Los violentos se impusieron y Conmebol tardó un siglo en suspender el River-Boca en el MonumentalEl caos reinante obligó a que la final de la Libertadores se mudara para esta tarde

La violencia ganó por goleada en Buenos Aires, que fue testigo de la postergación de la esperada definición de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate.

El detonante de la suspensión del clásico fue la agresión que sufrió el ómnibus que trasladaba a los «xeneizes» cuando estos llegaban al Monumental, pero ese terminó siendo solamente uno de los múltiples hechos lamentables que se produjeron, que tuvieron un saldo de más de 30 detenidos.

Hubo diversos enfrentamientos entre hinchas «millonarios» con la policía (antes y después de la suspensión), disturbios en varios lugares de Buenos Aires y muchos robos, entre los que se cuentan los sufridos por los hinchas que denunciaron haber sido atacados por otros parciales de River para quitarles los talones de sus entradas, que servirán para volver a entrar al estadio.

Finalmente, y tras un acuerdo alcanzado por las tres partes (Boca, River y Conmebol), el partido se jugará hoy a las 17.00 horas, cuando el uruguayo Andrés Cunha dará inicio al esperado encuentro.

Una llegada accidentada

Los primeros incidentes se produjeron en las afueras del Monumental, cuando la policía reprimió a las personas que trataban de entrar al escenario por la fuerza o con entradas falsas. Esta escena se produjo varias veces antes de la comentada llegada del ómnibus de Boca.

Demostrando que el dispositivo de seguridad estuvo pobremente realizado, el autobús que trasladaba a los jugadores «xeneizes» transitó el último tramo hacia el escenario con cientos de hinchas de River a unos pocos metros de distancia. La presencia policial era demasiado poca como para impedir que se acercaran, cosa que lógicamente debió ser prevista con antelación.

En las últimas cuadras que separaban al plantel del estadio, comenzaron a llover piedras y botellas contra las ventanas del ómnibus. Casi ninguna terminó intacta.

Ante esta postal, la policía decidió arrojar gases lacrimógenos que, por proximidad, afectaron tanto a los violentos como a los jugadores de Boca. Estos llegaron al vestuario dando claras muestras de malestar, con lágrimas en los ojos por culpa del gas algunos, con cortes por los vidrios otros, y todos vociferando quejas.

«Nos tiraron de todo, son unos hijos de p…», alcanzaron a declarar algunos futbolistas.

La insensatez de Conmebol

El estado en que estaban los jugadores de Boca parecían anunciar que no estarían en condiciones de jugar normalmente el partido previsto para las 17.15 horas. Primero, Conmebol decidió correr el inicio del encuentro para las seis, dándoles así un mayor margen de tiempo de recuperación a los jugadores.

Pero las noticias del vestuario de Boca no eran alentadoras. Pablo Pérez, capitán del equipo, tenía un corte en el brazo, y algunas astillas de los vidrios rotos le habían entrado en los ojos. Muchos de sus compañeros la estaban pasando igual de mal, por culpa de los mareos y otras dolencias.

Esto hizo que un equipo médico de Conmebol fuera al vestuario, a constatar la gravedad del asunto y evaluar si el partido se debía suspender o no. En el informe, la sanidad del ente escribió que «jugadores de Boca sufrieron lesiones de piel superficiales en miembro superior, miembro inferior, facial y tronco, del mismo modo 2 jugadores refirieron lesiones en la córnea, la cual no se pudo confirmar por nuestro cuerpo médico».

Por tanto, según Conmebol, no había razones médicas para suspender el partido. Lógicamente, Boca no estuvo de acuerdo, y mandó a Pérez a realizarse estudios en una clínica cercana, que confirmó que el jugador padeció una úlcera en la córnea.

Mientras esto pasaba, el ente anunciaba que, finalmente, el partido se jugaría 19.15. Un ratito antes, dos pilares del plantel de Boca, Fernando Gago y Carlos Tévez, salieron a quejarse de lo que pasaba.

«Hasta hace poquito, a muchos compañeros les costaba respirar. A otros les bajó la presión. Es claro que no están dadas las condiciones para jugar. Hace horas estamos acá adentro. Esta no es la manera de preparar una final de este calibre», dijo Gago.

«Yo estaba vomitando y me dolía la garganta. Recién ahora se me está yendo el dolor de cabeza. Son cosas que no deberían pasar antes de un encuentro. Nos están obligando a jugar un partido en que tres compañeros no están en condiciones físicamente. No se puede creer lo que está pasando», comentó Tévez.

Al fin, la suspensión

Con los resultados de los estudios realizados a los jugadores lesionados, Boca pidió otra reunión (la primera se había producido tras el incidente inicial) con el presidente de River y las autoridades de Conmebol.

Mientras tanto, los incidentes seguían en las afueras del Monumental. «Batalla campal en el Monumental: piedras, balas de goma y gases lacrimógenos», anunciaban los noticieros argentinos, mostrando las imágenes de los enfrentamientos entre los hinchas de River y la policía.

Un rato después, y tras una extensa charla, a la que en un momento se unió Gianni Infantino, presidente de FIFA, se decidió que, finalmente, el partido sería postergado para la tarde del domingo.

«No estábamos en condiciones físicas ni sicológicas para jugar este partido. Nos esforzamos todo el año para llegar a este momento, y no podemos, teniendo varios lesionados, jugadores a los que le faltaba el aire, que estaban golpeados, jugar el encuentro», dijo Daniel Angelici, presidente de Boca.

«Si realmente los jugadores de Boca no estaban en condiciones para jugar, sobre todo desde el punto de vista sicológico, porque en lo físico los médicos de Conmebol decían que estaban bien, creíamos convenientes respaldar la decisión de Boca. Queremos jugar de igual a igual, sin que haya ventajas de ningún tipo. River firmó con Boca una nota en que nos pusimos de acuerdo a que el partido se juegue mañana las 17.00 horas», comentó Rodolfo D’Onofrio, mandamás «millonario».

El partido quedó reprogramado, pero los líos continuaron durante un buen rato. A los actos de violencia fuera del estadio se sumaron los robos que fueron denunciados por los hinchas de River, que acusaban a otros parciales del club de robarles, o intentarlo, el talón de la entrada que es indispensable para entrar mañana a la cancha.

Lentamente, los líos fueron apagándose. Con la experiencia vivida ayer, seguramente las autoridades pongan atención en alterar un operativo de seguridad que, a vista de todos, fue pésimo. Los dedos de todos se cruzan para que las cosas sean diferentes esta tarde en Buenos Aires.

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