"La Iglesia debe estar del lado de los que sufren"El Cardenal Sturla no firmó derogación de «Ley Trans»

0 378

«La Iglesia, siguiendo a Jesucristo, tiene que ponerse siempre del lado de las personas que sufren. Si las personas trans han sufrido, ahí tiene que estar el corazón del Evangelio», opinó el Cardenal de Montevideo, Daniel Sturla.

No obstante señaló que no comparte el artículo 1º de la ley.

Ese artículo establece que toda persona tiene derecho al libre desarrollo de su personalidad conforme a su propia identidad de género con independencia de su sexo biológico, genético, anatómico, morfológico, hormonal, de asignación u otro.

Las reacciones ante las declaraciones de Sturla no se hicieron esperar por parte de quien es uno de uno de los principales referentes de la campaña contra la «Ley Trans».

Carlos Iagigliola, de la Corriente Nacionalista Cristiana, escribió en su Twiter: «Una de cal y otra de arena. Felicité la declaración de los obispos hace pocos días y hoy discrepo profundamente con tu declaración. Yo seguiré trabajando para derogar la «Ley Trans».

«Hoy tenemos que jugar en todas las canchas, parroquias, colegios, movimientos, en la comunicación, en la educación, en la salud, en las cárceles, en el carnaval»

El Jueves Santo se celebran dos misas: la llamada Misa Crismal, que tuvo lugar esta mañana en la Catedral Metropolitana, y la misa vespertina en la Cena del Señor, en las parroquias y capillas. La Misa Crismal incluye la consagración de los santos óleos que se usan para los catecúmenos, el bautismo, las confirmaciones, ordenaciones, consagración de los altares e Iglesias y para la unción de los enfermos. Ayer se visitaron las siete iglesias y se hizo el vía crucis en el Cerro, durante la noche.

En esta celebración resalta el tema del sacerdocio, y su institución por parte de Cristo. Como expresión visible de la Iglesia jerárquica, es una ocasión única; más aún si están presentes también un buen número de fieles, dándole a la celebración un significado más fuerte de unidad del Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia local.

En la Misa, que fue presidida por el Cardenal Daniel Sturla, acompañado por los Obispos Auxiliares Mons. Pablo Jourdan y Mons. Luis Eduardo González (que cumplía 10 años de ordenación sacerdotal), el Nuncio Apostólico, Mons. Martin Krebs y el Secretario de la Nunciatura Apostólica, Mons. Simón Bolivar Sánchez; y con la presencia de los sacerdotes y diáconos de la Arquidiócesis, así como una muy buena cantidad de fieles.

La Catedral lució colmada por religiosos, religiosas y laicos de todas las edades. Los cantos ayudaron para acompañar una celebración de toda la Iglesia, en un momento para dar gracias por los sacerdotes que entregan su vida al servicio del Pueblo de Dios.

Al comenzar la Misa, el Card. Daniel Sturla tuvo un recuerdo especial para todos los sacerdotes y diáconos presentes. Destacó además el 50 aniversario de sacerdocio del P. Santiago Fernández, OP. Agregó que «en él, español de nacimiento, quiero saludar a todos nuestros hermanos sacerdotes, laicos, seminaristas, religiosos, religiosas, que vienen de otra tierra para sembrar el Evangelio entre nosotros. En la Iglesia de Dios no hay extranjeros. Hay hermanos que vienen de otros lugares y que cumplen su vocación misionera haciéndose uno con nosotros; todos camino hacia la patria definitiva, hacia el Cielo».

Después el Arzobispo habló sobre su vivencia como Pastor de la Iglesia de Montevideo. «Si tuviera que decir de estos años de obispo cuales son mis mayores alegrías, no dudo en decir los días de las ordenaciones», compartió. Y añadió su agradecimiento a Dios por hacerlo participe en «transmitir el don del ministerio y del sacerdocio, ser una herramienta para que el Señor, a través de mis manos, realice su obra de gracia y misericordia».

Más adelante, el Card. Daniel Sturla aseguró que «Toda la vida del obispo, del sacerdote, del diácono, tiene que ser eso: vivencia del Evangelio. Todos estos ritos, comenzando por el central de la ordenación, que es la imposición de manos, tienen el sentido de un cambio que toca al mismo ser de la persona, un cambio ontológico».

