#OpiniónEl beso de Judas

En la coalición de gobierno no la tienen del todo clara y menos fácil, la pandemia del Covid-19 fue una piedra que ninguno esperaba a pesar de contar con el hándicap de tener el partido con resultados vistos a estar con lo que sufrió el continente asiático primero y el europeo después.

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Ese estado de situación fue un insumo principal que permitió la toma de decisiones en tiempos por demás útiles y acertados, más allá de las dudas que siguen generando la cantidad de tests de diagnósticos. Esos que no logran estabilizar una cifra lo suficientemente alta como para aportar tranquilidad en la proyección del avance del virus entre la población.

Pero, si algo empieza a generar ruido, es la velada relación de competencia y/o infidelidad que empieza a filtrarse entre sus miembros. Algo que dejó su peor muestra en el episodio del Greg Mortimer, donde la ansiedad por dar una primicia significó una puñalada traicionera contra el principal gestor de la solución para los confinados en dicho crucero. El beso de Judas dijo presente y dejó una herida que durará mucho tiempo en sanar, si es que sana algún día…

Entre cadenas y cadenazos

El ministro de Defensa salió a justificar la negativa dada a la solicitud de la cadena nacional para Familiares de Detenidos Desaparecidos (otra más), aduciendo una forma anacrónica de comunicación con la que podemos estar de acuerdo más allá de la sensibilidad que merece la solicitud.

Claro que debió considerar -en tal sentido- que los contenidos a difundirse en una cadena nacional en pleno Siglo XXI son notoriamente diferentes a los anodinos discursos de antaño con imágenes fijas que justificarían el concepto del ministro.

Sin embargo, y tomando en cuenta ese diferencial, la nueva negativa viene cargada de una falta de sensibilidad que supera ampliamente la anterior; la causa de Familiares sobrepasa intereses partidarios y no tendría riesgo para el novel gobierno, en tanto recién inicia y aún cuenta (o contaba) con el crédito suficiente para encarar el tema de saber el destino de nuestros desaparecidos.

Pero si de cadena hablamos, la coalición se maneja con cadenazos entre los miembros de su gabinete a estar por lo acontecido con el episodio del crucero Greg Mortimer y según lo consignara el periodista Gabriel Pereyra en Informativo Sarandí, este lunes 11 de mayo.

Sabido es el drama que están padeciendo los tripulantes del citado crucero fondeado a unos 20 km de la costa uruguaya, que finalmente tuvo su resolución definitiva este martes 12 de mayo cuando se permitió el descenso de todos los tripulantes para su confinamiento y recuperación ante el cuadro de Covid-19 que tienen muchos de ellos.

Un caso emblemático que habla de la solidaridad oriental ante la cerrada negativa del gobierno español de permitir el retorno al puerto de partida de la embarcación y de la propia empresa comercial dueña del mismo, que tampoco resolvió el tema.

Uruguay se vio así en medio de una situación que lo comprometía con su población -que se vería sometida a un riesgo de contagio no provocado por su gente- y con el resto del mundo en tanto negarse a dar acogida a los infectados lo sometería a una suerte de indiferencia brutalmente deshumanizada, ajena a la rica tradición uruguaya de solidaridad y ayuda en casos de emergencia.

Por ello, es que más allá de toda diferencia ideológica, no se puede más que estar del lado del canciller Talvi y su forma de resolver el caso del Greg Mortimer en audiencia con el presidente Lacalle Pou, dando finalmente auxilio y solución al caso más comprometido que debimos sufrir durante la pandemia hasta el presente.

El caso fue que con la autorización para desembarcar toda la tripulación, hubo un Judas en medio del asunto que -ávido por obtener el beneplácito colectivo de una buena noticia- adelantó la misma por una cuenta de una red social que no pertenecía a RREE sino a Defensa (cuenta de la Armada Nacional).

Lo único bueno a destacar en el caso es que -al menos- no fue desde una cuenta personal que se hizo el anuncio, pero sí que fue una puñalada en la espalda para el gestor de la solución que debió anunciar por su cartera (o por su cuenta personal como acostumbra) la solución de un caso que habla de la solidaridad de nuestro pueblo.

Seguramente la herida todavía sangra y dejará una marca difícil de cerrarse entre miembros del gabinete que empiezan a mostrar un nivel de competencia mediática que es preocupante, porque a la larga esas diferencias dejan consecuencias.

Que el canciller debió ser el vocero no me queda ninguna duda, él lideró una Operación Retorno de uruguayos que permitió el regreso de miles de orientales que habían quedado varados por el mundo y ello hay que reconocerlo.

Asimismo, en el caso concreto del Greg Mortimer a nadie cabe duda alguna que por más que se trate de un barco y que esté en jurisdicción de la Armada Nacional (Ministerio de Defensa), la gestión de su solución final fue toda del ministro Talvi y por respeto a su gestión debió permitirse que el anuncio lo hiciera quien lo gestó.

El Gabinete de la coalición multicolor se parece a una suerte de apostolado que acompaña al «Mesías presidente» en cada conferencia de prensa y así como esta vez el beso de Judas no alcanzó al mismo, el golpe fue a otro «apóstol» que hace parte de esa alianza necesaria, llamada «coalición multicolor».

Cualquier fisura o quiebre en esa alianza lleva a correr el riesgo de que la «cena» sea efectivamente la «última» y el objetivo de Judas se concrete antes de lo que ellos mismos pensaban…

el hombre leía una noticia,
el perro ladraba una traición…

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