestabilidad económica ya que los agentes económicos se ven sorprendidos por una medida que no esperaban o que les habían dicho que nunca iban a tomar; eso es lo peor que le puede pasar a una Economía pues nadie sabe que va a pasar en el futuro.

Si los agentes económicos no saben qué pasará es imposible que tomen decisiones de inversión. ¿Quién va a invertir en un país que no tiene previsibilidad en ninguna de las variables económicas principales? Tipo de cambio, inflación, déficit fiscal, nivel de reservas, deuda externa, etc. Nadie.

¿Quién va a invertir en un país donde todo el mundo ve que se incendia la pradera y que en pocos meses hay un cambio de gobierno que tampoco se sabe a ciencia cierta que va a plantear? Nadie.

Se trata de una actitud desesperada tendiente a sobrevivir los pocos meses que quedan, apuntando que la situación económica no se descontrole más de lo que ya está y que genere condiciones a una mínima estabilidad que dé una chance -en mi concepto minúscula- de salir victoriosos en la próxima elección y en caso de perder -el escenario por lejos más probable- dejar al menos un país de pie y no destruido en todas sus variables.

Para el Uruguay son muy malas noticias. Que existan severas restricciones para el acceso de dólares de los argentinos no hay que ser muy sabio para darse cuenta que afecta la temporada turística en el país. Si la gente no puede hacerse de sus ahorros es evidente que tiene dificultades para moverse, para viajar, para tomarse vacaciones. Eso es independiente de la recesión, que ya de por sí también afecta los flujos de turistas al país.

Nuestras autoridades en materia de Turismo siempre nos sorprenden y sacan algún conejo de la galera. Hasta ahora las temporadas turísticas -con todo tipo de situaciones- han sido de éxito tras éxito y récord tras récord, por lo que hay crédito para esperar medidas que ayuden a saltear esta situación; sabiendo de antemano que el desafío es grande.

Quizás el problema mayor para nuestras autoridades y también para los operadores turísticos sea la incertidumbre. Todo el mundo sospecha que las decisiones que se han procesado en la Argentina no terminan ahí -la caja de Pandora tendrá otras sorpresas- por lo tanto no es fácil para nadie tomar decisiones sobre decisiones que aún no se han procesado.

El otro rubro donde Uruguay se verá afectado es el sector exportador. Ya las exportaciones hacia Argentina han tenido un retroceso desde el año 2018, aunque es bueno decir que el Uruguay siempre se las ha ingeniado abriendo otros mercados y diversificando la oferta exportadora.

Es evidente que si el Tipo de Cambio sube en la Argentina y nosotros no acompañamos ese crecimiento perdemos «competitividad» con ese país; esto significa que para Argentina comprarnos a nosotros le sale cada vez más caro y seguramente encuentran otras opciones en otros latitudes que les resultan más conveniente, por lo que es esperable una baja de las exportaciones.

El Uruguay se ha caracterizado por tener seriedad y previsibilidad en sus políticas. No es casualidad que mientras Argentina se cae a pedazos, Brasil sigue en severa recesión y Paraguay terminó su período de inmunidad y también ingresó en un período de contracción, Uruguay sigue en ese contexto de terror con crecimiento ininterrumpido durante 15 años; a esta altura una hazaña.

Esa previsibilidad a los agentes económicos debe mantenerse. Por lo tanto la fluctuación del tipo de cambio deberá tomar en cuenta los vaivenes argentinos pero de ninguna forma puede dejarse arrastrar por las fragilidades y vulnerabilidades que nuestro vecino demuestra. Ellos son los débiles, no nosotros.

Seguimos nuestro rumbo. No ciegos, no sordos, no con una venda que cubra nuestros ojos, pero firmes en nuestro camino; al fin y al cabo es el que la realidad ha demostrado que es el camino correcto.

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