Aclaró el Arzobispo de Montevideo que «uno no se recibe de sacerdote, es ordenado sacerdote. No es un logro personal del final de una carrera, es un don. Y cuanto mayor es la conciencia del don más puede vivir el sacerdote el acto central de su vida de cada día; celebrar la Eucaristía. Todo en la vida del sacerdote de Cristo remite a la Eucaristía: ‘Hagan esto en memoria mía’. Nuestra vida es memoria viva de Cristo».

Continuando su alocución, el Card. Daniel Sturla rememoró su primer destino como sacerdote en «Talleres Don Bosco», donde fue enviado como encargado en el acompañamiento de 180 pupilos y 200 externos, un trabajo que ocupaba todo su día. Compartió con los presentes que «en ese tiempo, durante el trabajo, sentí que era como un pan al que se iban comiendo. Comiendo, tragando, escupiendo. Si soy yo que sabor más escaso y amargo que puede tener. Pero si yo me identifico con la Eucaristía que celebré esta mañana, si soy yo de verdad memoria viva de Cristo, les estoy entregando al Señor».

Reflexionó que la vida del sacerdote es «entregar a Cristo, dar a Cristo, respirar a Cristo, transpirar a Cristo. La Eucaristía no es una tarea más que el sacerdote realiza; es nuestra vida, nuestra identidad más profunda. Si esta entrega está unida a la Eucaristía nuestra vida se irá haciendo lo que está llamada a ser: memoria viva de Cristo».

Siguiendo la homilía, el Arzobispo de Montevideo aseguró que «Hoy también la Luz vence a las tinieblas, en la vida de entrega, en la misión compartida con los laicos, en la vida apostólica o en la oración callada. En la salud y en los hermanos que están enfermos en el hogar sacerdotal. Gozamos con la fe compartida con nuestros hermanos en la comunidad cristiana».

También el Card. Daniel Sturla quiso hacer referencia al Evangelio leído minutos antes en el que Jesús decía: «Hoy se cumple esta Palabra que acabamos de escuchar». Y luego Jesús leía el pasaje del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros; a proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; para consolar a los que están de duelo, para cambiar sus cenizas por una corona, para cambiar su ropa de luto por el óleo de la alegría y su abatimiento por un canto de alabanza».

El Arzobispo haciendo un paralelismo con la lectura del profeta dijo: «Queridos hermanos sacerdotes, cuántas veces hemos vendado corazones desgarrados, cuántas veces hemos consolado a los afligidos, cuántas veces hemos cambiado la ceniza del pecado por la corona de la gracia; cuántas veces transformamos el abatimiento de tantos jóvenes, que estaban de luto por la droga, el alcohol, el sinsentido de la vida, en óleo de alegría; cuántos agonizantes encontraron en nuestro servicio la esperanza de la vida nueva y eterna, que encontrarán tras cruzar el umbral de la muerte para unirse al canto de alabanza».

Mencionó, además, el Card. Daniel Sturla que en la primera lectura de la celebración se hablaba del día de la venganza de Dios. «Sí, queremos que el Señor tome su desquite. Pero el desquite de Dios no es la derrota humillante de sus enemigos, ni el éxito clamoroso de sus amigos; el desquite de Dios es el amor», mencionó.

Otro punto que tocó el Arzobispo de Montevideo fue la misión «Casa de Todos», que desde la próxima Pascua comenzará en nuestra ciudad. Describió la inciativa como «una renovada acción evangelizadora», y preguntó «¿no podrá ser que aquí, entre nosotros, una Iglesia pobre y libre, pequeña y hermosa, demuestre la vitalidad siempre nueva del Evangelio con mayor santidad de vida?».

Aseguró estar convencido que «hoy tenemos que jugar en todas las canchas, parroquias, colegios, movimientos, en la comunicación, en la educación, en la salud, en las cárceles, en el carnaval, en todas partes, porque nuestros hermanos tienen el derecho de conocer a Cristo».

Sobre el final de la Misa llamó a poner «la vida de cada uno, la vida de la Iglesia y de la misión «Casa de Todos» en las manos de María».

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.