El balance no sabe lo que pasa

Pasó ya un año desde que asumió el gobierno de coalición y el pasado 2 de marzo, el Presidente Lacalle Pou compareció ante la Asamblea General. Con un tono bastante mesurado brindó un relato de lo que ha venido sucediendo. Relato en el que algunas cosas quedaron olvidadas como el aumento de impuestos y tarifas y el crecimiento de la pobreza. Hizo también una interpretación de otros hechos sustanciales: caída de los salarios e ingresos de las familias. Así como también pasó por un lado el hecho de que, en un año de gobierno de la coalición, se perdieron más puestos de trabajo que en los cinco últimos años de gobierno frenteamplista.

Uno puede preguntarse si pasó por el costado del empleo, la pobreza, el ingreso de los hogares y el aumento de precios, porque son los temas en que, según la última encuesta de FACTUM, la desaprobación de la gente está por arriba de la aprobación al gobierno.

Es oportuno recordar, que antes de la comparecencia ante la Asamblea General, el gobierno hizo circular un material escrito, de más 800 páginas, donde el tono no es tan mesurado. Allí se trata de explicar las dificultades del nuevo gobierno por dos hechos que no son de su responsabilidad: la “herencia maldita” que le dejó el FA y la pandemia que llegó al Uruguay dos semanas después de su asunción. Si bien en su comparecencia aclaró “ya no hay más tiempo para excusas, aunque puedan ser válidas” puede parecer que las excusas vinieron de antemano.

En estos días se han dicho y se seguirán diciendo muchas cosas al respecto. Se han hecho balances y contrabalances. El FA se ha expresado en profundidad sobre el tema y yo no voy a caer en lo mismo.

Sin embargo, voy a recordar que durante la campaña electoral anunciaron que iban a hacer, con o sin pandemia, lo que hicieron. Todos recordarán, que se insistió largamente con la necesidad de bajar el gasto salarial y el gasto social. Isaac Alfie, actual director de OPP, afirmó rotundamente que había que congelar los salarios durante dos años. Claro que ni él mismo se creía lo que estaba proponiendo: solo se trataba de apuntar bien lejos para que sus intenciones reales cayeran a medio camino y produjera una rebaja importante, pero no tal de la magnitud que se había anunciado.

Cuando se decía que “se terminó el recreo” no se referían solamente a la seguridad pública, también se refería a bajar el gasto en salud y en educación. El propio Ministro de Educación y Cultura dice ahora que “se terminó la fiesta”, porque se afirmaba, y se afirma, que la buena gestión no va de la mano del gasto. Y eso es cierto. Pero también es cierto que si se baja la inversión en dos temas tan sensibles como a los que nos referimos, lo único que se puede asegurar es que más allá de que exista una excelente gestión, no va a alcanzar para darle soluciones reales a los que viven de su trabajo y mandan a sus hijos al sistema de salud y educación pública.

Para recapitular, quienes prometieron bajar el gasto social, los salarios, la inversión en salud y en educación, lo cumplieron. Lo bajaron todo, incluido el sistema de Investigación que habían prometido aumentar. Quizá a la hora de hacer opciones, de elegir partidos y candidatos, no se haya leído detenidamente la letra chica. La letra con la que nos hacen asumir los mayores riesgos y los mayores compromisos al firmar un contrato o elegir gobernantes. Pero hay que reconocer que en los temas mencionados el anuncio estaba. Lo dijeron y están cumpliendo, sin anestesia y sin miramientos. Los más sumergidos son los que pagan el costo de los ajustes, como en todos los gobiernos neoliberales.

Lo que no estaba en la letra chica, y en los letreros luminosos que encendieron a todo color decía exactamente lo contrario: en cada acto, en cada spot publicitario dijeron, escribieron y repitieron que no iban a subir los impuestos ni a subir las tarifas públicas. Es más, acusaron al gobierno del FA de subirlas innecesariamente siempre por arriba de la inflación. Cosa que no pasó. Las tarifas no se van a usar con fines recaudatorios, como hizo el FA, dijo con verba encendida el actual presidente en cuanto acto electoral supo hablar.

El COVID-19 llegó al Uruguay el 13 de marzo. Dos días antes el nuevo gobierno subió las tarifas públicas por encima de la inflación. Antes de cumplir dos semanas de gobierno incumplió con una de las más claras promesas electorales y allí la pandemia y sus consecuencias no eran excusa viable.

Prometieron construir 50 mil nuevas viviendas, prometieron también nuevas políticas en el rubro. Esto se transformó en una afirmación que se había hecho ya no como promesa, no como algo que se obligaba a cumplir, sino sólo como un ejemplo de lo que quizá, en una de esas, habría que hacer.

Nada de esto apareció en el balance. La agencia de propaganda no considero necesario o conveniente incluirlo. ¿Para qué recordarle las malas noticias a la gente?

Pero claro, hay un gran problema: me estoy olvidando de la pandemia, y corro el riesgo de que me digan que me estoy aprovechando de la desgracia ajena para traer agua a mi molino.

Sin embargo, no me estoy olvidando del coronavirus. ¿Cómo hacerlo, si a cada paso nos están recordando que los salarios bajaron por el COVID-19, el gasto social, igual que el empleo, bajó por obra y gracia del contagio social, así como el gasto en Salud, Educación y Vivienda cayó por la maldita pandemia que nos afecta a todos los uruguayos?

No lo olvido. Pero me resulta altamente sospechoso que todo lo que prometieron que iban a hacer si ganaban el gobierno, está efectivamente pasando ahora. Según dicen no por obra suya sino como producto de la pandemia que los obligó a hacer lo que hacen.

La pandemia es el mayor drama que estamos viviendo los uruguayos. Existe. Nos golpea y nos obliga. También obliga al gobierno. Pero no puede transformarse en el gran pretexto para no asumir que en lo económico y social se está aplicando la receta que se prometió para abatir el déficit fiscal. La gran preocupación del actual gobierno en la campaña electoral que nos lleva inexorablemente a aumentar día a día el déficit social.

Que solo haya estado en el balance en términos de porcentajes, pero no en términos del gran drama humano que significa. Quizá también esté hablando del enfoque extremadamente limitado con que se lo encaró y nos esté mostrando lo lejos que estamos de encontrar soluciones.

3 Comentarios
  1. jose luis dice
    lo que opinas al principio lo queres arreglar al final por que no invertis los mismos careta todos los comunistas son lo mismo copara cuba y venezuela y te vas a ellos. jose luis cattaneo
  2. Toto dice
    Tienen qué entender, qué la gente se «hartó» de vuestro relato. Les queda La Montevideo , Carolina se va encargar, qué pierdan la IMM en la próxima. Joden con las 50000 viviendas un año de Gobierno, se robaron o despilfarraron todo, de mala leche no aumentaron tarifas públicas el 1 de Enero, como lo habían hecho todos los años…prácticamente obligaron a tomar esa decisión al Gobierno entrante; ahora el Viejo Mujica , fantasmeando con la crisis del 2002, son vuestros pobres, son vuestros trabajadores informales; saben,ligaron mal, por la pandemia, se descubrió todas la cosas mal hechas antes de tiempo.- No más FA.-
  3. PAPÁ dice
    SR PERIODISTA. UD PIENSA VERDADERAMENTE QUE OLVIDÓ? COMO SE LE OCURRE QUE PUDE HABLAR SOBRE ESOS TEMAS QUE LO ESTÁN ENTERRADO PASO A PASO? HUMO HUMO HUMO!!

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